Publican "El Embudo", del jujeño Alejandro Carrizo

Misterios tendidos en la soga de colgar la infancia cruzados por "aparecidos" borrosos y desaparecidos de carne y huesos, nutren la novela breve que el escritor instala en la localidad jujeña de Ledesma.

(Telam)

Dos niños compinches, el hablante y el `Lincha`, protagonizan una historia armada con relatos que viajan de boca en boca y suman el  anecdotario pueblerino a la cosmogonía indígena de los Ava-Guaraní, llamados "los hombres de la neblina de las palabras inspiradas".

En este libro de realidades paralelas publicado por Ediciones El Duende, el embudo -"un callejón oblicuo" que "doblaba a medida que se iba angostando"- es una membrana que separa la vida de la muerte.

Al momento de hablar de este símbolo, especie de filtro entre infancia y adultez, Carrizo -nacido en Jujuy en 1959, autor de la novela "Los últimos" y los libros de poesía "Fosa Común" y "Tren al ocaso", caracteriza a su trama como "una sucesión de recuerdos de quien ha perdido a su mejor amigo: el Lincha".

Dice "perdido" como metáfora de pérdida de la infancia y como alusión a "la desaparición de personas en la denominada "noche del apagón.

El misterio es uno de los puntos clave de El Embudo: "No existe nada sin misterio en estas tierras; siempre hay algo que no se dice. De hecho, la novela está asentada más en lo que no se dice que en lo explícito; debajo de las palabras está sucediendo, claramente, otra cosa".

Esa ambivalencia queda planteada desde el inicio: "Dónde va el Lincha cuando es acosado ¿a la muerte?, ¿al vacío?, ¿al embudo?, ni se sabe bien dónde va a salir, pero sale, y dice: `Ahora voy a poder decirlo todo... porque ya estoy muerto`; todo se juega entre realidad y ficción, entre contar y decir, atravesado por el miedo y el misterio".

El Embudo se arma con pequeñas historias fragmentadas, "salió como una galería de personajes, momentos, lugares. Como cuando uno se sienta a recordar con un amigo, hay mucho de nostalgia. En las yungas (la selva de montaña en Jujuy) la gente sentada a las puertas de las casas recuerda historias, y lo hace con recortes que tienen un hilo que constituye el pathos del lugar; la pertenencia no es la tierra sino el territorio de lo narrado".

Carrizo, que obtuvo en 1987 el Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes, confiesa llevar "en el tuétano" a escritores como Stevenson, Flauvert, García Márquez", y en el plano local identificarse con la obra de Daniel Moyano y dos narradores nacidos en Ledesma:  Libertad Demitrópulos y José Murillo en quienes "se vislumbra esa cosa `caliente`, fatal".

Entre esas vecindades suma al salteño Federico Gauffin (1887-1937), con varios libros publicados de poesía y narrativa, producción de la cual Carrizo subraya la novela "En tierras de Magú-Pelá".

En referencia a los seres mágicos que pueblan las páginas de "El Embudo", Carrizo diferencia al Jujuy de la puna, del de las tierras bajas donde, afirma, transitan: "`El Familiar`, mito típico de los ingenios azucareros, y además `El Duende`, `La Mulánima`, `El Ucumar`, `La Novia`, `El Cura sin Cabeza`, `El Pata´i Cabra`, `La Yacumama` y `La Viuda`".

El territorio de la novela, "Pueblo Nuevo", parece integrarse al registro de localidades de ficción en las letras latinoamericanas al modo del Macondo de García Márquez, el Comala de Rulfo o la Santa María de Onetti, pero el autor niega esto, ya que "`Pueblo Nuevo` se llamaba antes lo que hoy se llama `Libertador General San Martín`, y antes era todo Ledesma".

Se trata de un territorio fantástico y a la vez real, con pobladores esperando el paso de la orquesta típica ambulante de Jorge Arduh, apodado "el fantasista del teclado" o viendo cine en un descampado bajo una llovizna de maloja (residuo de la caña de azúcar), que como una capa de hollín borronea los rostros de los actores en la pantalla.

El lenguaje del libro destaca por un original modo de metaforizar; característica que el autor atribuye a las yungas donde: "Todo es metáfora; se habla con doble sentido, hay que andar deduciendo todo el tiempo; la gente es ocurrente, creativa a nivel de lenguaje"; añade que al respecto deberían haber diccionarios y acta: "Creo que vengo de esa fuerte cultura de esos Ava-Guaraní, que se llaman a sí mismos `los portadores de las palabras-alma`".

Admite Carrizo que la novela posee pasajes autobiográficos: "Casi todo; pero una autobiografía colectiva, social. En una de las presentaciones en Ledesma, mucha gente se vio involucrada, incluso aquellos que todavía no habían leído la novela.

Encontré  viejas chismosas que detallaban al dedillo lo que estaba narrado en "Embudo".

Sobre el paso de la poesía a la novela, el escritor jujeño -autor de una muy popular zamba de su tierra "Jujuy mujer" con música de Néstor Soria-, señala que viene más de la narrativa, de los personajes que aparecen en sus libros y de "las viejas chismosas contando historias en los umbrales de las casas.  

 

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