Ya se palpita el desentierro del "Pujllay"
Jujuy ya palpita el desentierro del Pujllay, que dará inicia a sus carnavales, tras el Jueves de Comadres -que se realizó en toda la provincia-, en el que las mujeres celebraron encuentros entre ellas en medio de agasajos llenos de serpentina, talco y aroma a albahaca, que ponen al máximo, de acuerdo con la tradición oral, los pálpitos por el desentierro de mañana del diablo carnavalero.
Sobre el Día de Comadres, Beatriz Cabana, docente, coplera y reconocida hacedora cultural en la provincia, dijo a Télam que "es un día en el que se fortalecen vínculos y que se celebra con almuerzos típicos, encuentros de alegría donde se cantan coplas y se festeja hasta el anochecer".
El encuentro que llevan adelante las comadres es además "una forma de esperar el carnaval, para que las sorprenda luego de ya haber hecho una catarsis y soltar angustias mantenidas durante el año", agregó.
Entendida como un ritual, la celebración posee muchas particularidades y tiene sus formas más arraigadas en Quebrada y Puna, obedeciendo al calendario rural y en medio de una reafirmación de respeto a la Madre Tierra, de donde todos somos hijos.
Cabana explicó que en el marco de una cultura muy rica y solidaria, las mujeres, por sobre todo, "se encuentran para volver a reafirmar la confianza que se tiene al ahijado, el hijo que se da en encargo para que sea criado si le faltara la madre".
Como parte del encuentro las comadres que se reúnen, algunas de ellas después de una año de no haberse visto, y "se entregan mutuamente lo que una trajo para la otra en medio de un acto de lealtad, para luego enfiestarse" revestidas con serpentina, papel picado, talco y albahaca, entre otros.
De los festejos suelen participar muchas turistas que se encuentran en la provincia, las cuales, según valoró Cabana, lo hacen con "mucha responsabilidad", sumándose a festejar y luego volviendo a sus casas a "hacer todos los deberes".
Los bailes carnavaleros suelen adueñarse de los espacios, mientras las comadres copleras, caja en mano, cantan versos sencillos pero profundos vinculados con el amor, la traición, el carnaval y el recuerdo de los ausentes.
Al culminar este Jueves de Comadres, todo estará listo para que el sábado las comparsas "desentierren" de los mojones al Diablo del Carnaval y agradezcan a la Pachamama ofreciéndole comidas, bebidas y hojas de coca, al ritmo de quenas, anatas y sikus.
En Quebrada y Puna los místicos diablos -quebradeños vestidos con coloridos trajes y llamativas máscaras- saldrán a desatar la alegría y se mezclarán entre la gente para hacerlos olvidar de las cargas cotidianas.
La liberación de los diablos carnavaleros será el inicio del carnaval grande, el cual se extenderá hasta el 9, continuando el 13 y 14 con el carnaval chico y cerrando los festejos del 20 y 21 con el carnaval de flores.
Durante esos días las calles se llenarán de color y del sonido de charangos, cajas, quenas, sikus, anatas y guitarras, instrumentos autóctonos con los que se interpretarán cantos típicos, como el carnavalito, mientras las diversas comparsas junto a los visitantes se vestirán con albahaca, talco, espuma y la ancestral beberán chicha.
Los turistas podrán participar de las celebraciones arribando a los distintos poblados anfitriones ubicados a lo largo de la Quebrada y la Puna.
Al sureste de la provincia, en la región Yungas y Valles, la auténtica fiesta popular se vivirá con las mismas sensaciones que la Quebrada y la Puna, pero con particularidades distintivas, integrando los rituales tradicionalistas a un formato al estilo Gualeguaychú con corsódromos que se preparan con programas nocturnos en las distintas localidades.
En ambas regiones la rienda suelta a la alegría será provocada por murgas, batucadas, comparsas artísticas, indígenas de danzas bolivianas -como ser saya caporal, tinkus, diabladas y morenadas-, entre otras, lugares donde entre cantos y bailes los asistentes aprovechan para jugar con papel picado, serpentinas y harina. (Télam)

