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El amor al servicio de los niños con discapacidad

Sol y Arte es un centro de educación artística para personas con discapacidad mental, surgido de una necesidad de la sociedad en 2002.

La institución encuentra entre sus mentores al destacado folklorista y docente de música Ernesto “Negro” Altamirano y a su hija Gabriela, profesora de danzas folklóricas. Nació en el año 2002, por iniciativa de un grupo de padres, cuando Altamirano se jubiló de su actividad docente en ARENI. Los padres de los jóvenes empezaron a buscarlo para que les enseñara a tocar instrumentos. Después se sumó Gabriela enseñando danzas.

La tarea, por demás loable,  que realiza la institución, tiene como finalidad insertar a los jóvenes con discapacidad en la sociedad, a través del arte. En el caso del ballet ha participado en dos oportunidades en el Pre Cosquín de la provincia de Córdoba, lo que permitió que se abrieran algunas puertas y los convocaran a diferentes actuaciones y festivales.

Sol y Arte básicamente trabaja con discapacidad intelectual, retraso madurativo, personas con síndrome de down y otros síndromes.

Gabriela Altamirano explica que a diferencia de otras instituciones, este centro de educación artística prioriza la parte artística y tiene como complemento la parte pedagógica  o de alfabetización; se da esa parte como apoyo escolar. Hay alumnos que a la mañana también van a la escuela especial donde hacen toda la parte escolar y por la tarde, en contraturno, van a Sol y Arte para hacer otro tipo de actividades como teatro, danzas folklóricas, expresión corporal, gimnasia, música, artes visuales, artesanías, que son actividades no tan estructuradas.

“Esto surge por la necesidad de que los chicos tengan en qué ocupar su tiempo libre. Casi no hay actividades en las que puedan participar, salvo en la parte deportiva, que es lo más accesible a ellos, como escuelitas de fútbol o gimnasios, Yo estuve averiguando y las escuelas de danzas o conservatorios de música, por ejemplo, generalmente no tienen la posibilidad de integrar a los niños con discapacidad” explica la docente.

Los jóvenes tienen una participación activa en diferentes expresiones artísticas. Algunos forman parte del ballet folklórico que sale de gira. El sábado de la semana pasada, estuvieron actuando en El Festival de la Chicha, en La Caldera (Salta). También tienen un grupo de teatro, con el que participan en diferentes presentaciones. En una oportunidad estuvieron en la Fiesta Provincial de Teatro.

La docente lamenta que todavía se sigue en nuestra sociedad con la dichosa y eterna “participación especial” y descartan la posibilidad de que los chicos puedan competir, pese a que están en condiciones de hacerlo. “A nuestra sociedad le falta comprender todavía que pueden hacer muchas cosas. Hoy se habla mucho del acceso al arte, pero está tomado como que las personas con discapacidad puedan presenciar espectáculos. Nosotros dimos un pasito más y hacemos que sean protagonistas; partícipes activos de su arte. El arte es un derecho inalienable de cualquier persona” dice.
 
¿Cuántos jóvenes hay en la institución?

En estos momentos tenemos setenta alumnos. La demanda es mayor, pero nos vemos obligados a trabajar con cupos limitados dada la estructura edilicia que tenemos.

¿Todos esos chicos tienen capacidad para el arte? ¿Todos tienen posibilidad de mostrarse?

Hay tres grados de discapacidad: leve, moderada y severa. Los chicos leves son los que tienen mayor posibilidad de participar del ballet, el grupo de teatro, la murga. Tenemos un conjunto instrumental, una batucada.  Los mismos alumnos en escena, son los guías. Siempre hay alguno de los chicos con una discapacidad más leve, que orienta a su compañero. En escena están solos. Los profesores no participamos. A lo mejor desde los laterales damos alguna indicación; esa es una de las características de Sol y Arte. Ellos aprenden a resolver esa situación en el escenario; si alguno se equivoca o se pierde no falta el que lo lleva a su lugar nuevamente, o el mismo compañero salva la situación.

Hay dos puntos muy importantes a tener en cuenta. Uno es la preparación del alumno. Tené en cuenta que son personas muy estructuradas; es importante no olvidarlo para no salirnos nosotros de esa estructura. Por otra parte son personas muy manipuladoras en ciertas situaciones: se empacan, no quieren bailar con su pareja, y hay que estar preparados para eso.  Esto demanda mucha exigencia. No es que cualquiera va así nomás y baila en un escenario.

