Travesía Cultural | Celebración |

San Salvador de Velazco en el Valle de Jujuy

Las celebraciones reviven la memoria de esfuerzos y luchas por la fundación de una ciudad, como es el caso de la nuestra. El hidalgo Francisco de Argañaráz y Murguía concreta este deseo un 19 de abril de 1593 e impone el nombre de “San Salvador de Velazco en el Valle de Jujuy” a este pedazo de suelo abrazado por el Río Grande, al norte, y por el Chico o Xibi Xibi, al sur.

Estas raíces nos sostienen, nos hacen caminar con la seguridad del reconocimiento.

Mirar nuestras montañas, los ríos que nos circundan, aspirar el aire de otoño, sentir la tibieza del sol conocido y luminoso, nos guía en el andar, con la satisfacción de nuestra identidad jujeña.

Reconocemos las huellas intensas de la historia, reflexionamos acerca de nuestra “Tacita de Plata, “fértil y abundosa”. Escuchamos los disparos de arcabuces y petardos que la proclamaban en aquel instante. Recordamos la participación y sacrificio de los jujeños en el camino de la Independencia comandados por el general Manuel Belgrano.

Entonces, celebramos aún más la Memoria con textos que intentan provocar la emoción.

¡Felicidades en tus 425 años, San Salvador de Jujuy!

 

TIERRA POSEÍDA

Y la pasión se posó en la india desnuda. La sedosa barba cosquilleó en su piel y asombró su vientre tibio y fecundo.

El acto posesivo tenía un aroma distinto, como los ojos que la miraban, como el abrazo más estrecho y más íntimo. Sumisa, grabó las nuevas huellas del guerrero blanco y exigente y quedó palpitante y sedienta de otros momentos.

Lo siguió en su búsqueda incesante del mejor asiento y aprendió a limpiar los arcabuces, la armadura y la cruz del pecho.

En las noches, cuando los grillos cantaban y se oían letanías extrañas, la nostalgia de sus hermanos la acongojaba y necesitaba del abrazo rústico, del roce torpe y ocre abandonados. Se refugió entonces en el verde susurrante de sus montañas, en la nieve del Chañi que la miraba. Y los lapachos florecidos la perfumaron y los ríos calmaron el desasosiego.

Así, engendrada, aguardó paciente el caro fruto de la nueva raza.

 

Susana Quiroga

 

 

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