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La difunta Correa

Compartimos un poema de Néstor Groppa que refiere a la Difunta Correa, una figura milagrosa de la religión popular.

NÉSTOR GROPPA

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Néstor Groppa fue un poeta, escritor, periodista y educador argentino. Si bien era oriundo de Córdoba, vivió la mayor parte de su vida en San Salvador de Jujuy.

La difunta Correa

La difunta Correa ya tiene un

altar, y orantes, en nuestro Alto

Comedero.

Llegó, caminando, muy difunta,

desde San Juan. Desde Pie de Palo.

Otra vez hablaremos de

otros milagrosos como ella.

La Visitación, por ejemplo, con

sus reclinatorios en el cementerio

de El Salvador, y sus carpetas de

estudiantes promesados puestas en

cajoncitos como fiambreras, y la

placa de una dama “ de alta alcurnia

y de baja cama”.

Y el jardín de velas votivas y

multicolores.

¡Recen, recen, camioneros!

Y así la difunta, como la Telesita,

Bazán Frías, “Carballito”, El

tropero Pedro Sosa, Morales “El

costeño”, la Visitación Sivila, la

Juana Figueroa y tanta y tanta

gente de pueblo, que el pueblo

volvió milagrosa.

Hasta pueblos mismos , como

“Esteco se está perdiendo…”

Así con las historias

poco conocidas.

Yo ruego a camioneros y

devotos de la difunta, descanse en

paz, recorten esta crónica porque el

tiempo la va a perder o tergiversar.

(Ya publicaremos otra, de

distinto carácter).

Fue patrona de los arrieros, la

Difunta.

Hoy lo es de los remeseros del gas

oil.

La difunta, como eterno surtidor,

aun después de la muerte.

Dando el pecho a la fe.

Flor nueva. Industrial. Mecánica,

casi igual que el santito de

Humahuaca, pero otra cosa.

Por eso las herraduras plateadas,

esas cubiertas, esos servofrenos,

esos bendix, esas bujías, y

condensadores, en su santuario.

Ya no más la ramita de olivo. Ya

no sólo el ramito de flor.

La margarita blanca y siempre

pensativa.

Aunque entre tanto tornillo y

foco asome un ramillete en una

latita de supermóvil.

¡Recen, recen, camioneros

por la difunta Correa

la difunta no es cualquiera:

patrona de los fleteros!

Transplantando la copla.

Cultivando, injertando copla en

copla.

Leyenda de la Difunta Correa

En 1840, en un pueblo llamado La Majadita, vivía Deolinda Correa junto a su marido y el pequeño hijo de ambos.

Un día irrumpieron las montoneras, reclutando soldados para la guerra. Se llevan a su marido por la fuerza.

Deolinda, joven y bella, queda sola y desprotegida. Es acechada por un comisario y escapa siguiendo los rastros de su amado y llevando su bebé en brazos.

Después de un largo caminar por el desierto, cae exhausta y se recuesta bajo un árbol. Allí muere deshidratada.

Unos arrieros encuentran a Deolinda tendida junto a su bebé, que milagrosamente sigue vivo, amamantándose de su difunta madre. Luego entierran a Deolinda y se llevan al pequeño.

Unos años después, en medio del desierto, un arriero pierde todo su ganado en una tormenta. Desesperado se arrodilla en la tumba de "La Deolinda" y le pide ayuda. Al día siguiente sus quinientas cabezas de ganado aparecen sanas y salvas.

Así, la Difunta Correa empieza su largo camino en el mundo de los necesitados, convirtiéndose en la leyenda del desierto cuyano.

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