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¡Qué te vas a morir Chespirito! El Chavo del 8 nunca morirá

Nos vamos a quedar esperando a que salgas de nuevo de ese barril encantado.

Antes de ser futbolero, también fui niño, por eso es que conviví con la bonita vecindad del genial chavo del ocho. Por eso cuando difundieron que el Roberto Gómez Bolaños, había muerto, rápidamente la noticia quedaba difusa. Vaya a saber por qué motivos había salido a la intemperie, forzando algún recuerdo y empujando alguna lágrima.

Me gustaba todo de su arte, pero me llegó al espíritu cuando en las comedias aparecías con Quico imaginando su pelota cuadrada, o cuando pateabas con él, el esférico que superaba el tamaño de la oficial.

Entonces citabas nombres del fútbol mexicano, de porteros, de futbolistas ignotos para nuestro  balompié. Yo me acuerdo de Cuellar, aquel mediocampista que vino en el mundial 78. Pero nunca voy a olvidar, las cosas que hice siendo un niño, muchas cosas que urdí “sin querer queriendo” o cuando me defendía diciendo “es que no me tienen paciencia”.

Nunca podré olvidar, luego de los picados en los baldíos, la hora del té o del mate, con una tira de pan francés, volviendo de las tardes polvorientas, para ver tu serie histriónica, con tu inocencia de chavo, con el hilarante Quico, con el gruñón de Don Ramón, la picardía de la Chilindrina, los “ sopapos” de Doña Florinda y su romance con el profesor Girafales , el infortunio del señor Barriga, la bruja del 71, y todo ese conventillo que fue parte de nuestros atardeceres, antes que la noche nos invitara al sueño.

¡Que te vas a morir Chespirito!, si estarás en mi memoria siempre, con tus andanzas, tus travesuras, con el hambre tan parecido al que tuvimos casi todos.

Algo de “chavos” tuvimos todos, por nuestra soledad, la carencia de afecto, por nuestra candidez ante las simplezas de la vida.

Yo sé, no somos inmortales ni mucho menos héroes como el Chapulín Colorado, que defendía con su astucia, con la que nadie contaba.

No me digan nunca que se murió Chespirito, el Chavo del ocho”, porque esos son personajes que no tienen tiempo ni dimensión, ellos vinieron al mundo solo para hacernos reír y gozar de un tiempo en mi reminiscencia  tecnicolor.

Porque si tú te vas, quiero ser yo quien se pierda en ese barril encantado, quiero que me despierten del sueño profundo con un coscorrón en la cabeza,  antes que de veras, me agarre la “chiripiorca”.

No me digan que se murió Chespirito, porque mi infancia nunca morirá, mientras mi recuerdo me lleve a esos atardeceres, a la hora de la merienda, con mi madre invitándome mientras secaba mi sudor de futbolero, ¡a tomar el mate, que ya comienza el chavo!!

La vecindad, estaba en mi pantalla y mis ojos cerca de su alma. ¡Qué te vas a morir Chespirito! Si estás aquí, viviendo dentro de mi corazón…