El primer tiempo tuvo de todo, menos esa cuota de fútbol que necesitaba un duelo de estas características con ribetes de clásico. Hubo incidentes entre facciones en el sector sur al comienzo del partido; el juez Carranza le pidió al responsable del operativo policial reforzar los controles por los proyectiles que volaban desde el sector norte. Luego, los enfrentamientos entre locales y visitantes con la malla olímpica de por medio y la policía siendo una simple espectadora, mientras en las tribunas del Lobo y el Albo se arrojaban de todo.
Pellerano sumó en su peor empate
El clásico no tuvo dueño aunque el lobo lo ganaba 2 a 0 con una vez más las genialidades de Molina, asistencia para Cosaro y gol de penal pero se le vino la noche y terminó 2 a 2. Un partido con incidentes y errores propios de un banco local que hace 4 juegos no gana. Hoy a pesar de todo consiguió por 3er. año consecutivo su pase al reducido.
El fútbol no tuvo padres, hubo una orfandad desde lo táctico y se peleó más de lo que se propuso. Se puede decir que el Gimnasia de Pellerano fue levemente superior, pero solo por la tenencia y posesión de la pelota y la sorpresiva llegada de Paradela, que la punteó y que el uno rival respondió de gran manera.
Poco se propuso y eso fue notorio; los del vasco Azconzábal tuvieron un cerebro futbolístico que fue Rojas y en Contín una referencia de área importante en los primeros minutos, pero cuando el local empezó a controlar esos ejes, el juego fue desapareciendo para transformarse en intermitencias que los jujeños lograron controlar.
Ese cierre de la primera mitad fue traumático: locales y visitantes se enfrentaban en ambos sectores con objetos que llovían desde ambas tribunas, por lo que el árbitro del juego decidió mandar a vestuarios a los 22 protagonistas.
El complemento no se guardó nada, emociones para ambas parcialidades, pasó de todo. Pellerano metió cambios mientras Álvarez cierra en la línea un cabezazo de Rojas, que saltaba solo en el área local. Pero la respuesta del Lobo fue letal: encontró otra vez en Molina su factor clave, el 10 empezó a apilar rivales y generó situaciones a favor de los de Pellerano. Tiro libre y el Oso le pone un centro a la cabeza del capitán que Cosaro cambió por gol, 1 a 0 para un estruendoso festejo.
Gimnasia era protagonista, ganaba el medio campo y Gallardo aportaba una explosión de tres cuartos de cancha hacia arriba, así llegó la jugada del penal. Nada para discutir, el juez marcó la pena máxima y Molina cambió por gol. Otra vez tarde redonda para el Oso, por el cual la tribuna preferencial se rindió en aplausos ante el mejor del equipo local.
El vasco Azconzábal tuvo una lectura de partido y ese 0-2 no decía mucho en ese cuerpo técnico; mandó a Montoya y Capano, y antes a Ivo Chávez, 3 jugadores determinantes en la visita.
Antes de la media hora de juego, el lateral izquierdo mete un centro a la cabeza de Rojas, que con 1.67 m de altura mete al Albo en partido 2 a 1 y se encendía el clásico en Jujuy.
Gimnasia, otra vez preso de las desatenciones defensivas, le dio espacios a un rival que se animó a exigirle con muy poco. Era más amor propio que fútbol, aunque un par de toques se pudieron ver en la visita.
A 5 minutos del final, un nuevo centro a la espalda del lateral derecho lobo lastimó el área local y la cabeza del central Guanini decretó el 2 a 2 final.
No hubo mucho más... El partido llegó a los 50 minutos y la sensación del hincha fue extraña: de la ilusión y algarabía a la desazón y esa amargura extrema, el fútbol lejano de esa primera rueda al desconcierto real de un equipo de casi medio tiempo. Pellerano tuvo, como otras tardes, una lectura errónea de esa victoria casi consumada y se quedó con esa sensación de las manos vacías. Aunque en este capítulo 33 del torneo aseguró su presencia en el reducido una vez más por 3. año consecutivo, quedó a 4 puntos del puntero.

