Cuyaya logró lo que anhelan Gimnasia y Zapla
El ultimo 19 de noviembre quedará en la historia del futbol jujeño, aquel sueño ramaleño de la Copa Jujuy finalizaba de la mejor manera, sensaciones varias de un grupo de entusiastas amantes del futbol que dejaron plasmado un sello para la posteridad.
El torneo tuvo a todas las ligas del futbol provincial involucradas, de norte a sur de este a oeste el certamen recorrió puntos geográficos que el mismo futbol había ido dejando de lado. Las rondas decisivas se acercaban. La paradoja fue que cada vez eran menos los protagonistas del juego pero más el entusiasmo de aquellos que iban por la gloria. La televisación fue un claro acierto; nuestro medio acompaño el desafío porque entendió que se trataba de un punto a favor del futbol.
Cada detalle sumo, pero el punto extremo fue la gente; la familia volvió al estadio … y Cuyaya lo hizo posible; primero en la semifinal ante Zapla donde el barrio entero se movilizó, estaba la barra los mismo de siempre, los de la liga jujeña los del bombo, trompetas, los trapos y redoblantes y además la barriada que se entusiasmaba cada vez más con el momento.
Aquellos que pintan canas se animaron a evocar aquel equipo de la década del 80, muchachos que volvieron incondicional a una hinchada tanto de local como de visitante, era la época del Torneo Confraternidad un certamen regional que quedo marcado como un tiempo dorado del Club, ese proceso que vivieron a flor de piel Eduardo Carrillo; Almaraz, el Moto Martínez, Pereyra, el Beto León; El pulga Ayala ,Luis Valencia, Burgos, Vacaflor, la Gata Castro, El Chueco Alvarez , Sarmiento y muchos más que vistieron al albinegra. Aquel representante llenaba la tablada y agitaba cada reducto lejos de casa.
Son otros tiempos pero el barrio volvió a convulsionarse, las calles tenían un común denominador: había que preparar el viaje a San Pedro para acompañar al equipo de “el Flaco” De los Ríos, los dirigentes se movieron con cuestiones inherentes a la seguridad para garantizar el camino al título. La Av. 9 de Julio (lateral al estadio) solo vestía los colores del Bandeño, a medida que pasaban los minutos la Vicera de Cemento se colmaba de hinchas, la barra le dio el lugar a la familia, estaban todos o al menos los que no quisieron perderse lo que a la postre sería una gran fiesta.
Cuyaya era campeón provincial, El Mago Cesar Ruiz levantaba la copa detrás su goleador Bruno Solorza, Arjona, Gago Rodríguez, el Hueso Arancibia, Martin Torres; Aldana, Monteserin, Videla, Angel Solorza, Machaca, Carrizo, Nacho Delos Rios, La Garza Garcia Jerez más Alfaro y un público que deliraba en las gradas, los jugadores al grito de dale campeón le devolvía al hincha ese sentido de pertenecía al club, se sintió identificado con un grupo que tuvo una conjunción de experiencia y juventud al que no le regalaron nada.
Basado en el sacrificio de un equipo humilde el Club Atlético Cuyaya consiguió lo que en Jujuy hace mucho no pasaba, chicos, jóvenes grandes y adultos perseguían un mismo objetivo, todo ese público que hace tiempo no concurría a un estadio un día volvió para acompañar, para brindar su total apoyo a un grupo que quedara en la historia grande del futbol bandeño. Desde ese momento comenzó otro gran desafío para la dirigencia; hacer que un puñado de esos hinchas puedan aportar como socios.