En horas se firma el traspaso de La Esperanza
Se trata de un convenio suscripto entre el gobierno y el grupo inversor Omega Energy que pagará 85 millones de dólares para quedarse con la empresa.
Se define el futuro de La Esperanza. Después de 17 años, el gobierno oficializa la venta de la empresa a un inversor privado.
La quiebra del histórico ingenio azucarero de la localidad de San Pedro se concretó en 1999. La fábrica tenía en su planta a 2.553 trabajadores y producía alrededor de 85 mil toneladas de caña de azúcar.
En diciembre 2017, y luego de 17 años, cuenta con menos de la mitad de los obreros, exactamente 1.048, y el último año su producción no llegó a las 50 mil toneladas de azúcar.
Por la obligación social con las familias que dependían de esa fuente laboral, el estado se hizo cargo de la administración del ingenio durante todos los años en los que permaneció quebrado, aplicando las más variadas e insólitas formas de gestión.
Al ingenio lo administraron desde funcionarios públicos, hasta sindicalistas, pasando por algunas empresas privadas que lo arrendaron temporalmente sin poner un peso de inversión.
En el medio hubo innumerables denuncias por enriquecimiento y actos de corrupción que el gobierno actual denunció ante los medios, pero fue incapaz de poner un solo expediente en la justicia.
En su momento, desde el gobernador Gerardo Morales hasta los funcionarios del área de producción se encargaron de decir que en La Esperanza se habían “robado todo”.
Semejantes afirmaciones jamás se convirtieron expedientes judiciales, lo que habla de dos cosas: complicidad o mentiras.
Hoy el conflicto lo agita el sindicato. Luego de años de convivir con administraciones atestadas de sospechas, los dirigentes sindicales son quienes más trabas ponen para la salida de la quiebra del ingenio.
Pese a que se les garantizó que ningún trabajador quedará en la calle y en el peor de los casos, 300 pasarán a formar parte del estado, la dirigencia sindical se aferra a su intransigencia.
Son conscientes de que el déficit es monstruoso y supera los 500 millones de pesos al año, pero se niegan a resignar un puesto de trabajo, como si el dinero para pagarle a medio mundo sobrara y lloviera del cielo.
Finalmente el convenio para la venta se firmará en las próximas horas con un nuevo grupo inversor, del que pocos antecedentes se conocen en el mercado.
En un clima espeso, todos procuran que se termine la fiesta en el controvertido Ingenio La Esperanza.

