Tomás Lipán, lleva el paisaje en su nombre
El popular cantante es, sin dudas, uno de los principales referentes musicales de Jujuy en el país. Jujuy al Momento dialogó con él, de la vida, la música y la familia.
Nacido en Purmamarca hace más de sesenta años, este hombre sencillo, bajito, pero con un enorme caudal de voz es una de las principales figuras del folklore nacional. Alejado de los grandes medios y las luces que encandilan, lleva el canto de su Quebrada y Puna por todo el país.
¿Quien es Tomás Lipán?
Un hombre nacido en Chalala, Purmamarca. Mi verdadero apellido es Ríos y mis ancestros han vivido, han nacido y se han criado en Lipán, por eso el nombre artístico. Tomás Lipán es tal cual como ha nacido y criado en el lugar. Es un hombre, callado, triste, sumido. Le gusta la soledad. No es mediático. Hago un espectáculo y no voy a ningún canal de televisión ni pongo afiches en la calle. Soy así. Voy siempre a los espectáculos, desde Cosquín para abajo voy, canto y me vuelvo al hotel, a la casa, al hotel, al ómnibus o al avión.
¿Sos más amigo de la cosa pequeña, intimista, de la reunión simple?
Así es. No me gusta la grandiosidad. Que la grandiosidad la haga el espíritu, las ganas, la gente, el corazón, el sentimiento, el amor por las obras que canto. El respeto a todo el cancionero heredado, el respeto a los instrumentos. El respeto a un Sikus, un erque, un charango una caja y respetar a la copla. Creo que eso es en síntesis, Tomás Lipán.
¿A que le cantás?
A la tierra, al amor, a la vida, al sentimiento común natural de todos lo días de la gente, a los paisajes, a los lugares. Mis dos primeros discos se basaron en composiciones de mi hermano Domingo que ya murió, que le cantaba al cardón, a la coplera Barbarita Cruz, al Serafina Paredes, al curandero del pueblo, al Curcuncho Mercau, un personaje de Patacal… Tanto a los lugares como al paisaje. Me gusta cantar las obras profundas que hablan del amor y las cosas cotidianas de la vida, así como la copla misma nos habla de un amor, de un desamor, de una tristeza, de una alegría, de una soledad. Todo lo que le ocurre al hombre en el camino de la vida. Ese es el canto.
En general las temáticas a las que le canta el folklore se repiten de un lugar a otro. ¿Puede ser que el folklore de la Quebrada y Puna sea el que está más identificado con su lugar?
Yo creo que todos los rincones de la tierra tienen su riqueza folklórica, su riqueza musical, su identidad. Creo que la ventaja de la Quebrada, de la Puna es que han sido lugares menos invadidos por las conquistas a pesar de que decimos que han venido los españoles del Alto Perú a conquistar estas tierras. El lugareño se ha opuesto terminantemente con muchísimas batallas que no se conocen. Se sabe de la Batalla de Tucumán y de la de Salta y del Éxodo apenas se sabe. Hay un montón de batallas que se han librado en la Quebrada y la Puna.
En Córdoba por ejemplo hay tantos poetas que le cantan una zamba al pago, a sus vivencias, pero quizá estas canciones no se arraigan mucho porque hay una gran diversidad de cosas, como el cuarteto. Hay muchos inmigrantes.
En la quebrada somos todos del mismo color de piel, hay mayor pureza étnica. Yo me he criado sin radio, sin televisión, sin luz eléctrica, sin teléfono; con el boca a boca. La comunicación era así entre los padres, los abuelos, los amigos. Si había un acto como una siembra, venían todos y se le daba de comer a la tierra. Se sembraba, se colaboraba. Era trabajo comunitario. Después se cantaban coplas contentos, cantándole a la madre tierra para que de un lindo fruto de esa semilla que se puso. Después con el correr del tiempo ha llegado el armonio traído por los Jeuitas, el bandoneón, el acordeón y fueron reemplazando un poco nuestra quenita, nuestra caja. Pero bienvenido. Yo aprendí el bandoneón mirando. Todo eso hace que tenga más fuerza nuestro canto.
