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Las múltiples bondades curativas del ají

Aunque no todos lo sepan, los ajíes poseen animosas propiedades para la salud

Por empezar, podría decirse que los ajíes (también conocido como chile o guindilla) contienen pocas calorías, bajas concentraciones de sodio y colesterol e importantes cantidades de vitaminas A y C (56 gramos diarios de ají aportan dos veces las recomendaciones diarias de vitamina A). Además, son también una importante fuente de potasio, ácido fólico y vitamina E, que le confiere propiedades antioxidantes.

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Propiedades

El ají, especialmente su variante picante, es un alimento con numerosas propiedades gracias a su alto contenido en vitaminas y a la capsaicina, no obstante, su consumo se recomienda que sea moderado en todo momento, sin grandes ingestas. Además, más allá de su valor alimentario, administrado en compresas es un remedio para las dolencias articulares al servir de vaso dilatador.

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Una de las principales propiedades que se atribuyen a la capsaicina, más allá del ardor de boca, es la de combatir el cáncer. Además, la guindilla también contiene vitamina C en abundancia, que también es conocida por su papel a la hora de prevenir la presencia de tumores.

Un consumo moderado de la guindilla picante ayuda a mejorar la circulación y, por tanto, a prevenir la aparición de problemas cardiovasculares. Además, es beneficioso para combatir el colesterol.

Aunque no es un alimento recomendado para quienes padecen de úlceras, acidez de estómago o hemorroides, el ají cuenta con propiedades antifermentativas. Es decir, facilita la digestión y evita la presencia de infecciones intestinales.

El tamaño sí importa

En líneas generales puede decirse que los ajíes más picantes son los de menor tamaño. Esto se debe a que cuanto más pequeños son poseen una mayor cantidad de semillas y capilares, que es precisamente en donde se encuentra la capsicina. Los tradicionales pimientos verdes, naranjas o rojos, estos últimos también conocidos como morrones, no son picantes.

Entre 1 y 5, podemos mencionar el chile de agua, anaheim, chawa, chilaca, güero, chile New Mexico, poblano, fresnoy chile húngaro, que tienen una intensidad moderada. Para aquellos todavía más aventurados, con un valor entre 6 y 8, se destacan el chile manzana, peruano, rocotillo, fiesta, huachinango, thai y el chile serrano. Y por último, ya para avanzados, el habanero, jamaican hot, scotch bonnet, tabasco, tepín y el chile macho, con un valor de 9 y 10.

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Históricamente, los ajíes ya eran utilizados en forma homeopática, como terapia herbal, y aún continúan siendo empleados con fines curativos por las culturas mejicanas e indias actuales. Numerosas civilizaciones de América Latina cultivaban el fruto, no solamente para comer, sino también para aliviar, entre algunas dolencias, los síntomas de la artritis, malaria, epilepsia y dolores de muela. Los Mayas, por ejemplo, recurrían a los ajíes para calmar ataques de asma o de tos. Los textos de medicina tradicional empleados actualmente en Europa y Asia suelen mencionar las bondades de los chiles y otros picantes para aliviar los síntomas de varias enfermedades, como por ejemplo, las del resfrío.

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Paul Rozin, psicólogo de la Universidad de Pensilvania, explica que la capsicina, al “quemar” las terminales nerviosas presentes en la lengua y boca, produce una señal similar a la del dolor. De esa manera, en un intento por proteger al organismo de la supuesta amenaza, el cerebro libera unas sustancias químicas naturales, llamadas endorfinas, que atenúan la sensación de dolor y crean una sensación de euforia y bienestar. La capsicina posee, además, propiedades analgésicas para aliviar el dolor de cabeza, en forma inhalatoria, y el dolor articular, cuando es inyectada. Y aún más. Al detener el crecimiento bacteriano actúa como un antibiótico natural.

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Por último, reparando en la popular creencia que sostiene: “prevenir es curar”, ¿qué hacer, entonces, si luego de probar algún picante no puede resistir la sensación de que se le está prendiendo fuego la boca? Hay quienes, en el desesperado intento por apagar el incendio interior que experimentan, se zambullen en su vaso de cerveza. Error. El alcohol no hará otra cosa que aumentar la absorción de la capsicina, y hará, en definitiva, que el martirio sea aún mayor. Los expertos aseguran que no hay mejores antídotos el yogur, la leche o los helados. Pero como no es frecuente tener al alcance ninguno de esos tres alimentos en medio del “incendio”, es oportuno destacar que el pan o el arroz también pueden neutralizar, aunque en menor medida, los alcaloides naturales de la capsaicina.

FUENTE: Indramantras

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