Travesía Cultural |

MICRODOSIS

En esta narración Elena Bossi nos habla sobre los mandatos a las hijas mujeres tan difíciles de erradicar.



REGALOS DE NAVIDAD: para el bolsillo de la dama o la cartera del caballero


Cuando era chica ansiaba un juego de química y también un microscopio. pero eran muy caros por entonces. Cuando era chica miraba las estrellas y deseaba ver mejor y quise un telescopio, pero no se podía.

Hace poco, recordaba con muchísima tristeza haber recibido escobitas y platitos y ollas y cunitas: pura esclavitud disfrazada de moños de colores. ¿Qué mensaje se escondía detrás de esos objetos?

Quise alguna vez tener una cámara de fotos y libros de tapa dura con ilustraciones de muchos colores. La cámara no llegó, era imposible; pero los libros iban apareciendo a veces de a poco, a veces de a dos o de a tres.

Cuando me preguntaban qué quería ser cuando fuera grande, yo respondía que iba a ser exploradora y me imaginaba una especie de Indiana Jones (aunque ese personaje no existía en la tele de entonces) andando por pirámides egipcias o por el medio de la selva. Mamá esperaba que las visitas se fueran y después me susurraba al oído que yo debía casarme y tener hijos.

Cuando era chica deseaba una máquina de escribir, pero eran muy caras. Se ve que molesté bastante con el tema porque una vez, mi abuela viajó a Italia y me trajo una de juguete que escribía solo con letras mayúsculas.

Recuerdo que desde que tuve la maquinita en mis manos, abandoné casi todos mis juguetes. Tenía ocho años y era la nena más feliz del mundo. Mis amigas se enojaban un poco conmigo, porque a veces las abandonaba en medio del juego para irme a sentar por ahí, en la vereda, con mi maquinita que llevaba a todas partes.

Mi nona dejó de regalarme cocinitas y bebotes o maquinitas de coser porque no me interesaban.

Papá me traía unos blocs de papel angosto que entraban muy bien en mi maquinita de escribir y yo los gastaba sin moderación. Le llevaba larguísimos cuentos a mi maestra de grado. Ella los leía y me preguntaba que de dónde sacaba esas historias en las que se cruzaban ella, la maestra, con los villanos de las de cowboys de la tele persiguiéndose por las callecitas de mi barrio.

Deben de haber sido historias muy feas y muy aburridas, porque mi mamá fingía leerlas; pero estoy segura de que no lo hacía.

Al recordar esa tristeza y esa felicidad, me sobreviene la esperanza de que regalen a sus hijas mujeres juegos de química, telescopios, microscopios, libros, cámaras para que las nenas sean mujeres independientes y libres, para que el feminismo crezca desde el interior de nuestros hogares.

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