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El fútbol pensado y razonado de otra manera

Hay que clarificar bien qué es el deporte competitivo. Hacer trampa está por fuera de las habilidades que definen el fútbol, desmerece y bastardea esta práctica deportiva. ¿Por qué la trampa está tan legitimada por deportistas e hinchas?

Comencemos por definir qué es filosofía: Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano.

Nos aproximamos a una definición sobre qué es el fútbol y ante nuestra consulta algunos chicos dieron respuestas muy inteligentes”. “Ellos se preguntaban qué pasa cuándo alguien rompe las reglas y hace trampa. Con los profesores les planteábamos situaciones hipotéticas: si en un primer partido Boca Juniors va cero a cero y al minuto 43 del segundo tiempo Riquelme hace un gol con la mano, ¿hay que festejarlo?”

Pero los chicos preguntaban si el hecho de que el árbitro no haya cobrado la falta, ¿significa que no hubo falta o que no la vio? ¿Cuál es mi responsabilidad frente a la práctica, si yo sé que metió la mano? ¿Por qué la trampa está tan legitimada por deportistas e hinchas?

La filosofía analiza si en una situación en que hay trampa se está jugando el mismo juego, si es legítimo el resultado a raíz de ese gol hecho con la mano. Hay que clarificar bien qué es el deporte competitivo. Mi argumento es que hacer trampa está por fuera de las habilidades que definen el fútbol, desmerece y bastardea esta práctica deportiva. Todavía no conozco a ningún jugador que quiera ser el mejor tramposo del mundo. Los jugadores, al menos en el discurso público, quieren ser excelentes gambeteadores, quieren hacer muy buenos pases.

¿“La mano de Dios” no sería una excepción dentro de esta idea de que la trampa desmerece al fútbol?

Depende dónde uno se sitúe en la filosofía, en el tipo de tradición filosófica que utilice. En los casos excepcionales donde la trampa produce más bien que mal –utilizamos un argumento utilitarista clásico, está el que cree que hay que aceptarla y encuadra a “la mano de Dios” como uno de estos casos. Por ahí se piensa que después del partido del ’86 la tensión entre Argentina e Inglaterra en el campo de juego disminuye y que hay una suerte de valores que se implementan a raíz de “la mano de Dios”.

Aquí cobra valor el fair play o juego limpio, un tema método nuevo para el futbol pero iniciado por el Olimpismo de Pierre de Cubertin hace más de cien años. Entonces debemos pensar que “la mano de Dios” está fuera del reglamento y que no se puede rescatar? Me preguntó.

 Lo que sucede es que también hay que contextualizarla en el momento social y político en el que sucedió. Pero me parece que el contexto puede ayudar a entender, pero no a justificarla. Lo que hay que rescatar es el segundo gol de Maradona, que es una maravilla, el fútbol en su máxima expresión.

El aficionado genuino tiene primero un compromiso con el deporte, con el fútbol, y después con la casaca propia, de un club o de la selección. Si honro la práctica a la que digo dedicarme, me parece que es una contradicción festejar un gol hecho en forma ilícita. En definitiva, esa frase tan remanida “que gane el mejor” me parece que encierra un concepto muy interesante. El fútbol no se define por cómo uno puede meter la mano o hacer trampa, sino por habilidades constitutivas: el taco, la rabona, la gambeta, la marcación.

Hay dos posiciones encontradas: los que quieren que el equipo juegue bien, y si gana mejor, y aquellos que sólo desean ganar. ¿Cómo se relaciona el concepto de belleza y eficacia en el fútbol?

Focalizar solamente en el resultado implica desconocer el proceso por el cual ese resultado se establece. No debería haber una dicotomización entre el proceso y el resultado, es un todo.

