¡Holis! ¿El lenguaje marca una brecha intergeneracional?
A principios del Siglo XX, no era tan frecuente tutearse entre compañeros de oficina, y mucho menos aceptable hacerlo con el jefe. Otro ámbito… En la Universidad, para rendir un examen oral con posibilidades de éxito, era prácticamente obligatorio el uso de saco y corbata. Hoy, en los turnos de diciembre o marzo, se presentan con bermudas y ojotas. ¿Es la vestimenta un dato imprescindible para evaluar los conocimientos adquiridos?
Hay que abrir la posibilidad de incorporar a las nuevas generaciones que ya están golpeando la puerta, prestos a entrar. "Nada se pierde, todo se transforma", diría Antoine Lavoissier en 1791, lo más importante y difícil, es transformarse a sí mismo, es decir, tener la voluntad y decisión de adaptarse al nuevo país, cuya geografía y habitantes no han sido estudiados suficientemente todavía. Apenas tenemos algunos datos, pero si nos quedamos aferrados al mismo lugar, será convertirnos en pobres náufragos perturbados.
Para la nueva generación una buena relación con el jefe significa un fuerte vínculo que va más allá de lo profesional, es decir, valoran los consejos, el apoyo, el reconocimiento; buscan ser considerados personas integrales, aprecian un buen clima laboral, entendiéndolo en un contexto con códigos informales, donde cada quien puede mostrarse como es, decir lo que piensa y ser valorado, donde se respete a todos y sus diferencias, se reconozcan los logros grupales y se festejen, y, sobre todo, se disfrute el trascurrir el tiempo allí, más allá del trabajo que se haga.
En las oficinas hay sucesos importantes que solo son conocidos por compañeros de trabajo y no trascienden más allá de las cuatro paredes de una oficina, aunque son brotes de una civilización no descubierta aún. Veremos un caso que tuvo lugar en una empresa importante.
La jefa de Personal, una mujer que frisa las cuatro décadas, recibe un mail interno de un nuevo empleado con la mitad de su edad. Empieza de la manera que sigue: "Holis. ¿Cómo te va? Soy Fernando de Expedición". Expone su caso y finaliza escribiendo: "Gracias, tesoro, por leer y espero se pueda solucionar". La jefa, no sin cierta sorpresa, lo invita a conversar en su oficina y lo recibe: "Holis. Soy la Jefa de Personal. Coméntame lo que sucede". El joven saluda respetuosamente. "Buen día, ¿cómo está usted?". Ella responde: "Yo muy bien, mi tesoro". El empleado, un poco confuso, pregunta: "Disculpe, ¿usted se siente bien?". "Me siento fantástica. ¿Por qué?". "Por su forma de hablarme", responde el joven empleado". La jefa traduce: "Ah, comprendo. Lo decís por el 'holis' y el 'tesoro'". El muchacho se ríe, entiende la situación y concluye: "¿Sabe qué? Ahora creo que va a interpretar lo que me pasa con mi jefe. ¡No me entiende! Se enoja, me evalúa mal por mi manera de expresarme".
El jefe es un señor de cinco décadas. La Jefa de Personal con mente abierta y ágil trató de explicarle a éste sobre las diferencias en el lenguaje generacional, pero con dudoso éxito. Naturalmente, significa un esfuerzo, pero necesario. Algo así como mudarse de país sin conocer una la lengua del lugar.