De la gloria de los dioses a la gloria de los hombres (Parte III)
La actividad agonal se combina con la presencia comercial, circense y cultural, de manera que oradores y sofistas expresaban sus ideas ante el numeroso público congregado, él que acampaba en los alrededores al recinto sagrado.
El origen de los Juegos Olímpicos se pierde en la Edad Oscura que acontece en Grecia antes del siglo –VIII; en ese tiempo legendario se dice que el oráculo de Delfos en el año -884 sugirió al rey de la Eliada, Ifitos, la reprogramación de los juegos, para tal fin pactó con el también legendario legislador de Esparta, Licurgo, el que Olimpia fuese un lugar sagrado, preservado de guerras y de ejércitos. Acorde con la idiosincrasia antigua, mito y religión se hacían presentes en los fundamentos de Olimpia.
Peripecias míticas de Heracles y de Pélope eran consideradas el leitmotiv originario de los Juegos. Mitos arcaicos indican que (el rey) Endymión realizaba los primigenios Juegos Olímpicos, teniendo en ellos a efecto un certamen para obtener la mano de la princesa, y con ella el trono.
Por otra parte, se puede considerar que al igual que en los juegos de pelota precolombinos, originalmente las competencias olímpicas pudieron hacer alusión a una simbología cósmica representada a manera de ritual en la competición, aconteciendo que tal simbología cósmica se va perdiendo conforme las sociedades se secularizan y en los juegos termina por predominar el aspecto meramente deportivo fomentado por la pasión y las apuestas.
Según el destacado mitógrafo inglés Robert Graves, los Juegos Olímpicos se originaron de una carrera pedestre efectuada entre doncellas que aspiraban a ser sacerdotisas de la Diosa Luna. (Esto acontecía desde antes de que los griegos arribasen a la Península, estando ésta ocupada por pueblos a los que posteriormente los propios griegos denominarán como pelasgos).
Pero cuando el dominio masculino se implantó con el arribo de los aqueos en consonancia con la traslación hacia un dominio solar, la carrera se efectuaba entre jóvenes aspirantes a ser consortes de la sacerdotisa vinculada a la luna; en lo que venía a significar un matrimonio que era fruto del sincretismo: pelasgos (luna), aqueos (sol). Tránsito que apunta hacia el predominio patriarcal aqueo, proseguido en los tiempos helénicos en los que este tipo de festividades se van haciendo preponderantemente masculinas, sólo sacerdotisas tenía derecho a participar en las festividades olímpicas (en oficios de reminiscencia religiosa arcaica).
Probablemente en sus primeras celebraciones la carrera pedestre era la única competencia, sin embargo, se menciona que había un combate a muerte, míticamente atribuido a Crono y Zeus, por la posesión de la Élide, el que es interpretado por Graves como un combate efectuado en el solsticio de verano entre el rey y su sucesor, “y el resultado era inevitable, pues el sucesor tenía una lanza”. En tiempos prehelénicos se tenía un Año Nuevo eliano que comenzaba en el solsticio de invierno y un segundo Año Nuevo iniciado en el solsticio de verano. De manera simbólica el vencedor de la carrera pedestre: ‘Zeus-Heracles’, mataba al detentador del cetro del Año Viejo, ‘Crono-Ificles’, en el solsticio de invierno.
De aquí que Heracles instituyera los Juegos y diera el nombre a la sepulcral Colina de Crono ‘en una estación en la que la cumbre estaba humedecida con mucha nieve. La sustitución de la manzana por el olivo silvestre, que es el árbol que aleja a los demonios, implicaba la abolición de ese combate a muerte y la conversión del año simple, dividido en dos mitades, en un Gran Año.
Otra variante que da origen a los certámenes se remite a las competencias realizadas en los funerales efectuados en honor de algún personaje prominente, homenaje en el que participaban sólo los nobles guerreros, capitanes en sus ejércitos. Podemos encontrar un ejemplo de este tipo de certámenes en los celebrados en honor a Patroclo en la Ilíada; en cuyo caso Aquiles ofreció espléndidos premios a los concursantes; tales como caballos, bueyes, mulas, esclavas; trípodes, hachas, un disco, vasos, todos ellos objetos preciados de oro, plata, bronce y hierro.
Poniendo los mejores premios para el primer evento competido, la carrera de carros propulsados por caballos, con lo que se hace notar que esta competición era la más preciada entre los legendarios héroes que sitiaron Troya. Lo que de cierto señala la importancia que tenían los carros de combate en los tiempos arcaicos previos a la Grecia Helénica, para cuando desaparece el uso militar trasladándose al deportivo.
Prácticas competitivas relatadas por Homero en las que se vislumbra el que ya estaban bien delineadas en su(s) temporalidad(es). Las gestas mencionadas por el divino aedo son ocho en total: 1. Carrera de carros. 2. Pugilismo. 3. Lucha. 4. Carrera Pedestre. 5. Combate armado. 6. Lanzamiento de disco. 7. Tiro con arco. 8. Lanzamiento de jabalina. Pruebas de las cuales el tiro con arco y el combate armado son suprimidas en las Olimpiadas Antiguas, si bien, la carrera con equipo militar y el pankratión los compensaban.
Por Sergio Tolaba, academista olímpico (especial para Jujuy al Momento)