Convivir en familia
El papel de los padres de familia resulta crucial para garantizar una vida más enriquecedora y formadora para los hijos. No es necesario que se sufra la pérdida de un ser querido, para reflexionar acerca de la importancia que se tiene frente al ejemplo y educación que se brinda, o el tipo de familia que se está construyendo.
Cada padre debe hacer lo que sea necesario para involucrarse más en la vida de sus hijos, dejar de ser sólo un proveedor, caminar más a su lado, acompañándolos, guiándolos, educándolos, disciplinándolos, fomentando en ellos a través del ejemplo y una buena comunicación, valores que les permitan caminar por el sendero de la verdad, respetándose a sí mismos y a los demás e instar a los hijos a ser personas responsables, para que sus actos reflejen el amor que por ellos sienten.
Los padres de familia tenemos una gran responsabilidad ante la sociedad, frente a la influencia que ejercemos sobre nuestros hijos. No podemos darnos el lujo de dormidos frente al timón y dejar a la deriva ese barco llamado Familia que como capitanes tenemos el deber de guiar y sacar adelante. No podemos esperar a despertar y darnos cuenta que los trabajos, los bienes materiales, los lujos o los hobbies, no tienen la misma importancia que tiene la familia, ni la vida de nuestros hijos.
Basta tan sólo unos minutos para acabar nuestros sueños, para ver truncado el proyecto de vida que hemos establecido; vivir tan sólo para nosotros mismos, para complacer a los demás, para crear un mundo irreal de riquezas, apariencias o lujos, nos impide tener la oportunidad de dejar un legado sagrado a las nuevas generaciones y hacer de nuestra existencia, algo más positivo y enriquecedor.
LOS RETOS
Poner todo nuestro empeño en hacer las cosas como deben ser, de la manera correcta, del modo indicado y en el tiempo establecido, nos permite asumir con entereza, valentía y alegría, la tarea de proveer y proteger a nuestra familia, a romper las cadenas de esquemas destructivos y malsanos, que nos han atado a los abusos, a los maltratos, el desamor o la negligencia.
Aceptar esta responsabilidad es un privilegio de vida; procurar un ambiente donde los miembros de la familia puedan desplegar plenamente su personalidad sin temor a ser rechazados; promover al interior de la misma el respeto a la vida y dignidad humana, edifica y construye personalidades sanas, convierte al amor en algo más que un sentimiento porque se establece de manera permanente; permite a la familia cumplir con su misión de formar, educar y orientar personas que como miembros de una sociedad ejercerán una gran influencia en la comunidad donde se hallen inmersos, donde se proyectarán en las diferentes esferas del desarrollo humano, haciendo de ellos unos ciudadanos útiles en el lugar donde estén.
Procurar una buena comunicación al interior de la familia, cambiar esquemas mentales arraigados en el machismo, el abuso del poder, el maltrato a los hijos, el uso de la violencia para solucionar los conflictos o el silencio como forma de evadir los problemas, nos convierte en ejemplos de responsabilidad, superación y valentía al querer hacer siempre lo mejor, superando nuestras debilidades o defectos.
Procurar un ambiente familiar donde se cambie una cena frente al televisor por una cena compartida en familia, escuchando las experiencias vividas en el día; cambiar los videojuegos por juegos de mesa, que permitan la participación e integración de todos los miembros de la familia; cambiar las Redes Sociales por leer un libro en familia o un cuento al momento de dormir; cambiar un festivo de películas por una tarde en el parque, una noche en la ciclo vía o un paseo a rio; comenzar cada día con buenos deseos, un abrazo o un beso sincero; compartir juntos más de una vez a la semana y comprender que no todos tienen que pensar o actuar como nosotros, nos permitirá establecer un mejor estilo de vida con la familia.
De igual manera practicar los buenos modales en casa, ser cortés a la hora de solicitar algo; sacar el lado positivo de la cosas sin dejarse atrapar por el negativismo o caer en la desesperanza; conocer los sueños, los temores y las metas de los hijos; tener un detalle sin que exista una fecha especial de celebración, más que el deseo de hacer sentir al otro mejor y alegrar su día; alentar en momentos de fracaso, de duda, temor, tristeza o inseguridad; recibir al cónyuge o los hijos con alegría cuando llegan a casa u ofrecer excusas cuando nos hemos equivocado, demuestra nuestro interés en el otro, nuestra sensibilidad ante las necesidades de los demás y en definitiva, todo el amor que por nuestra familia sentimos y el deseo de hacer de ella siempre lo mejor.
Fuente: Psicóloga. Especialista en Psicología de la Salud.