Lo segundo es concientizar al público, que va a ver un espectáculo de personas con discapacidad, porque es importante dejar de lado la lástima. En Jujuy estamos tratando, con un trabajo de hormiga, concientizar a la sociedad. El público no paga una entrada para ver un espectáculo de personas con discapacidad.

Todos los años hacemos un espectáculo a fin de año que se llama “Destellos del alma” en el Teatro Mitre. Al principio invitábamos a familiares y amigos para que llenaran el  teatro. A veces a algún músico como Bruno Arias, para atraer más público. Ahora la gente paga su entrada para ver el espectáculo de los chicos; es un trabajo boca a boca. Son desafíos que hay que pasar, porque  a veces los escenarios no están preparados por sus dificultades motrices. La semana pasada el escenario tenía tres escaloncitos que ocasionaban problemas a los chicos. Les explicamos a los organizadores y entendieron; la tarea también sirve para educar a la sociedad.

Siempre le decimos a los docentes que no subestimen a los alumnos, porque a veces creemos que no van a poder hacer tal o cual cosa y después nos llevamos una gran sorpresa. Tenemos que ver hasta dónde pueden dar, para explotar al máximo todo su potencial artístico. El chico con síndrome de down es el que más se presta para las actividades artísticas sobre todo la danza y el teatro.

Sol y Arte trabaja sólo con jóvenes con discapacidad mental, como síndrome de down, de Prader Willi o de Noonan. Actualmente están comenzando a trabajar con jóvenes con discapacidad sensorial (hipoacusia, no videntes, etcétera)  Gabriela cuenta orgullosa que un alumno sordo es uno de los que guía el ballet. “A veces la gente nos pregunta cuál es la “fórmula mágica” que tenemos. Fundamentalmente es el amor. Siempre les digo a los maestros que si los alumnos suben al escenario y sienten una cosita rara en la panza, sirven para eso. Sino se siente nada, no. Hay presentaciones que los chicos las hicieron muchísimas veces y cada vez nos emocionamos igual. Nosotros acá trabajamos por amor al arte”.  

¿Cómo se mantiene la institución?

Tenemos ocho cargos docentes del Estado. Hay algunos que vienen a trabajar ad honorem. También hay muchos estudiantes que vienen a hacer sus pasantías.  Hay padres que vienen a trabajar a la institución, todos gratis y como es una Asociación Civil, son socios que abonan una pequeña cuota.

¿Nadie se acerca para ofrecerles algo?

Nadie. Nos manejamos a puro pulmón. Golpeamos puertas y nada. Dios de alguna forma nos gratifica. Seguimos poniendo el lomo y es otra la gratificación que tenemos. Obviamente que nos gustaría tener otras comodidades, poder pagarle algo a los profesores porque ¿cuánto tiempo pueden venir gratis?

¿Pero el local se lo prestan?

Sí, el local nos lo cede el “Centro de empleados de comercio”. Estamos enormemente agradecidos. Lo bueno es que nos queda en el centro; ya que nosotros tenemos muchos chicos del interior.

¿Cómo nació la institución?

Venían las mamas y me decían “Mirá Gabi yo quiero que le enseñes danzas, porque yo mando a mi hija a una escuela de danzas convencional. Pero después me entero por los compañeros de ella, que mi hija, como le cuesta más que a los demás, se pasa toda la clase sentada”.
Los chicos salvo que tomen clases particulares de algún instrumento, no tienen otro lugar. De un conservatorio olvídate.

Así empezamos con once alumnos los dos; los dos loquitos. Él con su guitarra y yo con mi grabador.  Después se acopló más gente que quería incursionar en este tema. Es así que vino Miguel Chauqui, un profesor de teatro. Él tuvo mucho interés en conocer a los chicos; una maestra que también se acerco y ya éramos cuatro. Ese año se sumaron más chicos y éramos 17. Al año siguiente fuimos 25 y así fuimos creciendo. Después ya tuvimos más chicos y necesitamos organizarnos de otra manera, y así fue hicimos nuestro proyecto institucional y hoy tenemos un personal de 17 personas entre docentes del Estado y voluntarios. Por supuesto todas las personas, a parte de ser profesionales, son personas de mucha calidad humana. Eso es fundamental para nosotros.

Seguramente los chicos tienen también mucho para enseñar…

“Nosotros aprendemos de ellos día a día. Valoro mucho de ellos que, obviamente se pelean como cualquiera persona, pero a los minutos se están pidiendo perdón; un perdón sincero, ellos saben perdonar con toda sinceridad. Mi papa siempre dice que son sus ángeles terrenales. Él los llama así y les hizo una canción.

