Jujuy Al Momento

Jujuy al Momento

Jujeña, bella y científica

El diario Clarín dio un amplio espacio en sus páginas a Karen Hallberg, ex reina nacional de los Estudiantes y en la actualidad una de las científicas más notables del país. Jujuy al Momento reproduce la entrevista publicada en el tabloide.

Doctora en fisica cuántica Karen Hallberg es una de esas mujeres que hicieron trizas la idea de incompatibilidad entre inteligencia y belleza. Más allá de la anécdota, su vida es una aventura en el campo del conocimiento.

Ellas son complejas por naturaleza. ¡Imagínatelas hablando de física cuántica!”. El chascarrillo, en tono latino neutro, es de un viejo culebrón. Lejos de esas ficciones, Karren Hallberg (50) dice: “Si pensás que dos más dos es cuatro, no sirve, hay que inspirarse”. Hallberg es doctora en física; dirige un grupo de investigación en el Centro Atómico de Bariloche; es investigadora del CONICET y docente en el Instituto Balseiro; integra  el Consejo Directivo de Pugwash (una red científica internacional por la paz y el desarme nuclear); tiene dos hijos y está casada con Ingo Allekotte, un colega científico. “Me gustan los desafíos, tirarme a la pileta. Eso lo aprendí de mis padres.” Hallberg nació en Rosario pero se crió en San Salvador de Jujuy. Su padre, Ronaldo Hallberg, había sido contratado como agrimensor para gerenciar una empresa minera. Fue una aventura mudarse al norte, dejar a la familia en Rosario, en aquella época en la que las comunicaciones no eran fluidas. “Me encantó esa decisión”, asegura, y no se sorprende al recordar que sus amigas jugaban a las muñecas mientras que a ella le gustaba desarmarlas. “Mi padre, cuando abría el motor del auto, me explicaba su funcionamiento.” Tanto ella como sus dos hermanas crecieron sin estereotipos. “Nos estimulaban para que hiciéramos de todo.” 

Mi trono por un microscopio 

Deportista y excelente alumna, a los 16 años se consagró Reina de la Fiesta Nacional de los Estudiantes representando a Jujuy. Recibió la corona de manos de Daniela Cardone. También participó del concurso Miss  Argentina, pero “no me gustó, se competía por la apariencia, ¿cuál era el mérito?”   Siempre le interesó la Ciencia. Cuando supo del Instituto Balseiro se fascinó con su mística, con la posibilidad de hacer un entrenamiento de alto rendimiento intelectual. Además, le encantaba la idea de vivir en Bariloche. Aprobó el  examen de ingreso. En aquel entonces las mujeres componían el ocho por ciento del alumnado; hoy ocupan el quince. “Hay tan pocas mujeres físicas por una cuestión de autoestima. Piensan que no van a poder. Yo creo que cuando hay ganas, se puede.” No sólo es cuestión de deseo. Hallberg reconoce que no hubiera podido desarrollar semejante carrera sin el apoyo de su marido, también compañero del Balseiro.

Los dos tenían 23 años cuando se casaron. Mientras ella hacía su tesis doctoral, nació el primer hijo, Kevin. A los tres meses volvió al trabajo en el Centro Atómico, el pequeño, con ella. Cada tres horas iba a la guardería para amamantarlo. Con el mismo empeño, en 1993 viajaron a Alemania. El, por trabajo, ella para hacer un post doctorado. En 1997 volvieron a Bariloche, contratados por la misma entidad que los vio nacer como científicos: el Instituto Balseiro. Ella obtuvo un puesto como investigadora científica del CONICET y regresó al Centro Atómico donde aplicó lo aprendido en Alemania.

