Francisco se convirtió en el líder positivo más influyente en su primer año de papado
Con un estilo austero y cercano a la gente, el papa Francisco cumple su primer año de pontificado, habiendo alcanzado niveles de popularidad inéditos, gracias a su personalidad carismática.
(Télam)
Su insistencia por colocar a los pobres en el centro de su mensaje, una gran capacidad de comunicación y la necesidad de la humanidad por encontrar referentes de esperanza lo han convertido en el líder positivo más influyente de la actualidad, según distintos analistas, religiosos y allegados a Jorge Bergoglio consultados por Télam.
"Ha sido un año de extraordinarias novedades para la Iglesia y también para el mundo. Francisco logró concitar con sus gestos y sus palabras acontecimientos largamente esperados por todos", evaluó en diálogo con Télam Juan Pablo Cafiero, embajador argentino ante la Santa Sede.
Como ejemplo, cita su presencia en la isla de Lampedusa para "frenar las duras y letales condiciones a la que son expuestos los inmigrantes y refugiados" y la "firmeza para frenar la invasión de las grandes potencias militares a Siria", así como su "mensaje esperanzador" en la Jornada Mundial de la juventud en Brasil o la próxima visita que emprenderá a Tierra Santa.
El embajador argentino describe que, desde aquel 13 de marzo de 2013, Roma vive un "fenómeno indescriptible" con el fervor que despierta el Papa y destaca el hecho de que Francisco ponga el "centro de su línea pastoral en la opción por los pobres".
Según el vaticanista del diario La Stampa, Andrés Beltramo, desde algunos sectores "es exagerado hablar de revolución, pero el término tiene varias acepciones, no sólo la política, y en este caso podríamos hablar de una revolución pastoral".
Para Beltramo, la llegada de Francisco "ha coincidido con las exigencias actuales del fiel católico medio pero también con la exigencia tan urgente de toda la humanidad de tener puntos de referencia hacia la esperanza".
Consultado por Télam, el corresponsal señala que "solamente la llegada de un papa no europeo, latinoamericano, con todo un bagaje ajeno a las dinámicas de los últimos siglos del pontificado, trajo una renovación interna, no sólo con nuevas normativas, sino con un proceso de cambio cultural y eclesiástico", respondiendo a lo que los cardenales habían pedido en las congregaciones previas al cónclave que lo eligió.
Por su parte, el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, define a Francisco como "una luz de esperanza para la humanidad" y destaca que, durante este primer año, demostró que es "un pastor cercano a la gente, que se preocupa por los problemas que vive la humanidad", así como remarca su "sentido ecuménico, su relación y acercamiento con otras creencias".

