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Una alimentación de calidad para un mundo con hambre cero

Hoy se celebra el Día Mundial de la Alimentación y el Día Nacional de Lucha contra la Obesidad (tercer miércoles de octubre). Una buena oportunidad para replantearnos nuestros hábitos alimenticios, la forma de producir los alimentos, cómo garantizar este derecho para todos y sin dañar nuestro planeta.

  • El 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación y el Día Nacional de Lucha contra la Obesidad.
  • En nuestro país, el 61,6% de los argentinos tiene exceso de peso.

Por propuesta de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) hoy se conmemora el Día Mundial de la Alimentación, que lleva como lema para este año “Una alimentación sana para un mundo con #hambrecero”. Por otra parte, en nuestro país, coincide con el Día Nacional de Lucha contra la Obesidad, una propuesta de las autoridades sanitarias y los profesionales de la salud ante la creciente epidemia de obesidad y sobrepeso que se observa con preocupación.

Alcanzar el ‘hambre cero’ y una alimentación saludable no son cosas distintas. De nada sirve una población que acceda a alimentos si estos no son de calidad y para todos, mientras que además se cuida el planeta. La FAO llama a los diferentes sectores –gobiernos, industria, equipos de salud y población general- a trabajar en la promoción de “dietas saludables y sostenibles, que sean asequibles y accesibles para todos. Al mismo tiempo reclama que todos empecemos a pensar en lo que comemos”.

En nuestro país, el 61,6% de los argentinos tiene exceso de peso, en una proporción de 36,2% de personas con sobrepeso y 25,4% con obesidad, según los datos de la 4º Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR) realizada por la Secretaría de Gobierno de Salud y el INDEC. Es decir, los argentinos ingerimos alimentos pero de mala calidad.

Que un niño coma durante el día no significa que ingiera todos los nutrientes, vitaminas y minerales que necesita para un correcto y saludable crecimiento. Pero esto tiene que ver con los tiempos y la forma de vida que hemos adoptado en la actualidad. En los últimos 100 años, nuestra alimentación y percepción sobre los alimentos ha cambiado rotundamente debido, principalmente, a la globalización, el crecimiento de las ciudades y las formas de producción.

Perdimos el hábito de tener nuestra pequeña huerta en el fondo de casa, de elaborar nuestros platos en base a las frutas y verduras de estación, ricos en fibras y minerales, y la hemos cambiado por alimentos procesados, con alto contenido calórico, de almidones refinados, azúcar, grasas, sal y elevamos nuestro nivel de consumo en carnes y productos de origen animal. Preparar nuestra comida se considera una pérdida de tiempo, preferimos los alimentos que vienen pre-cocidos o recurrimos a la comida rápida.

Sumado al sedentarismo, otra de las características de la sociedad actual, es que tenemos como resultado los niveles de obesidad que preocupan. En estos momentos, más de 672 millones de adultos y 124 millones de niñas y niños (de 5 a 19 años) son obesos, y más de 40 millones de niños menores de 5 años tienen sobrepeso, mientras que más de 820 millones de personas padecen hambre.

Tal como detalla la FAO, coincidiendo con la situación de nuestro país, “la dieta poco saludable constituye el principal factor de riesgo de muerte por medio de las enfermedades no transmisibles (ENT), incluidas las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y ciertos tipos de cáncer. Los hábitos alimenticios poco saludables, relacionados con una quinta parte de las muertes en todo el mundo, también están repercutiendo adversamente en los presupuestos sanitarios nacionales, con un coste de hasta 2 billones de dólares al año”.

La obesidad y otras formas de malnutrición afectan a casi una de cada tres personas. Las proyecciones indican que esta proporción en el año 2025 se convertirá en uno de cada dos. La buena noticia es que existen soluciones asequibles para reducir todas las formas de malnutrición, pero requieren un mayor compromiso y la toma de más medidas a escala mundial.

Además de todo esto, hoy nos enfrentamos al desafío de poder dar respuesta a la mayor crisis climática que vive la humanidad, conjugado con el mal uso de los recursos disponibles para la producción de los alimentos. “El daño ambiental ocasionado por el actual sistema alimentario podría aumentar del 50 al 90% debido al mayor consumo de alimentos procesados, carnes y otros productos de origen animal en países de medianos y bajos ingresos” detalla la FAO.

De las 6.000 especies de plantas cultivadas para obtener alimentos a lo largo de la historia de la humanidad, hoy solo 8 proporcionan más del 50% de nuestras calorías diarias; sumado a que el cambio climático amenaza con reducir no solo la cantidad de cultivos, disminuyendo la producción de las cosechas, sino también en la calidad o el valor nutricional de los mismos.

Es decir, debemos pasar a la acción hoy mismo, desde nuestros hogares, y exigir a los decisores de politicas públicas de tomar medidas para un uso racional de los recursos, garantizando el respeto por la Madre Tierra y que los alimentos saludables dejen de ser un bien comercial sino que, por el contrario, se garantice su acceso para todos.

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