Copa América: Argentina volvió a fallar
Argentina perdió por penales (4-5) contra Uruguay y no pudo cortar la racha. De los cuatro partidos, sólo ganó el más fácil.
Hay partidos que se ganan, más allá del resultado. Y hay partidos que, como el de anoche ante Uruguay, se pierden más allá del resultado. Pese a la tendencia que Batista manifestó en la mayoría de los partidos que dirigió al seleccionado mayor de poner en la cancha a cuatro defensores y a tres hombres con características naturales de volantes centrales, la positiva actuación que se consiguió ante Costa Rica con una formación sustancialmente más ambiciosa que la habitual, ayudaba a soñar con una noche reivindicatoria ante los muchachos de Tabárez. Y fue así, pero solo durante un ratito.
Paradógicamente, la eficacia de la apuesta solo se hizo realidad durante el rato que fue desde el primer gol uruguayo hasta la muy tardía expulsión de Diego Pérez. A propósito, y como aislado paréntesis en el desarrollo de la idea: el volante uruguayo no debió haberse ido de la cancha a los tres minutos de juego, cuando la descalificadora plancha que le puso a Mascherano solo mereció la amonestación.
Bastó que la Argentina quedara en ventaja numérica para que el partido se terminara jugando irreversiblemente como le convenía a los visitantes. Y no me refiero solo a los roces o a las asperezas, si no al ritmo y hasta a la distribución geográfica de las intenciones. En este concepto reside la idea de que la Argentina perdió en Santa Fe, mucho más allá del resultado final y mucho antes de la angustiante definición por penales.
No faltará quien diga que a la Argentina la desequilibra armar un esquema con cinco jugadores cuya esencia es la creación y el ataque. En un fútbol tan amarrete como el que a veces nos toca soportar, cuatro defensores en línea y un volante con tantas bondades en la marca como Mascherano deberían ser más que suficientes para neutralizar un ataque como el uruguayo. Con lo que uno no cuenta es con la ineficacia que exhibió la gran mayoría de los defensores argentinos. Suárez fue un coloso influyente sin siquiera necesitar patear al arco, Forlán hizo que cada tiro libre se sufriese como un penal, Lugano, Cáceres y Scotti ganaron de arriba como si tuviesen el tamaño de Shaquille O’Neal, y si Pereira o Alvaro González no desequilibraron fue, simplemente, porque estuvieron en la cancha con otras prioridades.
La Argentina solo podrá disfrutar de las maravillas de que dispone de media cancha hacia adelante cuando consiga reformular su defensa. Evidentemente no se trata solo del sistema si no, sobre todo, de los nombres. Mascherano se fue antes. Y si Milito y Burdisso llegaron hasta el final fue por la extrema tolerancia del árbitro paraguayo.
Es verdad que se enfrentó a un rival que a partir de la enorme epopeya sudafricana se potenció, creció la esencia de su espíritu y la calidad de su concentración para superar contratiempos. Y que anoche convirtió a Muslera en un arquero acorde con la estirpe de los más recordados.
La variable final, y seguramente la más valiosa pensando en quien tiene que tomar estas decisiones, es la del técnico. Un técnico del cual se estará hablando mucho durante los próximos días.
Fuente: Perfil
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