1 de septiembre: Día del Lapacho, árbol emblema de Jujuy
El lapacho reúne simbolismos de fortaleza y belleza acordes con la tierra jujeña. El Ejecutivo Provincial, lo declaró Árbol Regional de la Provincia de Jujuy en 1954. Más tarde, en 1988, la flor del lapacho rosado fue declarada flor provincial.
Luego, en 1988, mediante la Ley provincial N° 4383, la flor del lapacho rosado fue elegida Flor provincial de Jujuy y su día de celebración, el 1 de septiembre .
El lapacho de flores rosadas (Handroanthus impetiginosus) es un árbol nativo que pertenece a la familia botánica Bignoniaceae nativo de Jujuy, Salta, Tucumán y otras provincias del norte argentino. En Jujuy puede encontrarse también, aunque más raramente, una variedad de flor blanca que se debe a una alteración natural genética de la rosada.
Poetas jujeños se inspiraron en el lapacho para escribir maravillosos versos, que a continuación vamos a compartir:
LAPACHO
Aluvión de flores
que invade los valles
es el lapacho
señor de estas fronteras
suave ternura
que se queda
sonriendo en el mural
de las acequias.
Te veo
en cada madrugada
brotando de trinos
en rosados equipajes
para el encanto
de una nueva primavera.
De René Donaire
LAPACHO EN FLOR
Grises las ramas dormidas
han despertado del sueño
en cálido y prieto racimo
de suaves flores rosadas.
Flota el perfume en el aire
que de las corolas tibias
desprende el sol en la tarde
como una suave caricia.
Atesoran los capullos
el rubor de la alborada
amanecer y crepúsculo
pintan la copa aromada.
Lapacho en flor que presagia
días de sol y de siembra
primer latir de la savia
que en lo profundo despierta.
De Titi Stradella
ESTE ÁRBOL VIENE DE AQUEL OTRO
Lo alzan mis ojos,
y me lo entregan
para dejarlo en el recuerdo más fresco
de la memoria corriente.
Entonces, lo bajo hasta la boca
y lo suelto
y lo planto
en el mundo:
árbol.
Y desde allí,
desde la calle Independencia,
el magno lapacho
que ha ido en el viaje
perdiendo su color
y su noble madera,
se ha despojado de las hojas
y de sus pájaros
y de su hermosura de árbol;
llega exhausto a morir
en esta yerma palabra:
lapacho,
en esta lápida de letras;
en este camposanto
de oraciones,
en la fosa común
de este poema.
Pero aquel lapacho también se irá
como el que lo nombra;
como el que lo escucha nombrar
o el que lo lee.
Sólo perdurará este triste árbol
perenne y gris
en este gris poema.
Quede aquí
plantado entonces
y muera también:
Lapacho.
De Alberto Alabí