El carnavalito fue compuesto por alguien que no conocía Humahuaca, Edmudo Saldívar Hijo. Es un género que ha pegado mucho porque es parecido al huayno que viene de Perú, Ecuador, Bolivia y está enquistado en la Quebrada y la Puna. Pero de golpe aparece el carnavalito e identifica a Humahuaca. El mundo conoce esta parte de la Argentina por El Humahuaqueño, así como Argentina es conocida por Gardel, el tango, Maradona, Fangio…
¿Cómo es recibida la música de la región, en todo el país?
Últimamente es muy bien recibida. Tan es así que hasta el rock empieza a usar el sikus, la quena y hasta el charango. Todo es bueno cuando se hace con respeto. De la misma manera que un coya agarra una guitarra eléctrica y canta un rock. Lo importante es amar lo que se está haciendo. El arte es una cosa infinita que no tiene límites como para decir “esto no se hace”.
¿Hay recambio en la música regional?
Los recambios son obvios porque vienen nuevas generaciones. Lo que en un momento el abuelo sentía y cantaba no es lo mismo que siente y canta ahora el nieto. Tiene otro panorama, otros medios, La evolución de hombre hace que los medios que tiene un joven para interpretar, sean mucho más avanzados que un abuelo de hace 60 ú 80 años, que tenía una guitarrita con cuerdas viejas y apenas podía cantar. En cambio hoy tiene guitarras muy bien fabricadas, con afinadores electrónicos; se busca mucho la perfección. Tiene al alcance lo que quiere. Hoy prende su computadora y tiene todo. Antes había que usar mucho la oreja; escuchar una o dos veces una canción y aprenderla porque no tenía radio ni nada para escucharla. Había que tener mucha plata para tener un tocadiscos. Es otra época. Por eso creo que el cambio es a raíz de la evolución. Está bien que los jóvenes canten como lo sientan, pero siempre con respeto de su música, su estructura, su letra.
Estás entre Buenos Aires y Jujuy…
Estoy en Buenos Aires pero vengo siempre para no olvidarme de mi tierra que tanto quiero: Purmamarca. Allá me dedico a cantar. Yo no tengo casa. Mi único patrimonio es mi guitarra, mi caja, mi erquencho. Alquilo en Buenos Aires, alquilo acá en Jujuy. Hay algo de herencia de mis padres y abuelos pero no tengo tiempo para dedicarme y no ambiciono cosas materiales. La vida me ha dado muchísimo. No soy un hombre de plata ni de ambiciones materiales. Lo más lindo es el don que me ha dado Dios de cantar una copla, una canción, que eso perdura para siempre. Tengo once discos, muchos temas que van a perdurar y van a escuchar mis nietos y mis biznietos.
¿Cómo es tu familia?
Tengo mi mujer, dos hijos ya grandes. Nietos todavía no hay…
Proyectos…
Lo que el destino me vaya dando a cada paso. Hice un disco para el 23 de agosto que no tuve tiempo de presentar con 16 carnavalitos cantados como yo los he aprendido. Nunca he golpeado una puerta para cantar. Soy muy tímido. Mi único productor, mi representante, mi padrino, es mi teléfono. En octubre y en noviembre tengo el Teatro Carela de Buenos Aires, en calle Bartolomé Mitre. Todos los sábados de octubre canto con un espectáculo que se llama “Retumbo”. Este año va ser en homenaje al Bicentenario del Éxodo Jujeño y en noviembre voy a estar vienes y sábado.
¿Qué fue aquella experiencia de ser actor…?
Nunca fui actor profesional. Fue una linda experiencia. Me llamó Miguel Ángel Pereyra para filmar la película “El destino”, sobre un libro de Héctor Tizón. Le dije “yo actuar no sé” y él me dijo “vos tenés que ser como sos” y fue una experiencia muy linda. Después me convocó Pablo Trapero para hacer la película “Nacido y criado” que se filmó en el sur, en 28 de noviembre, cerca de Río Turbio. Hacía de un empleado del aeropuerto; me decían “Cacique”. Me nominaron como actor revelación de ese año. “El destino” se filmó en Yavi, La Quiaca, Villazón y una parte en España. Yo hacía de un ciego, sabio artesanos.

