La belleza de lo simple e imperfecto
El estilo decorativo wabi sabi surge del Japón milenario en el que los ambientes revestían un marcado aire minimalista, combinando elementos provenientes de la naturaleza (madera, piedra, flores, etcétera).
Se basa en la belleza de la imperfección, ya que encuentra el valor de lo asimétrico, áspero, sencillo, humilde, íntimo e imperfecto.

El concepto wabi (soledad) sabi (marchito, oxidado) representa la liberación de lo mundano y superfluo, trascendiendo hacia una vida más natural y sencilla. Esta corriente filosófica se asienta en tres principios que surgen de un proceso natural: nada dura para siempre, la belleza no es permanente, nada es completo y nada es perfecto.

El wabi sabi en decoración se plasma en la actualidad mediante la creación de ambientes despojados, sencillos y con un toque íntimo, sereno y atemporal.

La esencia de este estilo decorativo puede resumirse en la simpleza y la belleza rústica e inacabada de materiales y formas que no guardan una simetría absoluta, pero fusionada con líneas bien modernas.
Las imperfecciones o defectos que se producen durante el proceso de elaboración son los que dan a los objetos esa cualidad de únicos y elegantes.

La liberación de lo mundano y lo superfluo -consigna básica del wabi sabi- se consigue utilizando materiales nobles y simples que brinda la naturaleza: maderas envejecidas con sus grietas e imperfecciones, la piedra, las flores... Se evitan los acabados brillantes y el mobiliario nuevo.

Hay una belleza implícita en todos los objetos que no son perfectos. A la hora de elegir textiles, se privilegian el lino y el algodón.

También admite el uso de antigüedades y objetos de gran valor sentimental o funcional, y una estética y comodidad que da la bienvenida a un componente espiritual sutil en el hogar .

En este estilo se pueden fusionar perfectamente el estilo minimalista con los elementos naturales del estilo rústico.

Más que una tendencia de decoración, podemos decir que el estilo wabi sabi es una forma de vida centrada en la "aceptación de la transitoriedad", una de las principales enseñanzas budistas. Así, trascendiendo lo meramente estético, el momento de decorar se convierte en un estado mental en el que se da más importancia a las personas que a las cosas.

Algunos consejos para dar los pasos en la dirección correcta son:
- Armoniza tu casa a través del silencio: En la medida de lo posible, trata de aislar tu pequeño santuario -tu casa- del ruido con alfombras, buenas ventanas, minimizando el ruido de electrodomésticos, etc. El silencio es una invitación al equilibrio y la armonía.
- Mantené el orden: Comenzá lentamente, ordenando un armario, un espacio a la vez. Mantener el orden es sencillo si dedicás 15 minutos al final del día para organizar todo lo que esté fuera de lugar. Tener lugares para almacenar las cosas puede ayudar a conservar el espacio equilibrado.
- Apreciá lo imperfecto: No te deshagás de esas cosas antiguas y un poco desgastadas por el tiempo que tanto apreciás. Valorá la magia de la historia que encierran esas pequeñas imperfecciones. Integralas a tu espacio, aprendé a armonizarlas con tu entorno.
- Inspirate en los colores de la naturaleza: Colores otoñales de la primavera, los árboles, las hojas.
- Traé la naturaleza a tu casa: Los arreglos florales en honor de la estación son esenciales en el wabi sabi y no deben seguir ninguna regla específica.
- Ponele alma a tu espacio: Sumale los recuerdos, las fotos familiares, los dibujos hechos por los hijos, ese jarrón antiguo heredado de la abuela. Los objetos importan más por los recuerdos que por su valor físico o estético.
- Que no falten las velas: Ese estilo le otorga particular importancia a las velas bien distribuidas en la estancia.


