La última lágrima… el blues se fue al cielo
“De un sueño profundo despertaste hoy, la última lágrima por tu cara rodó. Lo que no fue, ya nunca será, cierras tus heridas, deja de llorar“
La crónica sonará cruel, como el mismo “blues”, a los que los hombres melancólicos recurren, cuando de penar se trata, pateando las calles por la vida. Hoy no es un amanecer que nace como cualquier día, sino más bien, es un pesar que nubla los ojos, que anuda las gargantas y deja caer una incontenible lágrima, que se resiste a creer que la noticia tiene la certidumbre, como para dejar que pase la resignación que a esta hora se necesita y hasta se implora.
Pero es cierto, murió Adrián Otero a los cincuenta y tres años, como tantos otros genios y artistas que dejaron su vida en las rutas. Como si los caminos fueran sinónimo de destino, para apagar la luz, su voz inconfundible, el sentir de sus letras – y en algún rincón de su corazón – un pedacito de su grandiosa existencia, el fútbol, infaltable, necesario, para separar al músico de las marquesinas, del muchacho simple que abrazó una bandera de barrio.
Porque Vélez Sarfield fue su pasión de domingo. Por eso fue un “fortinero” de alma, que lo habrá sido de antes que el Velez del 69 (el de Marín, Gallo, Whebe, Willington y “Carlitos” Bianchi) Ese equipo que lo hizo más rabioso como hincha, mientras la música le andaba dando vuelta por la cabeza, aguardando por las musas que explotaron en Memphis, la blusera. “Abre tus ojos, que ya sale el sol, abre tu alma que ya llega el amor, un día cualquiera en algún lugar. Tendrás otra oportunidad. La gloria fue el beso de una falsa mujer. Quedaste en “off-side” y empezaste a perder. Y los amigos que la fama te dio, todo, todo, todo desapareció”.
Adrián Otero, que dicen los pragmáticos partió para no volver, no sólo observaba las curvas de la pelota “pintier” en alguna tarde del Fortín de Liniers. Supo rendirse ante la belleza de las mujeres de nuestro país, para definirlas como “la flor mas bella”, y sobre todo afirmando que ellas eran argentinas , que como ellas no hay…
Los noventa, volviendo al berretín del fútbol, habrán sido la época, indubitablemente, del apogeo más glorioso que su cuadro vivió. Adrián estuvo en cada tarde de los goles surrealistas de Chilavert siendo portero. Habrá gozado con la polenta del “Turu” Flores y las “toreadas” del turco Asad. Hasta le habría dedicado un “blues” al virrey “Carlitos” Bianchi, por tantas alegrías acopiadas. Por que Argentina, América y el mundo, en verdad les pertenecieron al gran pueblo “velezano”….
“Muy lentamente se desenredó la telaraña de tu canción. No sé si fue magia, canto de caracol, algo bueno para tu corazón. La gloria fue el beso de una falsa mujer. Quedaste en “off-side” y empezaste a perder. Y los amigos que la fama te dio, todo, todo, todo, desapareció “
Por eso, ahora que llega el momento del adiós, tus fans te pedirán el último blues que sugerirá tu partida. Nosotros los futboleros te seguiremos “chamuyando” de fútbol, de tu Velez Sarsfield amado. Con esa canción que amenizó estas letras, que te recordarán como al fortinero de alma que eras… Porque como decía cada fragmento de tu música, esta será “La última lágrima”.
¿O preferís que te cantemos a coro tu sublime “La bifurcada”? porque si la deletreo, tendré que admitir que…” si te vas, no, no, no, no me voy a matar”. Mejor no. Preferimos homenajearte amando la vida a pesar que nos quitó la tuya; la que quedó en una ruta argentina , como si la muerte haya sido la inspiración, para un nuevo “blues” que suene por siempre, perpetuo e infinito.
No faltará el domingo en tu honor una gran ovación de tu gloriosa hinchada de Vélez. A tu salud, una espumosa cerveza. En tu provecho, moscato, pizza y fainá...

