Después de varios meses de gestión, la ministra de Educación no ha logrado convertirse en la interlocutora que los docentes esperaban ni en la funcionaria capaz de encauzar un conflicto que se agrava con el paso del tiempo. Por el contrario, su permanencia comienza a ser vista por amplios sectores como parte del problema y no de la solución.
Educación necesita un ministro, no cadetería ministerial
Hay momentos en los que un conflicto deja de ser exclusivamente un problema salarial para convertirse en una crisis de conducción política. Eso parece estar ocurriendo con la educación en Jujuy.
En política no alcanza con ocupar un cargo. La legitimidad se construye demostrando capacidad para escuchar, conducir, decidir y resolver. Cuando ninguna de esas condiciones logra instalarse en la percepción pública, la autoridad se debilita hasta el punto de perder influencia.
Sabiendo que esa influencia se disipa dramáticamente, la funcionaria negó que cobre un sueldo millonario y sostuvo que la información difundida sobre su salario no es correcta. Afirmó que no llegó al cargo para enriquecerse y recordó que cuenta con una trayectoria de 36 años en el sistema educativo. En rigor, el impacto de esa trayectoria no se ha reflejado en una gestión que muchos consideran deficiente.
Teseira afirmó que recorre permanentemente el territorio y que conoce la realidad educativa gracias a su experiencia. Sin embargo, esa trayectoria parece servir de poco cuando, según denuncian distintas comunidades educativas, la respuesta que reciben frente a los reclamos es siempre la misma: no hay plata. En esas condiciones, da casi lo mismo que viaje por la provincia o permanezca en su despacho.
Según Daniela Teseira, el Ministerio es de puertas abiertas. Sin embargo, para muchos docentes esas puertas permanecen cerradas cuando se trata de escuchar sus reclamos. Resulta difícil hablar de desarrollo educativo cuando miles de docentes aseguran que sus salarios no alcanzan para cubrir las necesidades básicas.
Lo cierto es que, pese a los reclamos, no aparecen señales políticas que indiquen un cambio de rumbo. La sensación predominante es la de una gestión sin impronta propia, que reacciona frente a los conflictos en lugar de anticiparse a ellos.
Luego del polémico decreto que otorgó mejoras salariales a cargos jerárquicos del Ministerio, con la anuencia de la ministra, algo pareció quebrarse definitivamente. Esa decisión complicó cualquier intento de recomponer el diálogo, más allá de las respuestas formales que puedan brindar los gremios para evitar una escalada del conflicto.
Sectores de ADEP ya piden la renuncia de Teseira porque dejaron de verla como una interlocutora válida. Y es difícil sostener una negociación cuando una de las partes considera que quien tiene enfrente ya no posee autoridad política para resolver el conflicto.
Por eso, cada vez son más los docentes que sostienen que la salida de la ministra podría convertirse en la llave para comenzar a descomprimir la crisis educativa.
El contexto exige mucho más que anuncios. Toda negociación necesita interlocutores con credibilidad, liderazgo y capacidad política. La educación necesita un ministro que conduzca, no una simple cadetería ministerial.
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