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Abebe Bikila, un grande del atletismo mundial

El atleta etíope fue el primero en ganar en dos juegos olímpicos consecutivos, en uno de ellos corriendo descalzo. Años más tarde, sufrió un accidente automovilístico que lo dejó inmovilizado de la cintura para abajo.

Abebe Bikila, nacido el 7 de agosto de 1932 en Mout, Etiopía, era un atleta completamente desconocido fuera de África. A los 20 años, su vínculo con el atletismo solo existía en breves carreras que, de manera esporádica, Abebe realizaba únicamente por placer y para mantenerse en forma.

Pero cuenta la leyenda que, una tarde, Bikila vio a un grupo de hombres corriendo con una camiseta que en su espalda decía “Etiopía”. Se emocionó y preguntó quiénes eran. Cuando le dijeron que eran atletas del equipo nacional que estaban entrenándose, no lo dudó ni un instante. Había encontrado su lugar en el mundo.

A pesar de incorporarse rápidamente al equipo, Bikila todavía no sabía de su verdadero potencial. Y si bien para comienzos de 1960 ya era conocido y había logrado un mediano grado de popularidad en su país, para el resto del mundo era un don nadie. Incluso ni siquiera fue seleccionado para representar a Etiopía en los Juegos Olímpicos de Roma de ese año. Pero el destino tenía preparado algo grande y el azar quiso que uno de sus compañeros elegidos se lesionara en un partido de fútbol y él ocupara su lugar.

Según algunas versiones, el cambio de nombre fue tan repentino que el avión con destino a la capital italiana retrasó su partida para esperarlo. El día de la gran prueba, Abebe Bikila, ya con 28 años, se preparó para dar lo mejor que tenía, en nombre de su país. Se vistió sin problemas, pero cuando se calzó las zapatillas con las que debía correr, no se sintió a gusto con ellas. Es más, estaba realmente incómodo.

Lejos de desanimarse o pensar en el abandono, Bikila se quitó el calzado y decidió que correría por las calles de Roma como tantas veces lo había hecho y como más cómodo se sentía: descalzo. A su paso, los espectadores lo observaban extrañados, y se miraban unos a otros preguntándose quién era ese hombre que corría sin zapatillas, con los pies desnudos.

Las curiosidades del recorrido hicieron que Bikila pasara durante la prueba frente al obelisco de Axum, que fuera robado a su país natal en 1937 por el ejército italiano, durante la Segunda Guerra Ítalo Abisinia. La carrera largó a media tarde para evitar las altas temperaturas. Los corredores empezaron a marchar a los pies del imponente Arco de Constantino. Los favoritos se abrieron paso rápidamente, para tomar distancia del grupo inicial. Uno de ellos era el marroquí Rhadi Ben Abdesselam, candidato al oro.

Sin embargo, cuando la noche empezaba a ganarle la pulseada habitual al día, apareció en acción Bikila, que a medida que pasaban los kilómetros demostraba un ritmo constante y pocos signos de cansancio. Fue una carrera emocionante. Bikila y Abdesselam corrieron a la par durante gran parte de la prueba, ante una multitud que los ovacionaba a su paso. Los dos atletas corrieron juntos hasta los últimos 500 metros, cuando Abebe se adelantó.

Cuando llegó a la meta, clavando el cronómetro en dos horas, 15 minutos y 16.2 segundos, estableciendo un nuevo récord mundial, con el público enloquecido y rodeado de ovaciones y flashes de los fotógrafos, Bikila, el corredor descalzo, siguió su paso y recién se detuvo en el Arco de Constantino, a pocos metros de donde Mussolini había partido con su ejército a la conquista de Etiopía. Allí le rindió honor a su país Cuando le preguntaron por qué corría sin zapatillas, Bikila fue consciente del simbolismo de su gesta y dejó una frase para todos los tiempos: “Quería que el mundo supiera que mi país, Etiopía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo”. Pero las hazañas olímpicas de Abebe no terminarían tan pronto. Cuatro años después, en los Juegos de Tokio, el atleta etíope impresionó más todavía y ratificó su vigencia.

Calzando zapatos de carrera por primera vez en su vida, registró un mejor tiempo de 2:12:11.2; superando al segundo por un margen de cuatro minutos, y convirtiéndose en el único atleta en ganar dos maratones olímpicas consecutivas.

Bikila fue por más y trató de colgarse una tercera medalla dorada en los Juegos de México DF, en 1968. Sin embargo, la altitud de esa ciudad le jugó una mala pasada y debió abandonar la prueba en el kilómetro 17. Las paradojas de la vida hicieron que este maratonista impresionante sufriera en 1969 un tremendo accidente automovilístico cerca de Addis Abeba, en Etiopía, que le produjo una parálisis total desde el abdomen hacia abajo.

“Los hombres exitosos conocen la tragedia. Fue la voluntad de Dios que ganase los Juegos Olímpicos, y fue la voluntad de Dios que tuviera mi accidente. Acepto esas victorias y acepto esta tragedia. Tengo que comprender ambas circunstancias como hechos de la vida y vivir feliz”, dijo entonces.

Pero la tristeza lo superó. Cinco años más tarde, el 25 de octubre de 1973, Abebe Bikila moría a causa de una hemorragia cerebral provocada por complicaciones derivadas de su accidente, a los 41 años.

Fuente: 50 glorias del deporte olímpico
Pablo Lisotto

Por Sergio Tolaba, academista olímpico (Especial para Jujuy al Momento)

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