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Olimpismo, una perspectiva diferente II

Al asociar el deporte con la cultura y la educación, el Olimpismo se propone crear un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, el buen ejemplo y el respeto por los principios éticos fundamentales.

Habiendo aclarado ya los términos Olimpiadas, Juegos Olímpicos y Olimpismo, podemos avanzar en los conceptos más sobresalientes de los postulados de Pierre de Cubertin, referidos principalmente al Olimpismo, definido como una filosofía de vida.

Hoy día, la Carta Olímpica, en su primer artículo, define al olimpismo como: “Una filosofía de vida que exalta y combina en su conjunto armónico las cualidades del cuerpo, la voluntad y el espíritu.

Al asociar el deporte con la cultura y la educación, el Olimpismo se propone crear un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo y el respeto por los principios éticos fundamentales universales.”

Es por ello que el objetivo del Olimpismo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armónico del hombre, con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacifica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana. Una filosofía de vida que exalta y combina en su conjunto armónico, las cualidades del cuerpo, la voluntad y el espíritu.

Encontramos aquí la definición central, es una filosofía de vida, por tanto una forma de vivir privilegiando lo verdadero (etimológicamente filosofía se descompone en filo = amor y en Sofía (Sophia) = La verdad). Cuando el Olimpismo se refiere a “que combina en su conjunto armónico, las cualidades del cuerpo, la voluntad y el espíritu” se refiere a la integralidad en el desarrollo de la persona en búsqueda de lo que los griegos llamaban el “Areté”: el espíritu de sobresalir.

La asociación del Olimpismo con la ética, la educación, la cultura, la dignidad humana, es una declaración de humanismo, el Olimpismo es una cultura esencialmente humanista y democrática, Coubertin la entiende como un movimiento que permite, más allá de los récords deportivos, lograr un entendimiento entre las distintas clases sociales, razas, religiones y naciones, a través del deporte, llegando a decir que los mejores embajadores son los atletas, pero no aquellos que robotizados por un entrenamiento inhumano se han convertido en maquinas de carne y hueso para correr o saltar, Coubertin se refiere al atleta como “el joven ejemplo para la juventud de su país”, tanto es así, que queda consignado en la Carta Olímpica, que “si un deportista tiene la marca exigida para asistir a un Juego Olímpico, pero por su comportamiento, no constituye un ejemplo para la juventud de su país, ese atleta debe ser excluido de la asistencia…”

Estos son conceptos medulares que nos acompañaran en adelante para seguir desarrollando esta columna dedicada al Olimpismo, sus virtudes y su aplicación práctica en el deporte y la educación.

Por Sergio Tolaba, academista olímpico (Especial para Jujuy al Momento)

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