Hablando de física cuántica

Hallberg eligió la Física Cuántica, que “después de más 100 años sigue sorprendiendo y posibilitando más aplicaciones a la vida diaria.” El nombre de su especialidad es “fenómenos emergentes en la materia condensada cuántica”. Al intentar un ejemplo, compara átomos con personas. Habla de electrones, mercurio y temperaturas, después traduce: “En términos sociológicos, diría que las personas individualmente actúan de una forma determinada, pero cuando están juntos en un recital de rock el comportamiento es muy  diferente, es no lineal. No se trata de la suma de individualidades, sino de un sistema complejo, distinto a la suma de las partes.”  “Contra lo que predican movimientos como el New Age y otros, la física cuántica no es un concepto místico, sino una teoría del comportamiento de la naturaleza a escala atómica y es observable, medible, experimentalmente”. El conocimiento, enfatiza, “te abre las puertas a vivir más intensamente y no solo en el área científica, sino en todas: saber más de música o de artes plásticas te permite disfrutar mucho más de las obras. En términos generales, el conocimiento permite tener más conciencia de lo que pasa a tu alrededor”.

En la vida cotidiana

A partir de la Física Cuántica, Hallberg dice que se puede observar “la ausencia de lógica en ciertas leyes del tránsito” o entrenar para la estimación de cantidades y de órdenes de magnitud, como la apreciación rápida de la cantidad de gente en un teatro, o de la cantidad de panaderos en una ciudad o de los gastos en un supermercado. “El denominador común es aproximarse racionalmente a muchas de las discusiones que se mantienen con interlocutores que aceptan dogmas sin cuestionarse. Un grafitti que me pareció fantástico decía: ‘Cuestiona todo’. Y abajo, alguien había agregado: ‘¿Por qué?’” ¿Se puede entender que la estructura del pensamiento de Hallberg tiene un registro diferente al del resto? “La mente se entrena como se entrenan los músculos o como se adquiere un oficio. En mi caso, mi profesión no sólo me ha preparado para relacionar datos y realizar razonamientos lógicos, sino que también he desarrollado la posibilidad de pensamiento lateral y de la capacidad creativa, indispensables en cualquier actividad innovadora”, dice. Y agrega: “Esencialmente, este entrenamiento provee de criterios para seleccionar lo confiable entre toda la lluvia de información a la que estamos sujetos cotidianamente. Es por esto que considero que es muy importante que la educación básica tenga un fuerte componente de formación científica”.

Un cerebro gigante

Hallberg establece que la curiosidad y la capacidad de inventar son motores esenciales. Y aquello del comienzo: no siempre dos más dos tiene que dar cuatro. Es este proceso de construcción libre lo que más la entusiasma. “En realidad, los científicos arrancamos igual que los artistas. La diferencia es que ellos buscan alcanzar la emoción, en cambio los científicos tratamos de entender cuestiones de la naturaleza. Y después de ser creativos tenemos que plasmar las ideas en algo concreto: lo investigado tiene que ser medible y reproducible. Luego se estudia la aplicación, cosa que yo en particular, no hago. Los investigadores básicos nos preguntamos ¿por qué? En cambio, los tecnólogos se preguntan ¿para qué?”   Hellberg considera a la ciencia una  construcción colectiva. “Muchas veces pienso en la humanidad como una gran cerebro gigante. Las ideas van surgiendo y pasan de una persona a otra. El escritor Isaac Asimov, genio de la ciencia ficción, tira ideas que a los físicos nos sirven. Y también se construye a partir de los descubrimientos anteriores. La física cuántica es una teoría nueva que maduró con los nuevos elementos de medición que hoy nos permiten observar  cosas cada vez más pequeñas. En este momento, por ejemplo, se pueden ver átomos individuales. Cada teoría vale en diferentes escalas.”

Los días y las horas

Hace cinco años que Kevin (24) y Tania (21) -“mis hijos, lo más importante de la vida”-, se fueron de casa. Ella está orgullosa de que cada uno haya encontrado su camino. El mayor, licenciado en computación científica, trabaja en Google Maps, en Tokio; la menor estudia Medicina en Buenos Aires. Ella los visita siempre que puede. Hoy, el día a día de Hellberg transcurre en una casa del barrio Ruca Cira en la que vive con su marido, a dos kilómetros del Centro Atómico, su lugar de trabajo. Cuando el tiempo acompaña va en bicicleta o incluso caminando. Llega a las nueve de la mañana y se retira recién a las seis de la tarde.

(http://www.clarin.com/mujer/siempre-dar_0_1189681025.html)

 

 

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