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El orégano, bajo la lupa: la ciencia está estudiando las propiedades de esta especia

Algunos compuestos presentes en el condimento estrella de pizzas y pastas tienen una ligera actividad antimicrobiana, por lo que se están estudiando sus efectos para la salud.

No todo el monte es orégano”, indica el refranero español, pero si lo fuera, el aroma que desprendería inundaría las ciudades y pueblos de alrededor. Esta hierba que crece en países que rodean el mediterráneo ha sido omnipresente en la gastronomía de innumerables culturas y civilizaciones. Pero también ha ocupado su lugar en remedios tradicionales.

De la planta del orégano se emplean las hojas y las flores, que normalmente se recolectan cuando durante el verano, cuando estas últimas están completamente desarrolladas. En plantas jóvenes esta recolección sólo se realiza en una ocasión, pero una vez han arraigado y crecido se puede hacer hasta dos veces durante la estación. Normalmente, una vez recolectadas se secan en secaderos para concentrar los sabores y así, aportar notas florales a cualquier pizza, pasta o ensalada, lo que proporciona un inconfundible aroma mediterráneo.

Ya en la antigua Roma, historiadores como Plinio el Viejo reconocían al orégano como una de las hierbas básicas de los herbolarios, una idea que se fue transmitiendo hasta bien entrada en la Edad Media. En la actualidad se han descubierto más de 60 compuestos con potencial biológico en la planta del orégano, entre los que destacan el carvacrol, timol, limoneno y pineno. La planta, en un principio, produce estos compuestos para evitar a depredadores como los caracoles, pero los humanos, al igual que sucede con otras muchas especias, los hemos incorporado alegremente a nuestras dietas.

En las raciones habituales que se colocan en cada plato (0,25 g), la dosis total de todos los compuestos que acaban en el organismo es irrisoria, por lo que no tienen ningún efecto más que el de aportar el aroma. Sin embargo, en las últimas décadas han aparecido una serie de aceites esenciales que concentran estos compuestos.

La medicina tradicional y el orégano

Una idea que ha de quedar clara es que todavía no existe evidencia suficiente para indicar el uso del orégano para el tratamiento de ninguna dolencia. Las investigaciones clínicas que se han llevado a cabo hasta la fecha son muy pocas, y los resultados, mixtos en el mejor de los casos. Además, las dosis y las pautas necesarias para maximizar su efecto terapéutico no están claramente establecidas. Por ello, los expertos indican que no es recomendable tomar orégano para tratar de curar ninguna dolencia.

Por ello, aunque tradicionalmente se ha utilizado para tratar el malestar estomacal y la indigestión, el dolor de cabeza, cólicos e incluso trastornos nerviosos, no está probado que estos tratamientos funcionen. Es decir, no se sabe si esto les ayuda a ciertas personas por el hecho de tomar orégano o por otras cuestiones externas, como relajarse y el extra de hidratación que supone tomarse una infusión. Además, los aceites de orégano también se han empleado de forma tópica en ungüentos y lociones, lo que en ocasiones puede dar lugar a irritación y reacciones alérgicas.

¿Pero qué dicen las investigaciones serias de sus compuestos?

Para que un compuesto tenga acción sobre el organismo ha de activar o desactivar algún receptor presente en nuestras células. En el caso concreto del orégano, las posibles propiedades terapéuticas podrían estar relacionadas con que el carvacrol y el timol actúan sobre los receptores que detectan el calor. Concretamente, actúan sobre TRPA1 y lo desensibilizan, lo que da lugar a una sensación cálida. Este efecto distinto al que produce la capsaicina sobre el mismo receptor. Este compuesto, presente en los chiles, activa TRPA1 y produce la sensación de dolor que conocemos como “picante”.

Se especula que estos efectos podrían mediar en la inflamación y en la actividad antioxidante del organismo, pero los estudios al respecto todavía no han pasado a fase clínica, sino que se han probado en células crecidas en un laboratorio. Extrapolar estos resultados a lo que sucede en el organismo, por tanto, es simplificar demasiado el proceso.

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Foto: iStock - Pizzero añadiendo orégano durante la preparación de una pizza.

Donde sí que ha habido ensayos más exhaustivos es en sus aplicaciones antimicrobianas, tanto antifúngicas como antibacterianas. El carvacrol parece inhibir el crecimiento de hongos de las especies Aspergillus y Penicillium e incluso Candida(que produce las candidiasis) en concentraciones bajísimas, por lo que podría estudiarse su uso a la hora de evitar infecciones. Además, en estudios con animales han observado que hay parásitos de ciertas aves, como las gallinas y los faisanes, que son susceptibles al carvacrol. Y por último, en humanos se ha visto en estudios muy pequeños que podría ser útil para desarrollar tratamientos contra la giardiasis y algunos otros microorganismos que producen malestar gastrointestinal.

Sin embargo, uno de los estudios clínicos más interesantes que se han realizado con los aceites esenciales del orégano tiene que ver con la cicatrización de heridas. El estudio, que reunía 40 personas, era un doble ciego, (en el que ni pacientes ni investigadores saben si están aplicando el compuesto activo o un placebo) y dio lugar a resultados dispares entre los dos grupos.

En el estudio, los investigadores aplicaron un extracto de aceites esenciales de orégano disuelto en vaselina sobre heridas de pacientes sometidos a intervenciones en la piel. Se aplicaban durante 12 días, dos veces al día. Tras acabar el experimento, las personas que habían recibido el tratamiento con el aceite de orégano reportaron menos infecciones que aquellos que habían recibido sólo vaselina. Como efecto inesperado, la cicatrización también fue mejor en el grupo que recibió el orégano.

¿Entonces tomo orégano, o no?

Por supuesto, pero no por sus efectos medicinales, sino porque aporta un toque maravilloso a todos los platos que llevan tomate, aceite y otros sabores mediterráneos. La evidencia científica no es lo suficientemente sólida como para recomendar el consumo de orégano para ningún tratamiento, a pesar que los remedios tradicionales digan lo contrario.

Como ya hemos comentado en varias ocasiones durante esta saga de artículos acerca de las especias y hierbas, aumentar el especiero siempre es una buena idea. Gracias a las especias el paladar viaja a lugares lejanos sin moverse de la silla, y ayuda a comprender cómo estas hierbas, semillas, ramas y cortezas han ayudado a modelar la gastronomía de los lugares. En este caso, el orégano, una hierba tan mediterránea, se ha colado en las cocinas de prácticamente todos los países por una razón, su aroma inconfundible y su calor agradable transforman cualquier plato en una experiencia exquisita.