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Por fin llegaste Carnaval

El alegre y dicharachero Pujllay espera el “desentierro” para dar rienda suelta a sus travesuras mientras jujeños y turistas se disponen a vivir un año más de esta celebración milenaria, expresión viva de nuestra cultura.

Tras los jueves de agasajos a los ahijados, los compadres y las comadres, el diablo del carnaval espera por su “desentierro” para dar comienzo a la fiesta popular más esperada.

La gente se reunirá alrededor del mojón junto algún río, en lo alto o al pie de un cerro para sacar al “Pujllay”, un muñeco que imita la figura de un diablito y simboliza al sol, quien es el encargado de fecundar a la tierra, la “Pachamama”.
 
Según dice la creencia, el diablo baja de los cerros y se mimetiza con pobladores y turistas, y hace difícil saber quién es quién. Las máscaras, los trajes adornados con espejos y lentejuelas, el talco y la espuma ayudarán a ocultar la identidad de los que participan de la fiesta.

Todo es entusiasmo y alegría porque habrá comida, bebida y bailes en abundancia con invitaciones gratuitas en las comparsas que junto a los diablos y sus banderas recorrerán las callecitas polvorientas bailando carnavalitos, cuecas, taquirari y todo el repertorio de canciones populares.

Algunos se reunirán a cantar coplas o armarán peñas para cantar y bailar hasta el amanecer, tomarán chicha cubiertos de papel picado, serpentina y ramos de albahaca, para ahuyentar las malas ondas.

Así es que una semana antes de la Cuaresma y en coincidencia con el comienzo del tiempo de la cosecha, se sucede esta milenaria celebración llena de fantasía, música y color.

En los pueblos andinos, el carnaval español se fusionó con costumbres ancestrales y rituales destinados a celebrar la fecundidad de la tierra, lo que da cuenta que detrás de la fiesta del Carnaval hay 10.000 años de cultura viva y de expresiones que se resisten y se mantienen a través del tiempo.

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