Cierra la revista “El Gráfico”: “me partieron el alma”
Porque solamente los imbéciles pueden intentar desdramatizar porque les parece una frivolidad hablar del cierre de una revista deportiva. Pero quién no conoció ni sintió esa inquietud que te producía esperar la edición semanal que reflejaba todo el deporte del país, nunca sabrá mensurar la amargura, de quienes hasta coleccionábamos los números, al menos desde que tuvimos la ocasión de conocerla, ya que su génesis fue un exactamente un viernes 30 de Mayo de 1919, para constituirse en la Biblia de los amantes del deporte argentino.
¿Qué jugador no soñó con salir en algunas de sus páginas o de algún día ser tapa?, por eso digo que cada edición está en los cajones de manzanas que son como un baúl de recuerdos y en la retentiva cada vez que hablamos de fútbol con los muchachos del bar.
Ojo, aclaro que si tengo una considerable cantidad de revistas, es porque en ese tiempo, había canjes de revistas (2 X 1), porque en realidad mientras mi hermano tuvo trabajo compraba la edición semanal, pero luego cuando la “Mishiadura” llegó a nuestro hogar iba a la casa de un amigo que la compraba o bien aprovechábamos la peluquería del barrio para poder tenerla por un rato.
Siento casi lo mismo como cuando me quitaron la revista “Billiken” o “Anteojito”. ¿Saben que pasa? Es que en verdad cuando yo tenía cinco años ya sabía leer porque me prendía a ver las fotos y los títulos de los diarios de mi provincia de la sección deportes y con las revistas didácticas avanzaba en mi lectura. Pero cuando llegó “El Gráfico” a mis manos, mi pasión fue creciendo, especialmente con el fútbol y esas plumas de oro como la de Dante Panzeri u Osvaldo Ardizzone, Juvenal y muchísimos más, que contribuyeron a mi formación como periodista deportivo.
Es más, cuando la gente de hoy que no me conoce personalmente, cree que tengo 70 años, por dar a conocer mi estilo y mi impronta, ya que de todos esos monstruos del periodismo pude adquirir mi propio perfil. “El Gráfico” definitivamente fue escuela y universidad, como la calle y la vida misma.
Todavía recuerdo mirar la síntesis de los partidos por el Torneo Nacional, leyendo las formaciones de Gimnasia, Zapla o Atlético Ledesma, era un orgullo ver los nombres y apellidos de los jugadores de nuestra provincia. Recuerdo que calificaban a cada jugador con un puntaje, también la actuación del arbitraje, el estado del campo de juego, el partido que podía ser malo, aceptable, intenso, bueno, muy bueno o excelente. Y la “frutilla del postre”: la foto de la figura del partido juntamente con la crónica del encuentro.
De todas maneras, aquellos maestros que escribían sobre los partidos más importantes, fueron partiendo al Olimpo de los más letrados, los que mezclaban el saber, la bohemia, el lunfardo, la metáfora y la poesía. Después, con la desaparición de estos próceres escribas, la revista ya dejaba de ser lo que era, de pronto su característica y percepción modificaron lo que era una enciclopedia para los que nos gustaba aprender.
Igualmente seguí aprovechando, sobre todo de las entrevistas y de las fotos espectaculares acorde a los nuevos tiempos. Había un respeto y un prestigio ganado, por todo lo que significó en los lectores de sus páginas.
Porque aunque ya no era lo mismo e incluso sobrevivió haciéndose una tirada mensual, la nostalgia invade no solo mi alma, sino también la de mi generación anterior, cuando comienzan a añorar, el papel rústico de sus inicios, la llegada del color de sus hojas, de las figuras del deporte en pose o en acción, las camisetas con botones o con la tira en el cuello...¡cuántas tapas habrá tenido Maradona, como aquella con la más famosa copa consagrado campeón del mundo en México, con 690.000 ejemplares vendidos! Y ¿Quién olvidará esa tapa de negro con la palabra vergüenza, cuando Argentina perdió 5 a 0 con Colombia en el Monumental?
Con el cierre de la emblemática revista, se nos va un pedazo de infancia, de adolescencia y de juventud. Con ella se van viejos amigos, vecinos nuestros padres y sobre todo las figuras del deporte de hoy y de siempre.
Hay pena en el corazón del periodismo deportivo, porque así como no se escriben cartas y se leen pocos libros, la tecnología va humillando la imaginación y los sueños cuando esperábamos en el interior los días martes cuando llegaba nuestro querido “El Gráfico”.
Como el final triste de esta historia, desfilan las imágenes de Fangio, Reuteman, Furlong, Cabrera y Ginóbili; Luciana Aimar, De Vicenso, Alberto Demiddi, Jeanette Campbell, Juan D. Nelson, Carlos Monzón, Vilas, Gabriela Sabatini, Roberto Perfumo, Independiente y sus copas, Racing, Boca, River, Argentina 78, Diego con la copa 86, Hugo Porta y la última tapa de Holan técnico de Independiente nuevamente campeón. La última imagen de una leyenda, de un mito y de un tiempo que no volverá...