El Olimpismo en la historia de las ideas
El hombre del siglo XX debe aprender a experimentar el deporte como componente fundamental de su calidad de vida, en una relación armónica de sus capacidades corporales e intelectuales.
Ya en la primera versión de la reglamentación del COI (Comité Olímpico Internacional-1894) se cita como tarea del Comité “adoptar todas las medidas convenientes para llevar el deporte moderno por los cauces deseables”.
Con ello, la comisión reglamentaria olímpica incluye el “Deporte para todos” en igual medida que el deporte de alta competición. Coubertin tuvo en sus años jóvenes la genial idea de renovar los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, pero sus intenciones iban, desde un principio, mucho más allá de la celebración cada cuatro años. El hombre del siglo XX debe aprender a experimentar el deporte como componente fundamental de su calidad de vida, en una relación armónica de sus capacidades corporales e intelectuales dentro de un marco cultural-estético.
Las siguientes reflexiones están basadas en los textos de Pierre de Coubertin (1863-1937), recogidos en la recopilación publicada en 1986 con sus textos más importantes sobre Pedagogía, Olimpismo y práctica deportiva.
En sus “Memorias olímpicas”, Coubertin expresa con claridad su postura sobre el “Deporte para todos”: “El deporte no es un artículo de lujo, no es una ocupación para ociosos ni una compensación por el trabajo intelectual. El deporte es una fuente de perfeccionamiento interno para cada persona. La profesión no tiene nada que ver con ello. Antes bien, el deporte es un regalo irremplazable que le es dado a todas las personas en igual medida. Desde una perspectiva étnica tampoco existe diferencia, ya que, por naturaleza, todas las razas disponen del deporte como de algo propio y en igualdad de derecho.” Coubertin establece en sus escritos cuatro condiciones para este tipo de deporte:
- Motivación suficiente.
- Facilidad de asimilación.
- Realización económicamente moderada.
- Posibilidad de llevarlo a cabo toda la vida.
Los participantes en los Juegos Olímpicos eran para Coubertin los referentes de las generaciones jóvenes, que cambian cada cuatro años: “Para que cien formen su cuerpo, hace falta que cincuenta hagan deporte, y para que hagan deporte cincuenta, es necesario que veinte se especialicen; pero para que se especialicen veinte, es necesario que cinco sean capaces de lograr rendimientos máximos.”
Esta premisa del pensamiento de Coubertin ya no tiene validez absoluta para todos los deportes. Esto quedó en evidencia con los resultados fuera de lo normal de países pequeños, como en Cuba, gracias a sus importantes sistemas de fomento del deporte de alto nivel. Esta observación es válida fundamentalmente para los deportes individuales. Los deportes típicos de equipo, como, por ejemplo, el fútbol, no pueden prescindir de una base popular.
El Movimiento olímpico y el “Deporte para todos” en el contexto histórico
El objetivo inicial de Pierre de Coubertin con la introducción del deporte era la educación de la juventud francesa según el ejemplo anglosajón; muchos de sus textos de los años entre 1888 y 1900 así lo demuestran.
No obstante, él mismo recurrió a la internacionalización del deporte y, de esta manera, a la refundación de los Juegos Olímpicos, para que, a través del empuje hacia fuera (internacionalización), se lograra un proceso de cambio de actitud y un acercamiento al deporte (popularidad) en la opinión pública francesa.
En el congreso de 1894 en la Sorbona de París, que en principio sólo debía ocuparse de las disposiciones internacionales sobre el amateurismo, no se pensaba únicamente en el deporte de alto rendimiento, sino, en igual medida, en todo tipo de competición nacional o internacional y en la reglamentación necesaria para ello.
Un año después de los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna de 1896 en Atenas, el COI convocó un Congreso Olímpico en El Havre, en el que figuraban en el centro de las discusiones las cuestiones básicas de la educación física, especialmente en el ámbito escolar.
Con ello, el COI se acercó muy temprano, gracias a la actuación de Coubertin y en contra de la voluntad de algunos de sus miembros, a los principios de una educación física moderna. Esta inquietud fue mucho más notable durante el III Congreso Olímpico, que tuvo lugar en 1905 en Bruselas.
Además del deporte escolar, se trataron especialmente las cuestiones del deporte femenino, del ejercicio físico en las zonas rurales, en las áreas metropolitanas y en los ámbitos pedagógicos especiales, como la educación social especial y penitenciaria.
