Qué hacés viejo…
Desde que te fuiste, te mandé a vos y también a mi madre ahora (hace poco partió para juntarse contigo en el cielo) la esquela sentimental, para que mis ruegos de paz y ganas de que estuvieras bien en el celestial reino de Dios, se cumplieran como lo prometió el Cristo Redentor.
¿Si te extraño?, ¡Claro!, ¿Cómo no te voy a extrañar? a pesar que te fuiste siendo yo muy chico y que te necesité en los momentos más difíciles de mi crecimiento. Pero siempre me aferro a mi memoria prodigiosa y recuerdo cuando me arrimaste mi primera pelota de goma marca “Pulpo”. ¡Si habré hecho destrozos en el patio de la vieja!, mientras intentaba hacerle confesar al esférico los secretos y los misterios – como dice la poesía – del “chanfle” y los efectos más alucinantes con las partes más recónditas de mis zapatillas futboleras.
Cuando iba a visitar a mis parientes y me llevabas en tu vieja bicicleta, me bajaba casi al vuelo, cuando los chicos de otros partes me reconocían para gritarme desde el potrero: ¡Partido!. Muchas veces me retabas porque ni siquiera saludaba a mis tías, por el entusiasmo desenfrenado de ir a jugar pronto con ellos. Si hasta un día me pusiste de penitencia, hasta que aprendí el solemne respeto a la familia, para luego sí rendirle culto a la amistad.
¿Qué te puedo contar, que vos no sepas en esta comunicación de espíritu y corazón entre nosotros? ¡Si vos en vida “junabas” todo y luego desde el cielo viste las cosas más esenciales mejor que yo!
Seguro que habrás pedido permiso de vez en cuando al “Barba”, para pegarte una vuelta por “La Tablada” y ver a los nuevos pibes que prometen en la cancha. Te habrás enterado del flamante cuadro “El chañi- La viña” y que los changos de Tilcara se sumaron con el Club Terry como para abrir un poco más el futbol que vos conociste.
Me acuerdo que me contabas que había un clásico de honor entre Gorriti y Cuyaya, o que General Belgrano tenía un gran arraigo como también Lavalle o Independiente. M e parece ver el pueblo de Talleres vistiendo de azul la tribuna de la calle Santibañez y la de Zapla, que con su futbol engalanaba las convocatorias mas bravas.
¿Viste como siguen llevando gente, Talleres, Zapla, Lavalle y Cuyaya ? pero Belgrano y todos los clubes demás, están tomando la identidad de sus barrios y – quién te dice – si en el futuro volvamos a gozar a cancha llena cada jornada.
Seguro que estuviste en el último “melodrama” que protagonizó Gimnasia y Esgrima, pero que afortunadamente terminó en fiesta por parte de esa dantesca cantidad de gente que vio al igual que vos, el milagro que Dios hizo en honor al sufrimiento pueblerino
Aquí andamos viejo… como vos me enseñaste, respirar futbol más allá de cualquier color, amando un juego que comenzó con la primera pelota que me regalaste, sentado a tu lado vibrando con los relatos de la radio, o concurriendo al estadio, luego de un asado cuyo sabor no es el mismo desde que vos y la vieja ya no están.
Hoy es el Día del Padre, por eso me gasto todo el crédito que Dios me regaló desde que me enseñó a rezar para comunicarme con los seres más queridos. Me hubiese gustado seguir acompañándote como en aquellas tardes a la cancha, cuando vos - eras tan caballero como los buenos tipos de antes – que te cuidabas para no soltar alguna palabrota sólo para darme el ejemplo a mí. Aunque igual, transcurrido el tiempo, aprendí todo el glosario de insultos de la “Real Academia Futbolera”.
No importa, estoy orgulloso de haber tenido un padre que me dio la calidez de tu ser mientras estuviste conmigo, después la “Universidad de Harvard” es decir la calle y la vida) me formó con algunos rasgos que a vos te distinguieron durante la vida. Simplemente ser buena gente, simple, respetuoso o irreverente si alguien hozara pisar el honor de nuestro apellido.
Como cada año en el que la música de Piero vuelve a escucharse diciendo “Es un buen tipo mi viejo… ahora ya camina lerdo, viejo, mi querido viejo”. Yo quiero que este domingo sea distinto, porque la melancolía menguó a medida que pasó el tiempo y hoy – como todos los días – me comunico por intermedio de líneas coloridas como un arco iris, para que me escuches en este día especial.
Me quedaría para siempre hablando en esta oración que me enseñaron de niño. Pero la vida sigue pasando y yo estoy en el transcurso inexorable del tiempo. Sé que algún día nos volveremos a ver porque es promesa del Señor. Decile a la vieja que cuando llegue ese día me prepare un jugoso y pulsudo guiso como nos gustaba a nosotros. A los dos los extraño, pero por otra parte, qué suerte que estén juntos allá en el firmamento…
Bueno viejo, tengo que cortar porque tus nietos me llaman para agasajarme como a todos los padres. Por eso, ¡Feliz Día Papá!, porque pensé que te habías ido cuando yo era niño, hasta que aprendí que nunca te fuiste de mi lado, ya que en los estudios y en mi trabajo habitual sentí tu tus palmadas.
Porque vos seguís con tu vida eterna como fue promesa de Dios y El no miente ¿eh?. Por algo es el padre de todos, como vos lo seguís siendo, a pesar de tu partida cuando te ganaste el cielo!
El Poeta del Futbol