Nacionales | 25 de mayo de 1810

El economista que más influyó en la Revolución de Mayo

A 206 años de la formación del primer gobierno autónomo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el desconocido nombre de Valentín Antonio de Foronda es una revelación como el hombre que más más influyó en el pensamiento económico de algunos de los principales impulsores de la Revolución de Mayo de 1810.

Este desconocido economista vasco fue representante de una cosmovisión económica y política avanzada heredera del desarrollo industrial y democrático del País Vasco antes de la llegada de los Habsburgo en 1516 al Reino de España.

Y fue, precisamente, Valentín de Foronda y González Echavarri, el idealista jacobino que más influyó en la formación del pensamiento del primer economista argentino, Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y González.

Este personaje, desconocido en la historia argentina, fue quien durante su estancia en Filadelfia, como representante comercial español, fue clave para el tercer presidente estadounidense Thomas Jefferson, quién reconoció haberse inspirado en muchas de sus ideas.

Sin embargo, fue virtualmente ignorado por la historia argentina hasta que fuese rescatado por el notable académico Manuel Fernández López (1941-2003) cuando investigó la influencia que había tenido en algunos de los principales hombres de Mayo como Cornelio Saavedra, Juan Hipólito Vieytes y Mariano Moreno, además del propio Belgrano.

Entre algunos investigadores existen controversias sobre la autenticidad de algunos de los artículos atribuidos al creador de la bandera en “El Correo de Comercio” que, si pudieran comprobarse ciertas hipótesis, podrían deberse, en realidad, a la pluma de Valentín de Foronda.

En 1803, desde Filadelfia, mediante la  “Carta sobre lo que debe hacer un príncipe que tenga colonias a gran distancia”, Valentín de Foronda le pidió al rey español Carlos IV la independencia de las colonias.

Su ligazón con América latina se explica en las posesiones de su padre, que había hecho una fortuna en el Perú.

Su familia tenía, también, importantes negocios en la futura Gran Colombia y en Filipinas y en 1782, durante el gobierno renovador de Carlos III, fue cofundador de una entidad financiera privada, el Banco de San Carlos, de la que se retiró al producirse importantes irregularidades que concluyeron con su cierre décadas más tarde.

Sus principales ideas las desarrolló en “Cartas sobre los asuntos más exquisitos de la política económica” donde, aunque basado centralmente en la fisiocracia y el iusnaturalismo, también incorporó aspectos tomados de John Locke, el escocés Adam Smith y otros, lo que lo distanció de Francois Quesnay en cuestiones como el impuesto único de la tierra y el gran cultivo.

Su visión de la teoría del valor fue la que reflejó Belgrano en uno de sus escritos al decir: “Ninguna cosa tiene su valor real, ni efectivo en sí mismo, sólo tiene el que nosotros le queremos dar; y éste se liga precisamente a la necesidad que tengamos de ella; a los medios de satisfacer esta inclinación; a los deseos de lograrla y a su escasez y abundancia”.

Sus ideas y sus prácticas, como la lectura de libros prohibidos por la Inquisición, y el impulso a la vacunación antivariólica, le merecieron sanciones pero, en 1801, coincidentemente con la asunción de Jefferson como presidente de EEUU, fue designado Cónsul General en Filadelfia.

En 1807 tomó responsabilidades como Encargado de Asuntos Económicos del Reino de España, cargo al que renunció en 1809 a raíz de los problemas que generaba la corona castellana, desde 1808 en manos del invasor francés José Bonaparte, para el comercio con los Estados Unidos de América.

Por sus ideas, fue acusado de jacobino. Escribió en Filadelfia en 1809 “Apuntes ligeros sobre la Nueva Constitución proyectada por la Junta Suprema de España y reformas que intenta hacer en las leyes” (Junta de Sevilla que enfrentaba a Bonaparte), en los que se pronunció por la separación de poderes, la soberanía popular y la separación de los poderes: un trabajo que mereció el público elogio del presidente Jefferson.

Vuelto a España continuó escribiendo sobre temas económicos, políticos y sociales reclamando la separación de la Iglesia del Estado, el otorgamiento de mayores libertades individuales.

También objetó al poder de la realeza, razón por la que fue perseguido por el poder económico, político y religioso en razón de sus cuestionamientos a la tortura, la justicia y la Inquisición por lo que fue apresado y  confinado en Pamplona desde donde colaboró con las Cortes de Navarra las que hicieron el elogio de su esfuerzo.