Jujuy | Crisis

"A veces dan ganas de tirar la toalla", un comedor jujeño resiste a la crisis

Los merenderos sienten cada vez más el impacto económico y en muchas ocasiones piensan en cerrar sus puertas. A estos espacios se acercan más de 100 familias para tener un plato de comida caliente. Aquí el relato de cómo sostiene el comedor "Nolasco" en Palpalá.
  • El comedor Nolasco de Palpalá cuenta con más de 100 familias y en estas últimas semanas se sumaron cuatro más.
  • Muchos profesionales asisten a este espacio, ya que el sueldo que perciben no les alcanza para llegar a fin de mes.

La situación en los comedores de la provincia es muy complicada, ya que no se cuentan con las ayudas correspondientes desde el gobierno provincial y el trabajo que se viene haciendo es netamente a pulmón.

En el comedor y merendero Nolasco, del barrio Las Tipas en Palpalá, se viene incrementando el número de familias que acuden por un plato de comida caliente. Así lo menciono Susana Bejarano, encargada del lugar: “Se van sumando más familias. En esta última semana se sumaron cuatro familias, que incluyen entre ocho y diez niños más”.

“A veces dan ganas de tirar la toalla”, un comedor jujeño que resiste a la crisis

En este último tiempo, también se puede observar la cantidad de profesionales que se acercan a estos espacios, para poder tener un plato de comida, ya que lo que perciben no les alcanza para poder llegar a fin de mes. “Hay profesionales que no les alcanza el sueldo y vienen. Hay una maestra que viene a retirar para sus cuatro niños y es sola, no le alcanza el sueldo que cobra. Paga los impuestos o come”, comentó la referente.

Desde el sector provincial, siguen sin brindar la ayuda necesaria, para poder brindar la contención correspondiente a cada una de las familias que llegan a estos lugares. “Acá la gente de provincia no se acerca. Sé que tienen conocimiento de lo que se hace en el comedor, acá venimos trabajando año a año. Seria lindo que se acerquen”, comentó la referente del comedor, quien añadió, “pedimos chapas, vivimos en la intemperie. En invierno es feo para los chicos que vienen a las clases de apoyo, tienen que venir bien abrigados. Pedimos ollas, se sumaron gente y contamos con un tacho que no es muy grande”.

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El actual contexto económico complica mucho el poder continuar con estas tareas. Pero a Susana Bejarano lo único que le brinda fuerzas para poder continuar es la situación de cada uno de los chicos que llegan al comedor Nolasco.

“Nosotros seguimos. Espero que podamos seguir adelante, más que nada por los niños que esperan tener un plato de comida. Hay veces que da ganas de tirar la toalla, pero ves las caras de los niños y hay que seguir. No queda otra”.

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