La Educación Olímpica en las escuelas
“El proceso educativo no es únicamente la transmisión del conocimiento. Los objetivos y las habilidades, también deberían tener un ideal de vida y un proyecto social” dijo Fernando Savater (1997), filósofo español.
En el caso que nos ocupa, un ideal de vida es aquel que tiene como referente el Espíritu Olímpico y del cual se pueden extraer las enseñanzas para la promoción de la paz, para ayudar a una mayor comprensión humana de la diferencia, y que pretende contribuir al bienestar social. Este ideal se puede promover mediante programas educativos, mediante la Educación Olímpica.
La Carta Olímpica, en su Principio Fundamental Nº 6, dice lo siguiente: “El Movimiento Olímpico tiene por objeto contribuir a la construcción de un mundo mejor y más pacífico, educando a la juventud a través del deporte practicado sin discriminación de ninguna clase y dentro del Espíritu Olímpico, que exige comprensión mutua, espíritu de amistad, solidaridad y juego limpio”.
El Movimiento Olímpico implica una serie de valores (deportivos y humanos) que se pueden ampliar y extender a través de los programas educativos a desarrollar en las escuelas. Se trata de la Educación en Valores Olímpicos y Deportivos, que tiene un potencial como pocas otras materias tienen por lo atractivo del programa, lo sugerente de las sesiones y por motivador que puede resultar para los alumnos.
La necesidad de crear un proyecto en toda regla de Educación Olímpica es, hoy en día, un gran basamento para la paz, el entendimiento mutuo y el respeto a la diversidad, aparte de convertirse en una atractiva propuesta para nuestros jóvenes.
Cualquier actividad que promueva valores, actitudes positivas, superación y respeto por las reglas contará con una gran aceptación. Los valores que el deporte conlleva muestran la esencia de un espíritu constante de superación y serán el espejo donde los jóvenes quieran verse reflejados.
Asimismo, el ejemplo olímpico es un gran referente para los jóvenes del mundo. La fuerza del Espíritu Olímpico se encuentra en su propia filosofía, que representa algo más que los valores deportivos: unifica los valores del deporte (tanto sociales como deportivos como el respeto, la participación de todos, la amistad, las habilidades personales, el trabajo en equipo, la camaradería, las habilidades físicas, la creatividad, el desafío personal, el éxito o la deportividad) y los ideales olímpicos (juego limpio, lealtad, amistad, excelencia deportiva, superación o solidaridad) en la celebración cuadrienal de los JJOO.
Así, consideraremos valores olímpicos aquellos que surgen de la lectura de la Carta Olímpica, como son: amistad, lealtad, honestidad, juego limpio, respeto por las normas y por el adversario, solidaridad, modestia en la victoria, serenidad en la derrota, búsqueda de la excelencia, deportividad, superación e igualdad de oportunidades entre otros.
La transmisión de dichos valores es lo que vamos a denominar educación olímpica. Aunque quizás no es educación olímpica, sino simplemente educación extraída de los valores humanos que encontramos en los Ideales Olímpicos y en los ejemplos reales de camaradería, éxito, solidaridad y superación, entre otros, de los deportistas olímpicos.
Va a ser desde este punto, desde la extracción de lo mejor del Olimpismo (de sus valores humanos y deportivos), desde donde nos planteemos la creación de los programas educativos, el planteamiento de una educación olímpica bajo el símbolo más universal, los aros olímpicos. Al no existir una definición más concreta de Olimpismo, por la diversidad cultural, política y económica del mundo, lo que llamamos Educación Olímpica debiera adaptarse a cada país, considerando su propia realidad.
Fuente: María Zapata Vila - Miembro de la Fundación Barcelona Olímpica