¿Las cosas antes duraban más?
Cuantas veces hemos escuchado a nuestros abuelos decir, cuando algo recién comprado se nos rompe, “estas cosas nuevas no sirven, las cosas de antes las hacíamos mejor”. Resulta que la frase no tiene nada de mentira y aunque nos duela en el “orgullo de avanzada” que tenemos, debemos darles la razón (una vez más) a los mayores.
En la sociedad consumista en que vivimos el progreso es sostenido por una idea no del todo santa como la “Obsolescencia Programada”.
La obsolescencia programada, el motor secreto de la sociedad de consumo. Su fundamentación es “crecer por crecer; si la gente no compra la economía no va a crecer” es la excusa que ponen los economistas y empresarios.
Los diseñadores y esteticistas se escudan con “el deseo del consumidor es tener algo un poco mas nuevo siempre.”
La implementación de esta “modelo de producción” nace en los años 20 en estados unidos. Cuando los fabricantes de focos buscaban acortar la vida de los productos para vender más.
La fabricación de focos lumínicos fue la primera medida en el mundo de obsolescencia programada. Bajaron de 2500 a 1000 horas de autonomía.
En síntesis la obsolescencia programas o vida útil programada consiste en hacer los productos cada vez de menor calidad así se rompen mas rápido y el usuario se ve obligado a comprar otro nuevo. Las empresas producen artículos a los cuales es muy difícil reparar e inclusive es muy costoso conseguir los repuestos.
Desde su invención, los empresarios y economistas imponen a los ingenieros y desarrolladores crear objetos que tengan ya programada su durabilidad, acortando su vida útil, aduciendo que “si un producto que no se gasta es una catástrofe para los negocios”
La operación de “arruinar estos productos nuevos” tiene distintos matices que van desde la inclusión de pequeñas partes mecánicas defectuosas, minimizar la calidad de los materiales o incluir microchips que calculan cuanto debe durar cada instrumento.
Producción en masa y sociedad de consumo conforman un paraíso para este modelo de producción, sin embargo las consecuencias de este despilfarro son la contaminación y la utilización total de nuestros recursos naturales.
La facilidad que nos da el “progreso económico” de comprar, usar, tirar, y volver a comprar va a producir daños irreparables en el medio ambiente.
Con la recesión económica de 1929 en Wall Street , el economista Bernard London sugirió hacer obligatoria la obsolescencia programada para salir de la crisis. De esta manera, explicaba London, siempre habría mercado para nuevos productos y mano de obra para nuevos inventos.
La economía se aceleró, hoy se compra por diversión, por placer. A los consumidores ya no se los obliga a comprar, se los seduce. El marketing y la publicidad son ahora el combustible de este motor que se ha denominado “Obsolescencia Percibida”. Esta a diferencia de la otra que obliga a comprar otro producto por que el viejo ya no funciona, se focaliza en la novedad y la moda para convencer al usuario a adquirir la nueva invención. Aunque en muchos casos de nuevo no tiene nada “novedoso” y el producto viejo siga funcionando con total normalidad.
Éticamente es un tiempo difícil para los ingenieros que buscan crear cosas duraderas, pero la idea dominante del progreso los obligaba a construir cosas que tengan un vida no muy larga. Se los invita a hacer productos tan desechables como se puedan.
Este es el enfoque norteamericano, que crea un consumidor insatisfecho con el producto, para que lo venda de segunda mano y compre uno nuevo.
Diseño y marketing seducen al consumido para que desee siempre el último modelo
El estilo de vida americano de los años 50 sentó las bases del consumo actual. “Sin la obsolescencia programada las grandes cadenas de negocios, shoppings, mercados, galería, no existirían; todos los trabajos desaparecerían.” sostienen los defensores del progreso.
Contrariamente, el enfoque europeo busca hacer productos de la mejor manera posible y más duraderos. Aunque parezca mentira, la obsolescencia programada se enseña en las escuelas de diseño e ingeniería. “Ciclo de vida del producto” lo llaman.
John Thackara, especialista en economía mundial, explica en un documental llamado “Comprar- Tirar- Comprar” de la televisión española, que este modelo necesita de tres instrumentos básicos para existir: la publicidad, la obsolescencia programada y el crédito. Y agrega: “Pedimos créditos para cosas que no necesitamos. Cada vez dependemos más de objetos para nuestra identidad o levantar nuestro autoestima”.
El crecimiento ilimitado no es compatible con un planeta con recursos limitados
Todo está pensado para que las cosas duren menos o tengan una vida exacta predestinada desde su fabricación. Impresoras que imprimen una cierta cantidad de hojas y después no sirve, ropa que se rompe a los días de usarla, baterías de teléfonos que no se pueden cambiar, etc.
En la era la Internet los consumidores se revelan y luchan contra la obsolescencia programada. Por ejemplo en el juicio que miles de consumidores llevaron contra Apple, por haberse descubierto que la firma de la manzanita fabricaba la batería de sus reproductores de audio con órdenes precisas de que dure lo menos posible
Después de un juicio Apple cedió, reformulo sus garantías y acepto recambios de sus productos.
Una enemiga que acecha: la Contaminacion
Los problemas de la obsolescencia programada son los altos desechos no reciclables que produce. La gran cantidad de residuos y de contaminación que se envían países del tercer mundo, como productos de segunda categoría, provocan daños catastróficos en la naturaleza.
Este modelo de negocio es malo para el ser humano y el medio ambiente. El crecimiento ilimitado no es compatible con un planeta con recursos limitados.
Sin embargo algunos analista económicos proponen que la industria reformule su modelo y anuncian que progreso y sostenibilidad pueden caminar juntos.
Para esto la industria deberá imitar el ciclo de la naturaleza en donde los desechos de los productos, no son “desechos contaminantes” sino nutrientes que alimentan a los nuevos productos. Es una revolución, ya no industrial, sino cultural.