Política

Adriano Morone, el cadete de buenos modales de Gerardo Morales

El oficialismo jujeño ya parece haber puesto en marcha su maquinaria electoral con la mirada puesta en 2027. Más allá de la candidatura de Carlos Sadir a la reelección, comienza a perfilarse la figura de Adriano Morone como el elegido para disputar la intendencia de San Salvador de Jujuy, en una jugada que despierta más interrogantes que certezas.

Hasta el momento, no se conoce un proyecto de gobierno municipal sólido, ni un programa que permita saber cómo piensa enfrentar los graves problemas estructurales de la capital, ni tampoco se exhiben equipos técnicos capaces de respaldar una eventual gestión.

Esta ausencia de propuestas alimenta una sospecha política inevitable: ¿estamos ante un dirigente con proyecto propio o frente a una pieza del ajedrez de Gerardo Morales para recuperar protagonismo en la capital, desplazar al actual intendente Jorge de la escena política y conservar el control de las decisiones detrás de una nueva figura? La paradoja es evidente.

El propio Morales sostiene que hay que darles paso a los jóvenes porque traen ideas nuevas, pero las ideas nuevas no se demuestran con discursos generacionales ni con apellidos promovidos desde las estructuras del poder, sino con propuestas concretas, autonomía política y capacidad para enfrentar los intereses que condicionan el desarrollo de una ciudad. Y es precisamente en este punto donde Morone comienza a mostrar señales preocupantes: frente a la polémica por la Travesía Urbana, una obra que implica una deuda del orden de los 100 millones de dólares, su silencio contrasta con la magnitud de una decisión que compromete recursos y condiciona las posibilidades futuras de Jujuy.

La pregunta es inevitable: ¿por qué comprometer semejante volumen de endeudamiento sin abrir un debate profundo sobre las prioridades de la capital, cuando persisten innumerables problemas de infraestructura, servicios y calidad de vida que reclaman respuestas urgentes? ¿Cuántas necesidades postergadas podrían atenderse si las inversiones se discutieran a partir de un plan integral, con prioridades transparentes y beneficios concretos para los vecinos? Que Morone no haya expresado públicamente una posición clara no demuestra por sí solo que responda a las órdenes de Morales, pero sí constituye una señal política que merece explicaciones.

Quien aspira a gobernar la ciudad tiene la obligación de hablar, fijar posición y demostrar que puede tomar decisiones propias, incluso cuando estas incomodan a quienes lo impulsan. De lo contrario, la promesa de renovación corre el riesgo de convertirse en una operación de maquillaje político: cambiar los nombres para que nada cambie en el fondo.

San Salvador de Jujuy no necesita un intendente condicionado por estrategias ajenas ni una gestión subordinada a los intereses de una conducción partidaria que pretenda decidir desde las sombras; necesita un proyecto municipal serio, equipos técnicos idóneos, prioridades definidas y transparencia en el manejo de los recursos públicos.

La capital no puede ser una pieza más en el tablero de Morales ni sus vecinos espectadores de una sucesión digitada de antemano. Si Adriano Morone pretende demostrar que representa algo más que la continuidad de un liderazgo que busca preservar su influencia, tendrá que empezar por lo esencial: explicar qué ciudad quiere construir, con qué recursos, con qué equipo y con qué grado de independencia, porque la juventud, por sí sola, no garantiza renovación, y el silencio ante decisiones trascendentes tampoco es una credencial de liderazgo.

En 2027, los jujeños no deberían tener que elegir entre nombres promovidos desde el poder, sino entre proyectos capaces de resolver los problemas reales de la ciudad. Todo lo demás corre el riesgo de ser apenas una nueva puesta en escena para que los mismos intereses sigan gobernando detrás del telón.