El costo de ordenar el desastre
Casi el 70% de los empleados públicos de la provincia se concentran en un área que se había convertido en un aguantadero de militantes políticos, que encontraban allí sus recompensas por su participación activa en las campañas proselitistas durante cada elección.
Los profesionales formados observaron durante años como eran relegados por punteros que se apropiaban de vastas áreas del ministerio.
En medio de este despropósito, la educación de miles de jóvenes se deterioró. La planificación y las estrategias para lograr un sistema educativo que forme a las personas para el progreso, fue suplantada por la urgencia de los políticos de turno.
Con la bomba de tiempo en sus manos, la nueva ministra, Isolda Calsina, paró la pelota y reveló un duro dato de la realidad: las escuelas y los institutos terciarios de la provincia no son otra cosa que una fábrica de desempleados.
Año tras año miles de alumnos ponen su esfuerzo intelectual y económico para formarse en carreras que no les sirven para nada.
En el medio, son miles los acostumbrados a vivir del viciado sistema. El reordenamiento da paso a protestas diarias en las distintas oficinas del ministerio, por parte quienes en definitiva también fueron víctimas del anterior sistema, que creó empleos artificiales que no se correspondía con las necesidades de la provincia.
La oferta de la educativa debe coincidir con las necesidades socioproductivas de Jujuy, aseguró Calsina. El nuevo Gobierno se propone un objetivo lógico: que lo que los chicos estudian luego les sirva para ganarse la vida.