Priorizar el resultado como producto final es perder la visión de conjunto del deporte. En la medida en que se honren los estándares de excelencia y los bienes internos del fútbol, prefiero la belleza. Esto no quiere decir que quiero perder o que no me importa ganar, sino que me importa ganar con determinado tipo de actitud. A veces el fútbol puede funcionar como un ejemplo contracultural, en el sentido en que vivimos en una sociedad en la que todo parece ser el resultado. Sin embargo, creo que a la mayoría de los jugadores les preocupa la excelencia en el fútbol y quiere que el equipo funcione armoniosamente.

Me gusta Griguol. Y recuerdo algunas historias que me contaban acerca de cómo Griguol los alentaba a que estudiaran. Veía al jugador como una totalidad, como una persona a formar, no sólo como un instrumento para ganar un partido, también me agrada Bielsa, creo que es un hombre muy inteligente y que mucho le aportó y puede seguir aportándole al futbol.                          


Más acerca de futbol y filosofía

Que el fútbol no sea ya un deporte, sino un espectáculo, es ya suficientemente filosófico, y debería darnos que pensar. Pero incluso si nos fijamos en lo que SÍ es deporte, en ese fútbol que practican miles de niños, jóvenes y no tan jóvenes, también existe filosofía. Y no porque lo diga Valdano, aquel del que decían que hacía “filosofía” del fútbol, sólo porque utilizaba un vocabulario “preciosista”, por llamarlo de alguna manera.

En el fútbol hay filosofía, porque hay “teoría”, mirada. Y allá donde hay mirada, aparece de inmediato la filosofía. Hay, desde luego, un fútbol “pitagórico”, basado en el orden geométrico dentro del campo. Y como sucedió en filosofía, parece haber también entrenadores platónicos, como Luxemburgo, convencido de que la “Idea” del fútbol consiste en mantener un sistema fijo e inmutable.

Hay, por tanto, idealismo futbolístico, con entrenadores empeñados en su sistema, pero también hay pragmatismo, fútbol jugado no en favor del sistema o de la “idea”, sino del resultado. Más idealismo, pero de otra índole, es el que destila nuestra selección: como quijotes, sufrimos en los partidos fáciles, y jugamos maravillosamente en los partidos que perdemos. Que suelen ser, por otro lado, los más importantes.

Ahí está ese fútbol maquiavélico de los italianos, o el fútbol hobbesiano de los ingleses: defenderse y ganar. Nada más importa, a fin de cuentas. Una gran excepción de esta inspiración filosófica del fútbol es el alemán, a no ser que lo interpretemos de un modo nietzscheano. La contundencia y la dureza de su estilo pueden recordarnos a algunos de los pasajes más críticos del pensador alemán.

¿Son sólo modos de jugar? ¿Representan también formas de vivir? ¿O son, incluso, formas de pensar?

“Fútbol es fútbol”, o “Esto es futbol” se dice, como queriendo dar un nuevo empuje al viejo principio de identidad aristotélico. “El fútbol es así”, una de las grandes tautologías, que quizás sirvan a los sabios del banquillo para deducir, al estilo de los axiomas de Hilbert, cómo debe jugar su equipo.

Equipos en crisis de identidad, porque se encuentran, como el ser humano sartreano, en medio de una competición sin saber muy bien cómo deben jugar, cuál debe ser su estilo. Abandonados a la existencia de la competición y la feria mediática que la rodea, sin comprender bien qué es lo que deben hacer. Existencialismo, idealismo, pragmatismo… Y para muchos, no se trata más que de una estupidez en la que 22 millonarios corren como críos detrás de una pelota (se olvida esta “mirada” de que en los patios de colegio no hay millonarios…)

Pero claro, esta sería la filosofía “materialista” del fútbol, otra forma de mirar y filosofar. Así somos los seres humanos. Introducimos ideas en todo lo que hacemos, y lo convertimos así en símbolos.  

En realidad solo se trata de pensamiento y nada más. Una manera de pensar y razonar el fútbol de forma distinta.

Por Sergio Tolaba, academista olímpico (Especial para Jujuy al Momento)