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Luis Artime, bajo la estrella del gol

Un día como hoy debutaba el gran goleador en Atlanta, un verdadero artillero de raza, para quedarse en las leyendas de los máximos “scores” que dio el fútbol argentino.

Pasarán los años y se seguirá discutiendo, si el goleador nace con esa corazonada o se hace en medio del azar que siempre impera. Muchas veces cuando alguien respondía al periodismo, si a su equipo le faltaba un goleador, la respuesta coétanea, era espontánea: "si se tratara de eso, hacemos un bolsillo, lo compramos, y después nos llenamos todos los bolsillos de dinero". Una respuesta facilista y con mucha liviandad, ya que en otros años, las sequías de gol habrán estado en alguna racha, porque en décadas atrás "los goleadores" ciertamente existían. Es decir, la raza se conservaba, a la luz de otras épocas doraradas.

Un 19 de Julio de 1959, debutaba el ilustre artillero, Luis Artime. En Rosario, Central empataba con Atlanta cero a cero y allí empezaba la leyenda de aquel pibe nacido en Junín (provincia de Mendoza), cuando en el ‘58 debutara en el "Bohemio", junto a figuras como Errea, el “loco” Gatti, Griguol, Betinotti, Gonzaleti y Guenzategui.

A partir de allí su carrera fue vertiginosa como fecunda, ya que pasaría a River en 1962, jugando hasta 1963, siendo goleador de aquella temporada con la camiseta "millonaria". Ya en el ‘65 estuvo en Independiente, formando una gran delantera con Bernao, Savoy, "Chirola" Yazalde y Tarabini. En el "Diablo Rojo" fue dos temporadas consecutivas goleador, batiendo récords inolvidables.

En el ‘69 tuvo el privilegio de pasar al fútbol brasileño, en donde jugó en el Palmeiras, para luego pasar al fútbol uruguayo, consagrándose en el Nacional de Uruguay, obteniendo titulos locales e intercontinentales, dejando su impronta goleadora en tierras "charruas". En el ‘72 volvió a Brasil, convocado por el Fluminense, para retornar a Uruguay, nuevamente al Nacional, dejando una marca difícil de superar, retirándose en 1974. Para entonces, ya había vestido la camiseta nacional Argentina, en el mundial ‘66 y el sudamericano ‘67.

Pero futbolísticamente, no era su exquisitez lo que distinguía a este artillero que quedaría en la historia, sino la porfía que tenía con el arco adversario. Más bien era tosco, corpulento, de movimientos rígidos y escasos recursos técnicos.

Pero vino al fútbol, con la naturaleza conquistadora, de ser como un tiburón, con ese instinto en dónde había sangre en la troya, ¡el olfato de gol! del que tanto se habla hasta en estos tiempos, y tanto falta. Pues estaba en el lugar y el momento justo, como un pescador, que aprovechó de todas las maneras y los modos, ese don de transformar todas las pelotas que parecerían perdidas, en un grito sagrado de gol.

Tenía dentro el ADN del gol, ya que su padre solía ser su seguidor por las canchas Argentinas, mientras, mas tarde, él (Luis) sería padre del "Luifa" Artime, un goleador contemporáneo en los años 90 y 2000.

Sin dudas, Luis fue de algún modo el sucesor del "Nene" Sanfilippo, de quién nos referiremos en otro momento de la evocación del fútbol argentino.

Finalmente fue guapo dentro y fuera de la cancha, ya que siendo técnico, de Atlanta, allá por 1979, en un cuadrangular para determinar un descenso, se atrevió a denunciar que en el fútbol argentino había sospechas de "dopìng en el fútbol". Eso le costó, no ser contratado como director técnico y se palabra prohibida en nuestro fútbol.

Sin embargo, el tiempo le dio la razón, ya que - con Julio Grondona como presidente de la AFA - instituyó desde ese año, el control "antidoping".

Luis Artime, "sacudió las redes", "rompió piolines", "fue goleador de raza", y un día como hoy debutaba, para quedarse en las leyendas de los máximos scores que dio el fútbol argentino.