La Iglesia pidió declarar la emergencia social
Se suman voces en un mismo sentido: la declaración del estado de emergencia social en la provincia.
Esta vez fue la Iglesia la que reaccionó, a través del Obispo de la Diócesis de Jujuy, Monseñor César Daniel Fernández, quien aseguró que “hay que salvar a las familias y la vida de nuestra gente”.
Con ese trasfondo, el titular de la iglesia católica en Jujuy fue certero: “es necesario declarar la emergencia social para diseñar una ingeniería entre lo público y lo privado para plasmar las buenas intenciones en un plan inteligente”.
“Hay cosas que son de largo aliento, como la educación, la generación de trabajo, la posibilidad de inclusión de los adolescentes en programas que los ayuden a caminar hacia el futuro con esperanza, pero mientras tanto hay que hacer una red de contención”, dijo el Obispo.
En este sentido, dio un ejemplo de las medidas que se podrían ir aplicando desde el estado. “Un observatorio de las situaciones más difíciles que se puedan estar viviendo en los barrios, para hacer prevención”.
Allí Fernández coincidió con el diagnóstico que muchos observan: la pasividad del estado para detectar y prevenir las tragedias. “Seguramente no ha prestado atención el hospital cuando los chiquitos nacieron, no ha prestado atención la dirección de niñez cuando se van a vacunar, hay muchos indicadores que nos tendrían que poner a todos en alerta”, abundó.
La opinión de Monseñor Fernández se suma a la de al menos una decena de dirigentes barriales, legisladores de la oposición y trabajadores sociales que consideran que la situación en los sectores más débiles de la provincia es grave, y debe ser atendida con medidas extraordinarias.
“Que se abran protocolos cuando se detecten a las personas en problemas. Hay muchos involucrados de la sociedad civil que queremos trabajar por la familia, queremos cuidarla, y tenemos que poner lo nuestro”, indicó Fernández.
“En salud tenemos una sobrecarga de personal y déficit de atención. Ahí hay muchos que están cobrando y no trabajan”.
Sobre el diálogo con los funcionarios de gobierno. “No lo conversé formalmente, pero coincido con ministros y con el gobernador y siempre uno trata de acercar estas inquietudes, que también ellos la tienen”.
“Hace dos años que estamos trabajando a nivel pastoral. Nuestra gente ya nos venía diciendo que la familia está en problemas. Las causas son la violencia, las adicciones y la disolución del vínculo. Eso es un cóctel explosivo. Y cuando explota va la familia y la calle se sienten las repercusiones”.
“La iglesia lo conoce al problema por el oficio de estar todos los días en una comunidad. Es de sentido común. Hay que hacer algo”.