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1 de septiembre: Día del Lapacho, árbol emblema de Jujuy

El lapacho reúne simbolismos de fortaleza y belleza acordes con la tierra jujeña. El Ejecutivo Provincial, lo declaró Árbol Regional de la Provincia de Jujuy en 1954. Más tarde, en 1988, la flor del lapacho rosado fue declarada flor provincial.

Con el propósito de crear conciencia forestal y, considerando que entre los árboles de la flora autóctona el lapacho reunía simbolismos de fortaleza y belleza, esta especie fue primeramente declarada Árbol regional durante la gobernación de Jorge Villafañe (1952-1955).

Luego, en 1988, mediante la Ley provincial N° 4383, la flor del lapacho rosado fue elegida Flor provincial de Jujuy y su día de celebración, el 1 de septiembre .

El lapacho de flores rosadas (Handroanthus impetiginosus) es un árbol nativo que pertenece a la familia botánica Bignoniaceae nativo de Jujuy, Salta, Tucumán y otras provincias del norte argentino. En Jujuy puede encontrarse también, aunque más raramente, una variedad de flor blanca que se debe a una alteración natural genética de la rosada.

Poetas jujeños se inspiraron en el lapacho para escribir maravillosos versos, que a continuación vamos a compartir:

LAPACHO

Aluvión de flores

que invade los valles

es el lapacho

señor de estas fronteras

suave ternura

que se queda

sonriendo en el mural

de las acequias.

Te veo

en cada madrugada

brotando de trinos

en rosados equipajes

para el encanto

de una nueva primavera.

De René Donaire

LAPACHO EN FLOR

Grises las ramas dormidas

han despertado del sueño

en cálido y prieto racimo

de suaves flores rosadas.

Flota el perfume en el aire

que de las corolas tibias

desprende el sol en la tarde

como una suave caricia.

Atesoran los capullos

el rubor de la alborada

amanecer y crepúsculo

pintan la copa aromada.

Lapacho en flor que presagia

días de sol y de siembra

primer latir de la savia

que en lo profundo despierta.

De Titi Stradella

ESTE ÁRBOL VIENE DE AQUEL OTRO

Lo alzan mis ojos,

y me lo entregan

para dejarlo en el recuerdo más fresco

de la memoria corriente.

Entonces, lo bajo hasta la boca

y lo suelto

y lo planto

en el mundo:

árbol.

Y desde allí,

desde la calle Independencia,

el magno lapacho

que ha ido en el viaje

perdiendo su color

y su noble madera,

se ha despojado de las hojas

y de sus pájaros

y de su hermosura de árbol;

llega exhausto a morir

en esta yerma palabra:

lapacho,

en esta lápida de letras;

en este camposanto

de oraciones,

en la fosa común

de este poema.

Pero aquel lapacho también se irá

como el que lo nombra;

como el que lo escucha nombrar

o el que lo lee.

Sólo perdurará este triste árbol

perenne y gris

en este gris poema.

Quede aquí

plantado entonces

y muera también:

Lapacho.

De Alberto Alabí

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