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Recordando a Raúl Galán

Recordar: del latín 'recordis', volver a pasar por el corazón.

 

 

RAÚL GALÁN

 

Yo ya estuve en Maimará,
pero no me acuerdo cuándo,
si era en tiempo de cantar
o en tiempo de andar llorando.
R.G.

 

Un 15 de enero de 1963 en un accidente en Baradero, lejos de la patria chica, partía para siempre el poeta jujeño Raúl Galán.

Este hecho inesperado nos dejó con la sonrisa truncada y dolor en el corazón. Tenía 49 años, había sido nuestro profesor, docente estimado, amable y generoso. Como tal, supo guiarnos en el camino de las letras. Por eso y mucho más, lo recordamos.

Recordar, etimológicamente significa volver a pasar por el corazón. Del latín RE-, prefijo para designar dos o más veces, CORDIS: corazón. Tiene un significado en latín precioso, "volver al corazón, a los momentos vividos.” Y al hablar de él vuelve a la memoria su personalidad y la emoción se hace palpable al leer sus poemas.

Galán inició con otros poetas en Tucumán, la legendaria formación poético-intelectual de La Carpa, que en 1944 con un contundente manifiesto sentó las bases iniciales para una renovación de la poesía del Noroeste argentino. Y luego colaboró con la revista cultural jujeña Tarja que continuaba y enriquecía los principios formulados en La Carpa.

Según David Lagmanovich su temática abarca “la intuición de la fugacidad del tiempo, objetivada en la nostalgia por la infancia o en la glosa elegíaca; la devoción del paisaje, las ‘suaves viñas’ y los ‘dorados remilgos de las tuscas’ que daban fe de su amor por la tierra”.

Sí, supo cantar a Jujuy, su patria chica, con sensibilidad estética.  Por todo ello nuestro recuerdo pleno de nostalgia en este lluvioso enero.

 

RAÚL  MARTIN GALÁN

 

Tu imagen melancólica

ya es parte de estos cielos

de estas lomas verdiazules

que se prendieron a tu memoria.

 

Decir Raúl Galán

es oír cantar a los coyuyos.

Es pensar en lapachos florecidos.

Es trepar quebradas artesanas

en solitarios vientos enrarecidos.

Es ver llorar en hilos finos

a los sauces y a los pinos.

 

Raúl Martín

meditabundo profesor mío,

atrapaste una mariposa

perfumada de recreos

de juveniles lágrimas

y te la llevaste

en aquel lejano enero.

Ahora,

eres coyuyo

de otro cielo.

 

De Mariposas

 


Susana Quiroga

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