Coubertin se mostró muy satisfecho con los resultados del Congreso de Bruselas, ya que había sido capaz de mostrar con claridad a la opinión pública el compromiso con la educación deportiva de todos los grupos sociales de su por entonces aún joven Movimiento Olímpico. Y esto en un momento en el que el Movimiento Olímpico aún no gozaba de una proyección internacional destacable, lo que hay que achacar a los accidentados Juegos de 1900 en París y a los Juegos Olímpicos de 1904, que pasaron inadvertidos al celebrarse en el marco de la Exposición Universal de San Luis en la lejana América.
Por tanto, durante la primera década de ese siglo, Coubertin se comprometió más aún con el establecimiento de un movimiento deportivo popular en Francia, de lo que dan testimonio numerosos llamamientos escritos, pero también la creación de un “Diplôme des Débrouillards”, una especie de diploma o distinción, además de numerosas iniciativas organizativas para el deporte popular, como la fundación de la “Societé des Sports populaires” (Sociedad de deportes populares). En 1913 se celebró en Lausana otro Congreso Olímpico bajo el lema “Psicología deportiva y Fisiología deportiva’, en el que llegó a presentar un texto autobiográfico sobre la experiencia deportiva a lo largo de su vida el presidente norteamericano Theodore Roosevelt.
La conclusión principal resultó ser que todo tipo de esfuerzo deportivo, ya sea deporte de competición o popular, no debe fortalecer únicamente el cuerpo, sino, en la misma medida, la fuerza moral del individuo. Después de la I Guerra Mundial, Coubertin se sintió reforzado en su postura de que el Olimpismo debía abrirse a todo el mundo y que, en vista de las convulsiones mundiales y los contrastes sociales existentes, podía jugar un importante papel con vistas al apaciguamiento social. Con esfuerzo logró la aprobación por parte de los miembros del COI para organizar un Congreso Internacional de Deporte Popular en 1921 en Lausana, que no llegó a celebrarse.
Conclusiones finales
¿Qué exigencias hay que plantear respecto del “Deporte para todos” en relación
con el Movimiento Olímpico?
1. El “Deporte para todos” debe ir acompañado por el “Derecho de todos” a la
práctica deportiva.
2. El “Deporte para todos” en un sentido olímpico no puede quedar subordinado
a ninguna finalidad externa que prive a alguien de su libertad personal. A quien
practica deporte le corresponde elegir libremente, según Coubertin, cómo,
para qué y cuándo quiere practicarlo o incluso renunciar a ello.
3. El “Deporte para todos” en un sentido olímpico debe garantizar la diversidad
de las actividades deportivas y no otorgarle preferencia a ninguna forma o
especialidad deportiva. (Coubertin: “¡Todos los deportes para todos!”)
4. El “Deporte para todos” proporciona alegría y satisfacción a más de mil
millones de personas en el mundo: cuando Coubertin dice que “olimpizarse
significa ser feliz” se refiere en especial al disfrute del deporte como
“Deporte para todos”.
5. Descubrir el propio límite del rendimiento (por ejemplo, como corredor
ocasional o como montañero), el esfuerzo individual del enfrentamiento
deportivo (por ejemplo, el tenis o el atletismo), la competición por equipos (por
ejemplo, el fútbol), también pertenecen, en un sentido olímpico, a la idea del
“Deporte para todos”.
6. El universalismo olímpico requiere, en el sentido de una solidaridad olímpica
bien entendida, la cooperación de los CON y de las organizaciones deportivas de
todos los países para seguir desarrollando el “Deporte para todos”.
Para ello es necesario que:
- se proteja la identidad cultural de cada pueblo o de sus grupos étnicos, y con
ello también su tradición deportiva;
- se tengan en cuenta las diferentes condiciones, así como la estructura social y
las pautas económicas y climáticas o los preceptos religiosos;
- se desarrollen y extiendan instalaciones deportivas e instrumental asequibles;
- se formen entrenadores y monitores para este tipo de programas;
- se asegure la colaboración de los medios de masas, especialmente de la televisión.
Texto: “EL OLIMPISMO EN LA HISTORIA DE LAS IDEAS”
ROBERT MÜELLER-Pte. COMITÉ INTERNACIONAL PIERRE DE CUBERTIN
Por Segio Tolaba, academista olímpico (Especial para Jujuy al Momento)

