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Florentino Armella: El recuerdo de un grande en el tiro

Es el caso particular del jujeño Eduardo Florentino Armella, maestro tirador, nacido un 20 de junio de 1928 en su Yavi natal, quien llevó por donde el destino del tiro le puso una silueta donde pudiera hacer blanco, tanto como acertó en su vida personal.

El deporte está constituido por pequeñas y grandes proezas de aquellos que  sin pretenderlo, emergen como  ídolos, pero por la sola razón de realizar cosas extraordinarias que los llevan a catapultarlos como los mejores,  como modelos a seguir o al menos, imitar.

Seguramente la diferencia estará puesta, por una parte en la disciplina deportiva y la otra por su conducta, sus principios, contracción al trabajo y constancia.

Es el caso particular del jujeño Eduardo Florentino Armella, maestro tirador, nacido un 20 de junio de 1928 en su Yavi natal, quien llevó por donde el destino del tiro le puso una silueta donde pudiera hacer blanco, tanto como acertó en su vida personal.

A lo largo de su vida deportiva, don Eduardo Armella paseó su maestría y destreza con una carabina o pistola, representando a la provincia de Jujuy primero y luego a la república Argentina en campeonatos Sudamericanos, Panamericanos, Rioplatenses o Mundiales y logrando el máximo escalón deportivo al llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964.

Hoy en esta remembranza, pretendemos revalidar la condición de deportista disciplinado, correcto y buen amigo, por lo que le retribuyen con sinceridad aquellos que lo conocieron, pero fundamentalmente, aprendieron algunas enseñanzas impartidas tanto para el deporte como para la vida, por eso cuando la referencia en el Olimpismo es excelencia, amistad y respeto, son los valores que caracterizó a un hombre de origen provinciano, de sencillo vivir, con ideales que forjaron su carácter y su voluntad.

Los deportistas que en algún momento marcaron el camino, hoy deben ser recordados por sus logros deportivos pero también personales, porque en definitiva hoy son muy necesarios porque son la muestra de que todo logro implica trabajo, esfuerzo, disciplina, compromiso y la insustituible convicción para llevar adelante cada objetivo, lo que finalmente marca la diferencia entre lo realizable y lo imposible.

En el deporte como en la vida, los principios y valores que nos marcan el camino, son los mismos, solo cambia de escenario, pero la persona es la misma, lo cual lleva a pensar que no puede una parte estar subsumida en la otra, son un complemento, una motivación, una inspiración, la guía que todos buscamos, pocos encontraron y muchos los ignoraron, pero el deporte, que dio origen a grandes o pequeñas proezas, nos mantiene, animados, expectantes, lúcidos y vigorosos, por esa razón nos aferramos a la emoción, a la pasión de momentos inolvidables, de deportistas que nos convocan, sin pretenciosas intenciones, a seguir ese mismo comino, y es allí donde la figura de Eduardo Armella nos convoca, con la certeza de que si él pudo, también nosotros podemos.

Armella nació el día patrio más emblemático que tenemos los argentinos y sin saberlo, con ese paño celeste y blanco, recorrió cada polígono con orgulloso sentimiento nacional, pero esencialmente, de pertenecer a la tierra jujeña.

Por Sergio Tolaba, academista olímpico (Especial para Jujuy al Momento)