Crónica y cronología del desastre...
En su debut como árbitro en el torneo Argentino B, Luera dirigía un partido en el cual ganaba el local por 1a 0 con gol de Zelaya de tiro libre, en un encuentro deslucido, como a veces sucede con en estosclásicos. Hasta ahí el árbitro sacó adelante las acciones, aunque llamativamente, hizo jugar en el primer tiempo exactamente 51 minutos.
Claro que no fue Luera el único responsable de la jornada violenta, ya que la hinchada de Talleres de Perico, que se sentía perdedor, comenzó a arrojar objetos contundentes hacia la cancha. La policía tuvo que actuar arrojando gases y balas de goma. Conclusión: lahinchada de Talleres fue desalojada. El hecho ocurrió a los 47 minutos del segundo período. Ese fue el inicio de una cronología de sucesos increíbles.
54 minutos: Luego de que la hinchada de Talleres fue sacada de su tribuna (en las afueras del estadio se produjeron escenas de disturbios en donde se rompieron ventanas y automóviles de vecinos) el árbitro pudo haber suspendido oportunamente el partido ante los desmanes producidos. El reglamento hubiera amparado su decisión, además por una cuestión de sentido común.
Sin embargo Luera decidió reanudar el encuentro, dando 4 minutos más que tampoco tenían justificativo. Los jugadores de Zapla acataron la medida; entonces se interpretó que el partido se extendería hasta los 58. A todo esto el técnico Castro, de Zapla, vaticinaba diciéndoles a sus jugadores que tuvieran cuidado con el árbitro, porque en cualquier momento haría empatar el cotejo.
Desgraciadamente el minuto fatal llegó a los 59 minutos y 30 segundos. ¡Un minuto y medio más del ya excesivo tiempo adicionado! Allí fue el gol de Talleres que cayó de regalo para el conjunto periqueño y que desató el escándalo de la tarde.
Al respecto, Cesar Luera debió haber concluido el partido siempre con el amparo del reglamento y del criterio que no tuvo. Tampoco tuvo la inteligencia de evitar hacer patear ese tiro libre, pudiéndolo hacer, ya que el reglamento establece que la única jugada que debe hacerse ejecutar obligatoriamente, es la del tiro libre penal.
El gol desató la ira de la gente de Palpalá que se sintió despojada, mientras en el camino a Perico los hinchas del "Expreso" debieronenterarse del empate por intermedio de alguna radio.
La reacción de jugadores, cuerpo técnico y dirigentes, no se hizo esperar. Fueron escenas de histeria y de bronca totalmente entendible, aún cuando bajo ningún punto de vista la violencia se justifica.
Podemos entender que Cesar Luera tuvo una pésima culminación de su arbitraje aunque los dirigentes de Zapla sostengan la teoría de que "una mano negra" que subyace sobre este tema.
El mal arbitraje derivó en los hechos de violencia aunque pudo haber sido una tragedia de sólo ver las corridas, a los policías reprimiendo hasta controlar a los más exaltados. El árbitro tuvo retirarse pasadas las 9 de la noche.
Ahí concluyó la triste cronología de un final lamentable y parafraseando a Gabriel García Márquez en "Crónica de una muerte anunciada ", aquel presagio del técnico de Zapla terminó con un clásico para el olvido.