Travesía Cultural |

"EL FARO" de Robert Eggers





EL FARO ES UN FILME TREMENDISTA, DURO Y CRUEL

PROMETEO (Nugae)


Según la mitología griega el Titán Prometeo –primo de Zeus, dios supremo- era el protector de la humanidad. Había robado del Olimpo el fuego y se lo entregó a los hombres como elemento salvífico –luz, calor- y civilizador. Por ello fue castigado, condenado a sufrir tormento eterno. Encadenado a una roca del Cáucaso era visitado, diariamente, por un águila que le devoraba las entrañas que no cesaban de crecer.

El filme EL FARO (E.U.,2019) de Robert Eggers –recientemente proyectado en el Cineclú Casero- cierra con una imagen prometeica. La acción se centra en el enfrentamiento de los dos hombres responsables de un faro en un islote perdido en la inmensidad marina, en un intercambio de roles y lucha por el poder. Hacia el final, uno de ellos, después de haber accedido por la violencia a la luz prohibida, yacerá en el roquedal y sus entrañas devoradas no por un águila, sino por una bandada de furiosas gaviotas.

El luminoso racionalismo griego concedía una redención para el Titán que, finalmente, era liberado. El pesimismo contemporáneo no tiene atenuantes para el mundo de violencia, odio, locura, incomunicación y expolio de la naturaleza que en este segundo milenio se enseñorea.

EL FARO es un filme tremendista, duro y cruel. Un lúgubre toque de atención es el rugir de ese oleaje implacable que azota sin piedad esa isla solitaria, trasunto de una humanidad a la deriva.




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