Luego de 15 años la Argentina salió oficialmente del default
Esta mañana el país y pagó 9.352 millones de dólares a casi la totalidad de los holdouts que se habían negado a ingresar a los canjes 2005 y 2010, y en cambio eligieron la vía del litigio para cobrar.
“Habiendo revisado cuidadosamente los escritos presentados por la Argentina, esta Corte encuentra que todas las condiciones precedentes han sido alcanzadas. Por eso, las medidas cautelares son levantadas en todos los casos”. Así, escuetamente, el juez Griesa puso punto final a la guerra judicial, de la que el mismo expresó que estaba "gratificado" por el fin de este pleito, a través del mediador Daniel Pollack.
Esta medida habilita al país poder pagarle a los bonistas del canje, sobre todo los internacionales, que desde hace casi dos años no ven un centavo de la Argentina, y acumularon para cobrar la friolera de 3000 millones de dólares.
Los holdouts eran un 7% de los 81.800 millones de dólares que habían entrado en default en el 2001. A partir de ahora, quedará sólo cerca del 1% de ese total, que tiene derecho en seguir batallando en la corte judicial hasta alcanzar un arreglo o bien plegarse al acuerdo que la Argentina ofreció el pasado 29 de febrero, y que permanecerá abierto.
Pero el porcentaje es ínfimo, y la determinación de la gestión de Mauricio Macri para pagarle a los acreedores fue reconocida por Griesa, quien por eso, y tras la certificación de los pagos ocurrida hoy, levantó la medida cautelar que se dictó desde julio de 2014, luego de que la Argentina perdió el juicio contra los fondos buitre con el reconocido fallo "pari passu".
Con tono irónico o con el tino de haber acertado una buena jugada mediatica, la publicación Time eligió la archienemigo del país, Paul Singer, para que hable sobre el presidente argentino Mauricio Macri, a quien definió como el "campéon de las reformas económicas", lo que opacó la noticia de que el presidente argentino se encuentra en el ranking de personas más influyentes de dicha publicación.
Paul Singer se dedica al negocio buitre desde fines los '70, cuando fundó Elliott, de la mano de su administrador actual, Jay Newman. Ambos muchachos embolsaron fortunas y se pasaron décadas especializándose en comprar deuda distress y de empresas y países en problemas, para cobrar por la vía del litigio, en un mundo que tiene un vacío internacional en materia de legislación de deuda soberana.
En su casi cuatro décadas de existencia, el fondo cosechó muchos enemigos; países emergentes y multilaterales, y expertos que dieron cuenta de la voracidad del mismo aprovechando los vacíos legales, que aún persisten, por el fuerte poder de lobby que ejercen estos fondos sobre quienes hacen las leyes en EEUU, el país madre de todas las emisiones emergentes.
El caso argentino fue emblemático por su magnitud, y transitó por distintas etapas: negociaciones feroces con bancos de inversión, dos canjes de deuda con quita, y litigios interminables, todo debido al vacío legal internacional.
En diciembre de 2011, un Griesa impotente desde el punto de vista legal en sentar a las partes a negociar dictó un fallo que para muchos expertos internacionales fue considerado discrecional y que sentaba serios precedentes sobre otros países con problemas de deuda. Se inició lo que se conoce como la saga "pari passu", lo que preocupó tanto a acreedores como a deudores de las finanzas mundiales. Sin embargo, Griesa logró pasar el filtro de la Corte Suprema estadounidense, y en junio de 2014 la Argentina perdió el juicio.
Fue por esta interpretación errónea de Griesa que organizaciones internacionales de mercados y de países como Naciones Unidas, se movilizaron para neutralizar el alcance de la medida dictada contra la Argentina.
Se crearon nuevos códigos entre acreedores y deudores, que los emitió la Asociación Internacional de Mercado de Capitales, quien definió expresamente el alcance de la c?ausula "pari passu", para que sea incluida en contratos a futuro, y para que no tenga lugar la interpresaci?on que dio Griesa con el país. En tanto que en Naciones Unidas, la Argentina obtuvo un logro diplomático al aprobarse nueve principios que guían las reestructuraciones de deuda de países.
Estos dos avances no servían para el caso argentino, y la Argentina estaba obligada a pagar con una sentencia que otorgaba ganancias de hasta 1.600 % para los litigantes.
La clausula Rufo, a través del cual Argentina no podía hacerle una mejor oferta a los holdouts que a otros acreedores, venció a fines del 2014.
A partir de allí, la Argentina debía afrontar las decisión de pagar, con un margen de negociación muy bajo, y fue algo que la administración de Cristina Kirchner no quiso hacer en el último año de su mandato. Algunos dicen que no pudo, pero no se vio un intento de juntar a la oposición para un acuerdo patriótico que sacara a la Argentina del default.
El pago de 9352 millones de dólares involucra un tercio de las reservas. Que el pago haya sido en efectivo agilizó el desenlace de las negociaciones y le permitió al país frenar las especulaciones de los negociadores buitres sobre los precios de los bonos.
Si esto fue caro o barato para la Argentina, en el transcurso de los próximos meses sabremos los beneficios que dará al país cerrar la página del default, en términos de inversiones y de costo de financiamiento. Pero lo que era seguro es que no acordar, hubiese sido mucho más caro. (Télam)
(*) Autora del libro "Los buitres de la deuda"