12 años de ajuste y persecución: ahora quieren discutir el modelo de provincia
El radicalismo gobernante en Jujuy insiste, de cara a las próximas elecciones, en que hay que debatir el modelo de provincia. Y uno no puede evitar hacerse una pregunta elemental: ¿qué hicieron durante los últimos doce años en el poder? ¿Gobernaron sin un modelo de provincia, improvisando sobre la marcha, al tuntún, o acaso el modelo que defienden es precisamente ese esquema discrecional de negocios que algunos dirigentes parecen confundir con gestión y que otros, directamente, interpretan como saqueo de los recursos públicos?
Gobernar una provincia no es administrar el Estado como si fuera un patrimonio partidario ni distribuir discrecionalmente los recursos según las conveniencias políticas del momento. Una provincia seria comienza por garantizar el federalismo interno, sostenido en una ley de coparticipación que asegure a los municipios recursos previsibles, autonomía real y capacidad para cumplir con los programas de gobierno para los cuales fueron elegidos sus intendentes, sin que la dependencia económica del poder central se convierta en una herramienta de disciplinamiento político que termine truncando la voluntad popular.
Ahora bien, ¿realmente el radicalismo se anima a debatir el modelo de provincia que propone? Porque, si la convocatoria fuera sincera, tendría que estar dispuesto a responder, como mínimo, tres preguntas incómodas:
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¿Conocen alguna provincia argentina en la que funcione un sistema de doble comando, donde el poder se concentre de tal manera que las instituciones y los gobiernos locales queden condicionados por una conducción política que excede los límites de la institucionalidad democrática?
¿Están dispuestos a discutir en serio la independencia del Poder Judicial, sin subordinaciones ni privilegios para el poder de turno?
¿Se animan a poner sobre la mesa todos los papeles, contratos, expedientes y documentos vinculados con el destino de la plata de los jujeños, en nombre de esa transparencia que tanto se proclama en los discursos y tan poco se demuestra cuando llega la hora de rendir cuentas?
Es difícil creer que esa discusión vaya a concretarse mientras quienes conducen la provincia no estén dispuestos a revisar las bases de su propio poder, porque el modelo de provincia no se define con una consigna electoral ni con una arenga oportunista: se demuestra con instituciones independientes, municipios autónomos, recursos distribuidos con criterios justos y cuentas públicas abiertas a la ciudadanía.
Mi impresión es que estamos frente a una dirigencia que no termina de comprender el valor de la democracia o que la entiende únicamente como un mecanismo para conservar el poder. Un grupo de changarines devenidos en empresarios al calor del Estado, que habrían encontrado en la administración de los recursos públicos una oportunidad de negocios que nunca habrían podido construir con su propio capital, mientras la sociedad jujeña sigue esperando respuestas, desarrollo y una distribución más justa de la riqueza.
Antes de convocar a debatir el modelo de provincia, el radicalismo debería explicar qué modelo ha sostenido durante estos doce años, a quiénes ha beneficiado y qué costo ha tenido para los jujeños.
La pregunta de fondo no es si queremos discutir el futuro de Jujuy, sino si quienes han gobernado durante más de una década están dispuestos a revisar sus privilegios, transparentar sus decisiones y aceptar que la provincia no les pertenece. ¿Se animan, de verdad, a debatir el modelo de provincia o solamente pretenden convertir esa consigna en otra herramienta electoral para seguir administrando el poder como si fuera propiedad privada?