En las tribunas también perdimos

Para que se entienda, inevitablemente debemos contarles los tiempos pasados, cuando los hinchas de Gimnasia eran sólo “los turcos de la platea techada del Estadio La Tablada”.

Ellos sabían festejar sólo con los acordes de las palmas, cuando esos equipos (conformados en la Sociedad Sirio Libanesa y después en la vieja sede de Gimnasia) se daban el gusto de salir campeones. En ese tiempo, al menos en nuestras canchas,  no se usaban  los cánticos; sólo algún grito que nacía de algún rincón ¡Vamos Gimnasia! o ¡Dale lobo!...

Era gente de sombrero, saco y corbata; esos eran los “turcos de la platea techada”. Hasta que después de algunas vueltas olímpicas, luchando contra  los grandes equipos de la liga jujeña, llegó la hora de ponerse los pantalones grandes.

Así llegaron los viejos  torneos Regionales para el “lobo”, cuando había que viajar kilómetros y kilómetros – equipo e hinchas – por que a esa altura, la simpatía por Gimnasia había crecido, por su juego bonito, por sus logros… Entonces, de ser el equipo de los turcos de la platea techada de la calle Lamadrid, pasó a ser el equipo del pueblo.

Entonces ya no eran los turcos solamente, también los changos de Jujuy, quienes se abrazaban a la bandera celeste y blanca de Gimnasia cuando había que viajar y pelear contra salteños, tucumanos, y santiagueños.

Las caravanas eran interminables - perdón que uno se emocione- pero llegaba 1970  y las luchas eran casi despiadadas. De allí que siempre nos acordemos de los salteños, santiagueños, y sobre todo, de Patronato de Paraná. Fue el primer Nacional que alcanzó el “lobo jujeño”, con un estadio la Tablada al tope. Con la “Murga Dale Lobo”, quienes ataban un lobo con pelos de trapo, en las viejas torres del estadio liguista.

Pero, les queremos decir, era todo un pueblo que gritaba un solo clamor: ¡Dale lobo!  Todos los asistentes a la cancha se desconocían de barrio pero se conocían de la tribuna. Algo más bello no hubo…

En el 73  los penales de Lugano, dejaron algunos infartados que murieron en la cancha. Era el pueblo de Gimnasia (la murga de los hermanos Adaro y la “Agrupación lobo corazón”  que recién aparecía, quienes gritaban al unísono, ¡dale lobo, dale lobo, dale lobo!

En el 75 era una hinchada ya entusiasta, más con la grandiosa campaña de ese año. Una hinchada seguidora en donde se podían destacar  uno, dos o tres, conocidos de la hinchada, pero era toda la tribuna que alentaba sin cesar.

En los 80, los hermanos Adaro y la agrupación “lobo corazón”, mandaban en las gradas; también se destacaban “El negro Muela”, “Vampiro” y otros que en los Torneos Confraternidad con Salta se la bancaban a la hora de las trompadas.

A lo que queremos llegar es que, en esos años, en los regionales y torneos del interior casi no había líderes, pero todos iban al frente y alentaban a rabiar a Gimnasia de   Jujuy. Si no que hagan memoria, cuando había que ir a Ledesma, Salta, o a cualquier lugar. La cosa era no hacerse quitar las banderas y los bombos.

Después de la “mishiadura”, llegaron los años 90 en los que sobrevivió la tribuna Norte (Los que antes, y hasta ahora,  se hacen “llamar los de siempre”)

En el 92 apareció una bandera que decía “Barrio Azopardo”, más tarde bautizados “Los de la lobo Sur”, luego “Los marginados”.

Así acompañaron las batallas de los 90, hasta que Gimnasia llegó a la cresta de la ola, venciendo a Chacarita Juniors y después a Central Córdoba  hacia  primera “A”.

Así aparecería la “Banda de la flaca”, en un movimiento tribunero revolucionario, que no hacía otra cosa que hacer pensar que Gimnasia se consolidaba  como pueblo futbolero de Jujuy.

Es largo de contar, pero así como el aliento y las disidencias de tablón  comenzaban  aparecer entre “Los marginados” y “La banda de la flaca”, no había dudas de que el “lobo” había crecido, pero inevitablemente, las facciones fueron apareciendo y, lo más penoso, dividiéndose.

El domingo 19 de Mayo del 2013, jugaron Gimnasia de Jujuy y Rosario Central. Los rosarinos ganaron inobjetablemente 3 a 0 al “lobo”  remendado y precario.

En lo futbolístico Central en una tarde inspirada de Toledo, quien marco tres goles para su equipo, también quedó la sensación de que en las tribunas Gimnasia de Jujuy fue derrotado inobjetablemente.

Siete mil hinchas “auriazules” silenciaron al resto del estadio casi colmado. Por disposición de la dirigencia de Gimnasia, una facción de la hinchada fue derivada a un rincón de la tribuna Norte junto con los asiduos a esa tribuna, más otro bando jujeño que  ocupaba la tribuna Sur como si fueran visitantes; la diferencia se hacía sentir en el estadio.


Rosario Central cantó tanto que metía miedo con tremendo griterío. Nos tocó ver niños de cinco años cantando las letras de las canciones de sus mayores. Fue tremendamente impresionante, a pesar que uno conoció las más grandes hinchadas del futbol argentino. En cambio nuestra parcialidad estaba casi inmutable, impotente por lo visto en la cancha y desarmados en sus lugares.

Luego fue humillante ver cómo Rosario Central (a pesar de la buena onda y el respeto de los rosarinos hacia los jujeños) festejaba el ascenso, bien merecido por cierto, en la cancha de Gimnasia.

La cabeza se nos iba hacia 1988, en un regional cuando Concepción F.C, con el “Oso” Olaya” festejaba un triunfo dentro del rectángulo jujeño. O aquella vez que por un Torneo Confraternidad, Juventud Antoniana dio la vuelta olímpica en el reducto albiceleste y por último, aquella vez que Tiro Federal de Rosario festejó en Jujuy por el ascenso (al equipo jujeño, también lo dirigía Mario Gómez, que luego subió con aquella final ante Huracán de Parque Patricios con gol de Franco Sosa)

Con todo respeto y sinceridad, en otras oportunidades ni estando juntas las facciones de Gimnasia (salvo excepciones)  nos hicieron sentir  el estremecimiento  que evidenciamos el domingo.

Es que cada agrupación canta lo que a su parcialidad se le antoja, mientras las otras  agrupaciones  hacen lo propio. En consecuencia hay tres o cuatro grupos que cantan cosas diferentes, por lo que en definitiva, es un desconcierto y un aliento que no se entiende.

En cambio, la parcialidad de  Rosario Central, desde el más chico hasta el mas grande, cantaba la misma canción, haciendo de su tribuna un canto que hacía poner “los pelos de punta”.

Ha llegado el momento de que el equipo termine con su objetivo para sacarle la preocupación a sus hinchas, pero también llegó el momento de que los hinchas reflexionen y piensen como verdaderos hinchas y no como simpatizantes aislados ,y dueños de una tradición futbolera que es apretar los trapos y cantarle al viejo y glorioso Gimnasia y Esgrima.

Recuerden antes de ofenderse o maldecir a quién les dice la verdad con afecto y sinceridad: Gimnasia es un pueblo, es carnaval, pero fundamentalmente, Gimnasia es de todos…




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