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DOS LIBROS DE BEATRIZ MINICHILLO

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LA VERDAD DE RICARDO FUERTES de Beatriz Minichilo contiene 17 cuentos y 21 microrrelatos.En una bella edición de El Mono Armado, la narradora esgrime cuestiones inherentes a lo recóndito del ser humano. Juega con los entramados psicológicos de los personajes, que, pese a lo curioso que puede parecer la historia de cada pieza, el deslinde de situaciones cuasi cotidianas, hacen, en mi modesto entender, que estamos ante un realismo insólito, idea estilística que le debo al gran escritor Juan Jacobo Bajarlía.

El cuento que da título al libro, desbroza ¨verdades¨ donde se dirimen perversidades planificadas de manera detallada, como en una partida de ajedrez. El plano de la psicología femenina se contrapone al plano del masculino Ricardo Fuertes, con una excusa inmobiliaria, una venta que contendrá intersticios siniestros, en los límites de lo policial, como bien apunta en la contratapa Fernando Ramiro Silber. Un cuento con vueltas de tornillos hasta lo inimaginable, Me corrijo, Betty Minichillo retuerce los tornillos hasta hacer saltar, zafar cualquier tuerca.

Capaz de ponerle voz a un departamento de un edificio de barrio, en una sucesión de retratos donde el que escribe es un departamento, no tan inanimado, para contar el mundo exterior habitado por hombres y mujeres, niños, contemplados por el departamento. Otra ocurrencia, manejada con hilos tirantes, pero firmes. Y qué decir de Ismael, que pese a la muerte de Lidia su esposa, no puede más con su carácter de infiel denodado y goza de un momento placentero con Leonor, la mejor amiga de la difunta esposa. A esta altura de lector, me dije qué más se venía en el avance de este libro, pero, primero debía respirar hondo, descansar la mente.

Bueno, ya estaba preparado para leer las confesiones de Eloísa, sus amores, que poco tenía que ver con Abelardo, aquella historia de la Edad Media. El tema de la bigamia da suelta rienda a Eloísa, que de un amor platónico pasa a lo pasional en serie.

A medida que avanzaba en las lecturas, una especie de visitas guiadas por un índice plenamente sugestivo, la casa de las viudas, una falsa alarma, una tal Irene de lo más voluptuosa, la casa de una abuela en La Paternal podría ser un cuento imaginado por Poe, alguien que desteje recuerdos al contemplar un caracol en la biblioteca, alguien que pretender bailar un lento , El gran simulador, aquel éxito de Los Plateros…

Y de los puntos suspensivos, que contienen más situaciones asombrosas, el lector entra en la zona de los Microrrelatos. Y aquí la narradora despliega estampas que, pese a la síntesis, dan el resultado de un mundo azaroso, odios, ausencias, abruptos silencios. La suma de los microrrelatos va conformando escenarios kafkianos, aparece una asesina con un cuchillo en la mano, no va a faltar un amante virtual ni una pareja en un ómnibus de línea. Adereza estas situaciones con toques de humor, ya sea negro, gris o sorpresivamente para hacernos sonreír.

Extraigo un pensamiento de este libro, ¨Nunca me gustaron los límites. ¿ Es que en la vida hay límites…?Por eso estoy aquí y cuento esto¨ Una inflexión, acaso estilística, es que Beatriz Minichillo no tiene límites para contar. Escribe libre de prejuicios y nos relata el mundo tal cual es, con lujo de detalles y sin amagues, con prosa que fluye al compás de una dictatio inextinguible.

EL FUMIGADOR, este libro de cuentos es anterior a La verdad de Ricardo Fuertes. Ya lo había leído, pero a los efectos de cristalizar una nota, en medio de una enorme biblioteca, cada vez más desordenada, no pude ubicar el libro de nuevo. No obstante, le confesé la verdad a Beatriz Minichillo y me obsequió otro. Bueno, dicen que Kafka y Poe murieron. Al leer estas piezas cortas de la autora, la suma de escalofríos me va sacudiendo, me ponen en estado de alerta. Y si la vida es así, del otro de las cosas y de las apariencias, las intimidades que afloran…bueno, se los dejo, estimados lectores, a vuestro criterio.

Nuestra autora Cuenta con precisión cuasi cronométrica, nada sobra, nada falta. Reminiscencias estilísticas que redundan en lo más exquisito, fino, --aunque también visceral—de la narrativa del siglo XXI escrita por mujeres. ¿ Mujeres? Mejor decir niñas traviesas: es el caso de Beatriz Minichillo. Mientras cuenta el otro lado, no tengo dudas que se divierte (arriesgo), pues alguna sonrisa se puede rescatar de estas historias precintadas en lo recóndito del ser humano, en raros atavismos y en situaciones insólitas.

El fumigador, el cuento que brinda título, es una visita de trabajo, con aderezos imprevistos que terminan en sexo. Las bastoneras, remiten a un feminismo tan calculado como ritual : ojo con las viejitas jubiladas, que se las traen. Y qué les voy a contar, re-contar, de Una familia singular : donde aflora lo fantástico, lo imposible que suceda en una bóveda de un cementerio, humor negro podríamos arriesgar. El violín de Adelma, depara acciones de raro atavismo. Otra mirada irónica—que suele suceder cuando hay un encanto amoroso virtual, en diálogos telefónicos, que al final, de lo más realista y acaso común…patético será Sexo oral.

Podría seguir dilucidando tramas, pero no es dable traicionar el suspenso y el escamoteo urdido –entre humor e ironías—por una narradora que golpea duro, con directos a la conciencia colectiva, “deschavando” complejas intimidades. Y qué les diré de Rojos labios rojos, un ida y vuelta entre un niño, que, desde los cuatro años, y la tía Concepción. ¿Quién no ha tenido sensaciones en una sala de espera? Precisamente, La espera, un cuento apelativo a pacientes( o impacientes), observa inflexiones de estilo a un lector con el que juega: “No hay desenlace, sólo un relato. Una espera, una espera que lo acompañó un poquito nada más. Perdón. Perdón”

No caben dudas : Beatriz Minichillo es una observadora detallista de la vida. Bien lo apunta Silvia Long-Ohni en el prólogo, “libro de narraciones breves en el que no sólo se entremezclan muy diferentes subgéneros de la Narrativa sino una muy interesante profusión de temas y miradas”.

Una mirada cruda, eso, esbozando un neo-objetivismo formal y al mismo tiempo, refractando situaciones abismales. La vida misma.

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