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Francisco llamó a despojarse de “la mundanidad”

El Papa visitó la Salla della Spoliazione, donde San Francisco se despojó de sus vestiduras. Dijo que ¨hoy es un día de lágrimas¨, por el naufragio frente a la isla de Lampedusa donde murieron 130 personas.

El papa Francisco recordó a las víctimas de Lampedusa en su histórica visita a Asís, e instó a todos a despojarse del espíritu mundano.

Al mundo ¨no le importa si la gente debe huir de la esclavitud, del hambre, buscando la libertad¨, lamentó. También recordó que en ese lugar San Francisco se despojó de todo, delante de su padre, del obispo y del pueblo de Asís. ¨Esta es una buena ocasión para invitar a la Iglesia a despojarse; todos somos Iglesia, y todos debemos hacer el camino de Jesús, que ha hecho, un camino de despojo¨, dijo. ¨Si queremos ser cristianos no hay un único camino; si hacemos un cristianismo sin la cruz de Jesús nos convertiremos en cristianos de pastelería¨, añadió.

La segunda etapa de la visita pastoral del Papa a Asís ha sido el obispado; allí en 1206 san Francisco, frente a su padre Pietro Bernardone, -que, enojado por su conducta lo había hecho procesar- y ante el obispo Guido - representante de la autoridad eclesial a la que el Poverello había apelado- se despojó de sus vestiduras y proclamó a Dios como su verdadero Padre. Ante este gesto, el obispo lo abrazó y lo tapó con su manto.

En la “Sala della Spoliazione”, donde tuvo lugar ese episodio, el Santo Padre se encontró con los pobres asistidos por Cáritas, después de escuchar las palabras del obispo Domenico Sorrentino quien afirmó que Francisco era el primer papa que visitaba esa estancia en los últimos ochocientos años.

El pontífice, improvisando de nuevo su discurso, dijo que en estos últimos días los periódicos se preguntaban sobre qué habría dicho en esa sala: “¡El Papa irá allí a despojar a la Iglesia! ¡Quitará las vestiduras a los obispos, a los cardenales; se las quitará él mismo!”. “Esta -observó- es una buena ocasión para invitar a la Iglesia a despojarse. Pero la Iglesia somos todos, ¡todos! Desde el primer bautizado, todos somos Iglesia. Y todos tenemos que seguir el camino de Jesús, que se despojó a sí mismo. Se hizo siervo, servidor; quiso humillarse hasta la cruz. Y si nosotros queremos ser cristianos, no hay otro camino”.

“Pero algunos dicen: '¿No podemos hacer un cristianismo un poco más humano: sin cruz, sin Jesús, sin despojarnos?'. Ah!, así nos convertiríamos en 'cristianos de pastelería', como tartas, bonitas y dulces... Muy bien, pero eso no es ser cristiano de verdad. Alguno que otro dirá: ¿Y de qué tiene que despojarse la Iglesia? Tiene que despojarse de un peligro gravísimo que amenaza a todas las personas en la Iglesia, a todos: el peligro de la mundanidad. El cristiano no puede convivir con el espíritu del mundo. La mundanidad que nos lleva a la vanidad, a la prepotencia, al orgullo. Eso es un ídolo: no es Dios. Y la idolatría es el pecado más grave”.

“Cuando en los medios de comunicación se habla de la Iglesia, creen que la Iglesia son los curas, las monjas, los obispos, los cardenales y el Papa. Pero la Iglesia somos todos. Y todos tenemos que despojarnos de esta mundanidad que es el espíritu contrario de las bienaventuranzas, el espíritu contrario al espíritu de Jesús. La mundanidad nos hace daño. Y es tan triste encontrar a un cristiano mundano, seguro de esa seguridad que le da -en su opinión- la fe y seguro de la seguridad que le da el mundo. No se puede jugar a dos barajas. La Iglesia, todos nosotros, tenemos que despojarnos de la mundanidad que la lleva a la vanidad, al orgullo, que es la idolatría”.

“Jesús mismo decía: 'No se puede servir a dos padrones. O sirves a Dios o sirves al dinero. En el dinero estaba incluido este espíritu mundano ¿no? Dinero, vanidad, orgullo; ese camino. Nosotros no podemos seguirlo...

Fuente: Agencia AICA