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Sombrío pronóstico empresarial para la economía y el dólar en 2022

Si bien el 2021 fue un año difícil en materia económica, algunos indicadores mostraron una fuerte recuperación. El dato a tener en cuenta es que la comparación se hace con un 2020 de larga cuarentena. El año próximo se anticipa estancamiento en varios rubros por falta de dólares.

  • Las dos palabras que más se escuchan en boca de los empresarios, son incertidumbre y estancamiento.
  • Tras el duro 2020, marcado por la cuarentena, este año el Gobierno habló de crecimiento, pero otros lo definen como un efecto "rebote".
  • Entre los problemas globales, se destaca lo que vaya a suceder con el FMI.

Más allá de los tradicionales deseos en esta época para un año nuevo mejor, las perspectivas para el 2022 no son alentadoras. Al menos, este es el clima que se vive en el mundo empresario.

Por diferentes motivos, los distintos sectores de la actividad económica pronostican un período duro para llegar a diciembre próximo con buenas noticias.

Si bien el 2021 no fue un año para destacar, el contraste con el duro 2020, marcado por la larga cuarentena, permitió que el balance arroje una sensación de mejora.

Los datos de algunos indicadores económicos confirman ese mejor clima, pero está claro que, en muchos casos, se trata de cómo interpretar esos números. Desde el lado del Gobierno Nacional hablan de crecimiento, mientras quienes tienen otra visión prefieren definirlo como “rebote”.

El problema es que en las empresas advierten que, más allá del nombre con el que se lo quiera definir, hay pocas posibilidades de vivir en 2022 un clima similar al año que termina.

El dato contundente es que las posibilidades de seguir aumentando el nivel de actividad son pocas y la comparación se hará con un 2021 con números mejores a los magros del 2020. No se podrá gozar de la ilusión que surgen de las estadísticas.

Las dos palabras que más se escuchan en boca de los empresarios, por estos días, son incertidumbre y estancamiento. Hay motivos de macroeconomía y cuestiones puntuales, pero todas llevan a la misma conclusión.

Entre los problemas globales, se destaca lo que suceda con el FMI. Si hay o no acuerdo y, en el caso positivo, cuáles son los condicionamientos. Esto es clave porque definirá lo que suceda con el dólar y la disponibilidad de divisas, algo fundamental para la producción. En las empresas creen que la restricción de divisas puede agravarse y que la cotización del tipo de cambio tenga mayor presión alcista.

Uno de los sectores que más rápido se recuperó en este año fue el automotor, que tiene un alto impacto en los indicadores económicos. El aumento de las exportaciones y el crecimiento de la participación de vehículos nacionales fueron el motor de esa mejora.

Sin embargo, en las automotrices prevén que no será fácil repetir esa performance. Por el lado interno, pronostican un mercado apenas superior al del 2021 de 380.000 unidades. La proyección que hacen fabricantes y vendedores, para el 2022, plantean un volumen de operaciones de 400.000. Aunque aclaran que esa cifra dependerá de la disponibilidad de dólares para importar y producir. Hay que recordar que el 70% de las piezas que se utilizan para fabricar un 0km llegan del exterior.

Con este panorama, los precios seguirán subiendo por arriba de la inflación y los 0km serán accesibles para pocos.

En cuanto al mercado externo, si bien tiene mejores perspectivas, tampoco parece una panacea. Se proyecta una suba de producción y, por consiguiente, de las exportaciones, pero todo dependerá de lo que suceda en Brasil – el principal destino de los vehículos nacionales - y no llegan buenas noticias. La economía de ese país también está estancada. Incluso, hay estimaciones que alertan por una retracción. Si se confirma este pronóstico, los datos de crecimiento año vs año serán modestos.

Otro rubro que este año fue noticia por su recuperación es el turístico. Aquí queda más clara la alquimia estadística. Con un 2020 casi sin actividad, todos los indicadores son altamente positivos. Distinta va a ser la realidad del 2022.

En cuanto al turismo interno de argentinos, el 2021 estuvo impulsado por el sistema de Previaje. En los principales destinos, los niveles de ocupación son altos. Para el año que viene, manteniendo este programa de subsidios, la expectativa es repetir la actividad actual. No hay posibilidades de expansión ya que la oferta no es elástica. El dato a tener en cuenta tendrá que ver con los precios de servicios que mantendrán fuerte presión alcista.

La otra pata del negocio es el turismo de extranjeros. En este segmento, hasta el momento no se ve una llegada importante de turistas. La prolongación de la pandemia no ayuda a reactivar este segmento, ya que el miedo a viajar persiste. Desde los países limítrofes, el flujo es mejor, pero los pasajeros europeos o norteamericanos no llegan en cantidad.

Además del tema sanitario, la falta de frecuencias hace que no se estimule la llegada de turistas. La limitante de vuelos está puesta por la cantidad de argentinos que viajen al exterior. Entre los altos precios de los pasajes, por impuestos y dólar caro, más el recorte de la cuotas, la actividad está a un 20% de los niveles prepandemia. Si no hay aviones que salen con turistas argentinos, tampoco habrá aviones que llegan con turistas extranjeros.

El destino que más sufre esta situación es la ciudad de Buenos Aires. Los hoteles de este distrito no están viviendo la recuperación que se siente en las provincias. En esto juega un papel importante el derrumbe de los viajes de corporativos y la desaparición de convenciones y eventos internacionales.

Ni aún la brecha cambiaria y una “Argentina barata” sirve para un boom turístico de extranjeros. En muchos lugares, se les quiere cobrar a los turistas dólares “billetes” en lugar de valores en pesos. Esto hace que los extranjeros no puedan acceder al beneficio de la brecha cambiaria.

El rubro de la construcción también marcó un fuerte crecimiento contra un 2020 muy malo. Para el 2022, las expectativas son menores. En este sector, la brecha cambiaria fue clave. Quienes tienen ahorros en dólares aprovecharon para construir o refaccionar. Hubo una fuerte demanda de materiales y acopio, antes de que los precios se acomoden al “blue”. Esa puja comprador-vendedor provocó desabastecimiento de productos.

Si bien los precios ya se ajustaron, la ecuación siguió siendo conveniente ya que el otro componente del costo – la mano de obra - no tuvo la misma corrección. Sin embargo, con un “blue” que aumentó alrededor de 20% en el año y salarios que fueron recuperándose a lo largo del año, el beneficio ya no es tan grande.

Para tener otro impulso en la demanda, el 2022 tendría que haber otro salto cambiario del valor paralelo para que el negocio vuelva a ser atractivo. Es por eso, que en este sector también pronostican una actividad más estable.

En cuanto al consumo en general, hay datos que hacen pensar que el crecimiento será acotado. Los planes de cuotas, con plazos de 12 meses o más, en un contexto inflacionario, llevó a los argentinos con poder de compra a endeudarse, como una forma de cubrirse de los aumentos. Esto no es un fenómeno elástico. La acumulación de cuotas determina un gasto fijo mensual significativo que restringe la posibilidad de nuevos consumos. Además, las empresas de tarjetas de créditos no están con una política de aumento de los niveles autorizados para gastos de los clientes. Esto genera que muchas personas hayan llegado al límite de sus gastos en cuotas y deban esperar a ir cancelando esas deudas para poder volver a consumir.

FUENTE: Mdzol.

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