Hay chicos que viajan todos los días se San Pedro, de Perico y de Tilcara.
Destacamos el esfuerzo de los papás que se movilizan y los traen. Si bien es cierto que algunos se manejan solos, la mayoría necesitan una compañía. Algunos saben tomar su colectivo y no se pierden

¿La sociedad jujeña como recibe todo esto?, ¿Hay discriminación en Jujuy en este sentido? Yo me acuerdo que cuando era chico uno no veía un chico Down en ningún lado, antes se los escondía y hoy se los muestra con orgullo…

Digamos que antes los chicos con síndrome de Down vivían hasta los 30 ó 35 años, porque su calidad de vida era deplorable, vivían encerrados. Hoy ha mejorado; su promedio de vida se proyecta hasta los 60 ó 65 años. Imagínate… ¿Una persona que esta encerrada cuánto puede vivir?

Aquí no. Hay chicos  para los que esto se ha convertido en el centro de su vida. Viven para esto. Decirles que tienen una presentación próximamente, para ellos es una locura y no pueden faltar a los ensayos. La idea es que todo lo que ellos aprenden aquí, no quede entre cuatro paredes o un acto de fin de año.  Todo lo mostramos; lo sacamos a la sociedad para que ya vayan viendo todas las aptitudes y potencial artístico que tienen.

Hay escuelas con salida laboral, entonces habrá chicos que ya tienen cierta habilidad en el manejo de algún aparato, de algún trabajo en el futuro.
Los que no tienen esa salida laboral no tienen nada. Entonces nosotros somos un granito de arena y aportamos para mejorar esto.

Nos falta mucho todavía; como sociedad nos falta mucho. Si bien es un tema muy cotidiano, se habla mucho pero todavía hay cierto prejuicio que debemos curar. Dicen que el arte cura… Yo tengo fe en que el arte va a poder curar esos prejuicios de la sociedad.

¿Se nota algún grado de evolución en los chicos que pasan por la institución?

Si, si, evolucionan. Aquí tenemos chicos que entraron con terribles problemas de conducta y con el tiempo vos te das cuenta de que era porque estaban a la defensiva. Acá ellos no tienen de qué defenderse, ellos vienen aquí y se relajan

Después vos veías chicos con una autoestima por el piso que decían: “No sirvo para nada, nadie me quiere, nunca voy a ponerme de novio ¿Quíen me va a mirar? Pero cuando vos les decís: “Aquí vas a ayudar también; vos podes ayudar a fulano o fulanito que le cuesta un poco mas, eso les levanta la autoestima; se sienten útiles. Y por otro lado subirse a un escenario y sentir el calor del público los fortalece.

Tenemos el caso de Ale, que venia a aprender a tocar el charanguito, y termino el secundario.  Nosotros lo hablábamos y le decíamos “Ale tenés que terminar”. Y él nos decía: “no es tan fácil”.

Ernesto Altamirano agrega: “Además de eso teníamos una serie de problemas en el colegio. Tenía que ir yo a  hablar. Hablé como presidente con la directora y le pedí que lo ayudaran. Había un problemita porque los compañeros lo insultaban, así que hablamos con los directivos, los profesores y los porteros.
Los chicos le decían: “Vos sos de Sol y Arte”  y eso lo molestaba. Sin embargo, nosotros le decíamos Ale tenés que terminar...”

Gabriela agrega: A veces el chico decía no me da la cabeza, y nosotros le decíamos “sí podes. Traé las carpetas; nosotros te vamos a ayudar”. Y terminó su secundaria en una escuela normal y pidió que mi papá le entregara el diploma. Agarró el micrófono y dio las gracias a Sol y Arte. Esas son las cosas que nos llenan el alma. Eso es lo que nos impulsa a seguir.

Para terminar ¿Cual es el mensaje para la sociedad? ¿Qué le pedís a la sociedad?

- De a poco tenemos que ir entre todos construyendo para las personas con discapacidad. Discriminación, mucha no hay, pero sí prejuicios. Debemos sacarnos estos prejuicios…  “A esta personas… Dios las envió. Si están aquí es por algo.”

Los papás siempre nos dicen: “gracias, gracias”;  y en realidad somos nosotros los que tenemos que agradecer a los padres por esos hijos maravillosos que tienen. Porque sino nosotros acá no tendríamos razón de ser. Para cerrar te diría nuestro lema:

“Hagamos juntos una sociedad mejor… Una sociedad más justa y un mundo mejor”.

Gabriela Altamirano cerró la charla con Jujuy al Momento diciendo: “Siempre nuestras vidas van a girar entorno a ellos.”

Gracias Sol y Arte.

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