La pesadilla de un árbitro
Está todavía shockeado por lo ocurrido en el clásico en donde nunca se imaginó terminar rodeado de policías, acusado por todo Zapla de haber arbitrado de manera tendenciosa. Luera está quebrado, se nota en sus ojos vidriosos cuando nuestros cronistas intentaron en vano abordarlo.
Es que no quiere hablar, considera que no es el momento y queda al borde de alguna lágrima cuando dice que él tiene hijos, a quienes le dijeron sus compañeritos del colegio que vieron a su padre por la televisión rodeado de policías.
Está triste y considera que arbitró bien hasta que todo se desmadró allá por los 47 minutos cuando los hinchas de Talleres provocaron el primer accidente. Pero Luera, devenido en Pablo Lunati, sostiene que los minutos que otorgó al partido fueron los que debía adicionar.
Al preguntársele por qué no suspendió el partido cuando la hinchada de Talleres inició los incidentes, responde que el jefe del operativo le dio las garantías de proseguir. Ahora bien, ante la evidencia de la cronología de los hechos y sus minutos debidamente cronometrados (se reanudó a los 54 y adicionó 4 minutos más; debió haberlo terminado supuestamente a los 58 y el gol de Talleres ocurrió a los 59,30, un minuto y medio más de lo adicionado) sostiene que ese no es el tiempo que él manejaba y que estuvo dentro de lo que su reloj le indicaba.
En otros momentos de la charla confiesa que no puede creer lo que pasó, que nadie le regaló nada y que hizo méritos para llegar hasta ahí. Cuestión que off de record algunos de sus colegas ponen en duda.
César Luera fue convocado a dirigir por el orden de mérito en la lista de árbitros jujeños para el certamen argentino B. El primero de esa lista es Federico Tello, segundo Ochoa, tercero Segovia y él en cuarto lugar. Lo que no se entiende es por qué, si este fue el tercer clásico entre Zapla y Talleres, le tocó a él, cuando en el orden debió hacerlo el tercer árbitro Edgar Segovia.
Lo cierto es que César Luera que actuaba hasta hace poco como juez de línea, hizo su debut como árbitro en un clásico provincial en donde lo que estaba en juego eran cosas importantes. Sin embargo, a su favor, puede decirse que llevó muy bien las acciones, hasta el minuto fatal de los 47 del segundo tiempo. Justo en ese minuto cuando comenzó su pesadilla, esa que lo despertó del dulce sueño de debutar dirigiendo un torneo argentino.
A César Luera le llevará un tiempo superar el susto de lo que hubiese sido un sueño cumplido.